Era una nueva etapa en mi vida, empezaba el instituto, nuevos amigos, nuevo ambiente, nuevos profesores todo un desafío para una chica de 14 años.
Estaba muy ilusionada con todas las novedades que iban a acontecer en mi vida.
Los profesores parecían muy amables y respetuosos, los compañeros eran muy divertidos y todo era perfecto.
A las dos semanas de haber empezado las clases, nuestra profesora de gimnasia se puso enferma y llamaron a un sustituto.
Todos esperábamos en el gimnasio, cuando el apareció. Era un chico joven de unos 28 años, su pelo era negro como el azabache, tez morena, ojos color miel, cuerpo atlético y una cara de ángel...
Me quedé impactada, no sabía que me estaba pasando, pero mi cuerpo desprendía un calor, era como si de repente tuviera fiebre, pero no estaba enferma.
Su voz era cálida y muy agradable. Desde ese día no podía dejar de pensar en el, soñaba con él, deseaba que llegaran sus clases para poder verle.
Hablaba constantemente de él en mi diario, me imaginaba paseando a su lado, cogidos de la mano, imaginé mi primer beso disfrutando de sus labios.
Y un día no pude aguantar más, esperé al final de la clase a que todos se hubieran marchado para quedarme a solas con él.
Entramos en su despacho y me ofreció asiento.
No sabía cómo decirle que estaba loca por él, que mis sueños eran suyos.
Pero me armé de valor y se lo dije, el me miró con cara de asombro y me pidió que me callará, me dijo que no podía ser, que yo solo era una niña con demasiada imaginación.
Salí destrozada de allí, lloré días y días, porque no podía entender que lo que sentía era de verdad?
Porque él no podía quererme como yo le quería?
Hasta que un día en clase de gimnasia me pidió que me quedará para hablar con él. Volvimos a su despacho donde días antes me había roto el corazón.
Para mi sorpresa comenzó a decirme que sentía mucho lo que me había dicho días antes, pero que él debía tener cuidado con estas cosas, pues su carrera estaba en juego.
Me dijo que también estaba enamorado de mí, que se había fijado en mí desde el primer día.
No podía creerlo, mis sueños se estaban cumpliendo.
Se acercó a mi e intentó besarme, a mi me entró miedo, pero me explico que cuando dos personas se quieren hacen esas cosas.
Así que le seguí el juego, quería demostrarle cuanto le quería.
Durante una semana entera seguía visitándole a escondidas de todos en su despacho.
El me tumbaba en su mesa, y mientras me besaba y acariciaba mis pechos, me decía que todo era normal, que esto es lo que hacían las parejas.
Yo me sentía privilegiada, el me veía como una mujer adulta.
Un día me propuso quedar fuera del colegio, me recogió con su coche y fuimos hasta las afueras.
Tenía una sorpresa para mí, me había comprado un regalo.
Lo abrí y era un precioso reloj, era increíble todo lo que me estaba pasando y yo me sentía la más feliz del mundo.
Me dijo que sabía la forma en que le podía agradecer ese regalo, me pidió que me quitara las braguitas y aunque estaba nerviosa, lo hice, quería que el fuese feliz conmigo.
Comenzó a tocarme, suave al principio, sus dedos estaban fríos pero enseguida se calentaron.
Yo me sentía algo perdida, no sabía por qué esto le gustaba tanto, pero si así le hacía feliz...
Mientras seguía tocando mi entrepierna, se desabrochó el pantalón y sacó su pene, era muy grande comenzó a tocárselo con la otra mano, entonces me miró y me dijo que lo hiciera yo.
Me insistió en que si de verdad le quería tenía que hacerlo.
Lo cogí suavemente con la mano y empecé a acariciarlo como él me había pedido.
Debía gustarle mucho, porque no dejaba de besarme y susurrarme que siguiera, que no parará.
Me levantó la camisa y lamió mis pechos con ansía, sentí un dolor de repente, en mi vagina, el estaba introduciendo uno de sus dedos dentro de mí, le pedí que parara.
No lo hizo, me dijo que pronto se pasaría que solo ocurría la primera vez, que él me quería y así me lo demostraba.
Todo acabó cuando él se corrió encima de mí, me besó dulcemente y tras vestirnos me llevó a casa.
Una vez allí mis abuelos me interrogaron, de donde había salido aquel reloj, tenía que inventarme una buena excusa, lo nuestro era un secreto.
Esa misma noche, cuando todos dormían, comencé a tocarme tal y como lo hacia él, quería adquirir experiencia para él, no podía defraudarle o dejar que perdiera su interés por mí.
Me masturbé introduciendo mis dedos dentro, dolía y era algo incomodo, pero tenía razón el dolor dio paso a una sensación realmente agradable.
Estaba descubriendo mi sexualidad, y lo que era más fascinante, la estaba descubriendo a su lado.
Nuestras citas a escondidas eran cada vez más seguidas, me llenaba de regalos y yo a cambio dejaba que me demostrara su amor, en el asiento trasero de su coche.
Un día quiso ir a más, cuando sacó su pene, en vez de pedirme que lo acariciará como de costumbre, me pidió que me lo metiera en la boca.
Yo no quería hacerle daño y a la vez se me hacia algo un poco repugnante, pero volvió a explicarme que era algo normal entre las parejas, que todos lo hacían y que si yo no se lo hacía era porque no le quería tanto como le hacía creer.
No lo pensé más y me puse a lamerlo, con mucho cuidado y siguiendo sus indicaciones, me gustaba ver su cara de placer, y repetía sin parar que me quería, eso me motivaba más a seguir obedeciendo a sus peticiones.
Pero no todo podía ser de color de rosa, en mi habitación se amontonaban sus regalos y mis abuelos comenzaron a indagar, un día nos siguieron y cuando me disponía a volver a practicarle sexo oral, apareció mi abuela histérica, gritando y golpeando el coche, detrás de ella llegó mi abuelo con un palo, el cual descargo sobré el capó abollándolo.
Yo no entendía que pasaba, me puse a llorar desorientada, el gritaba que se apartaran del coche.
Me sacó a empujones y se marchó, mi abuela lloraba, mientras me abrazaba y mi pobre abuelo no cabía en sí de rabia.
Una vez en casa trataron de hacerme entender, pero yo no quería ver la verdad, para mi ellos se estaban entrometiendo en mi historia de amor.
La cosa no pudo acabar peor, le denunciaron. El abogado no me dejo declarar pues decía que yo no era consciente de lo que estaba pasando.
No supe más de él, no me dijeron que ocurrió. Sólo sabía que me habían arrebatado lo que más quería.
A día de hoy agradezco a mis abuelos que velaran por mí, que me sacarán de todo aquello, soy consciente de que era una niña y me deje llevar por una fantasía, que él nunca me quiso y que se aprovechó de mi inocencia.
Sólo guardo un recuerdo agradable de todo aquello, y es como me sentía con el primer amor, independientemente de quien fuera el.
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4 sept 2008
Primeras experiencias sexuales
5 ago 2008
BESOS DE AMOR AUTENTICO
26 jul 2008
Sensualidad en la red
Cuando llegó a casa y no ando muy cansada, me gusta ponerme en él ordenador y chatear con mis amistades. Pero aquel día, una compañera de la oficina, me había comentado algo sobre un chat con web cam, muy animado y divertido, y decidí probar a ver.
Me metí en él chat y observe la conversación de la pantalla general, realmente era muy divertida, y mucha gente intervenía. Yo me mantenía al margen tratando de adivinar que clase de persona era cada uno de ellos, hasta que de repente se abrió una ventana, era un mensaje privado de alguien de la sala.
En él me saludaba alegremente y me preguntaba si era la primera vez que pasaba por allí. Le dije que sí y continuamos una agradable charla. Me explicó que era muy asiduo a este tipo de chats y que conocía a mucha gente nueva.
También hablamos sobre nuestros trabajos y sobre nuestra afición, hasta que llegado un punto de la conversación me ofreció ponerme su cam. Soy una persona muy curiosa y como ya os imaginaréis acepte la oferta.
Él era un chico muy atractivo, fornido, de espalda ancha, tenia él pelo largo y negro como él azabache, sus ojos grandes y oscuros, le daban un aspecto algo malvado, pero la suavidad de sus rasgos faciales, le otorgaban un encanto extraño.
Ya sabéis que a mi me gusta poner mi cam, por lo que no tardé mucho en ofrecérselo y él aceptó encantado. Me llenó de piropos y yo no pude evitar sonrojarme, eso le hizo mucha gracia.
Resultaba un poco incomodo estar mirando la pantalla y tener que escribir, así que nos pusimos los micrófonos, su voz a pesar de estar un poco distorsionada, era profunda y tranquilizadora.
Yo al principio me mostraba algo cohibida a la hora de hablar, no estaba acostumbrada.
Pero pronto me tranquilicé y pude sonreír con sus bromas y comentarios. No sé cómo llegamos a un punto muy excitante en la conversación. Él me contó sus más íntimas fantasías sexuales, y yo hice lo mismo. Cada vez que nos adentrábamos más y más en nuestros secretos íntimos, y empezó a ocurrir algo que nunca hubiera imaginado.
Me sentía excitada y la situación me producía un morbo increíble, comencé a describirle una de mis experiencias en él salón y cuando estaba en lo más interesante me pidió que parase. Yo no entendía porque y le pregunte que ocurría, entonces enfoco su cámara hacia su entrepierna, y pude ver como su entrepierna se abultaba, su sexo erecto presionaba él pantalón con fuerza.
Aquella visión me excitó aún más y sin pensarlo mucho, le pedí que me mostrara aquello que escondían sus pantalones, me sorprendió que él no se negara a hacerlo. Se desabrochó con cuidado los pantalones y tímidamente dejo asomar su sexo, entonces me habló y me dijo que él también quería ver algo de mí.
Enfoque la cam. Hacia mis senos y muy despacio fui desabotonando mi camisa, acariciando mi piel con la punta de los dedos, aun sentía él calor en mis mejillas, pero todo era tan excitante que no podía parar. Una vez que mi camisa quedó abierta y mis senos eran captados por la cam., pude ver como él comenzaba a acariciar su pene.
Me pidió que me quite él sostén, pero en vez de eso, comencé a acariciarme los senos con las dos manos. Los apretaba y masajeaba con suavidad sin dejar de mirar su cam., él aumentó él ritmo de sus caricias y yo metí una de mis manos por debajo de la tela, hasta llegar a mi pezón, el cual acaricie y apreté con la yema de mis dedos.
A través de los auriculares podía escuchar su respiración entrecortada, y la visión de su pene erecto seguía excitándome cada vez más.
Él me pedía una y otra vez que le mostrara mis pechos, y al final decidí hacerlo. Tímidamente los fui despojando del sostén. A través de mi cam. Parecían incluso más grandes, mis pezones rosados resaltaban por la luz del flexo del escritorio.
Comencé a acariciarlos con suavidad, apretando, ahora al descubierto, mis pezones ya erizados por la excitación. Sus gemidos se hacían cada vez más sonoros y continuos.
Yo no pude evitarlo y una de mis manos se deslizó hacia mi entrepierna. Cuando él se dio cuenta, me insistió para que le mostrara como me acariciaba él pubis, pero yo me negué, tenía suficiente con mis pechos.
Lamí uno de mis dedos y con este, mojé mis pezones, húmedos era más fácil acariciarlos. Él ya no podía más, apenas entendía lo que me decía entre gemido y gemido.
Entonces sus piernas comenzaron a temblar y se detuvo en seco, alzó su cam. Y no me dejó ver como eyaculaba, yo continué acariciándome él clítoris con una mano y mis pechos con la otra, estaba tan excitada que aunque él, me hablaba diciéndome cuanto había disfrutado, yo seguía inmersa en mis caricias.
Fue cuando se puso a decirme que le encantaría estar aquí para lamer mi sexo, para introducir sus dedos dentro de mi húmeda vagina, yo me imaginaba todo aquello y estallé de placer, mis dedos se impregnaron de mi esencia y mi cara reflejaba por la cam., la satisfacción que aquella experiencia me había proporcionado.
Entonces recordé, que durante él orgasmo él me había estado viendo la cara y me sonrojé por completo, se puso a reír y me pidió que no sintiera vergüenza, pues según él, no hay nada más bonito que una mujer satisfecha. Aquello me hizo reír mucho.
Me levante para asearme y cuando volví él ya no estaba. Aún no sé que le ocurrió, quizás para él solo fue eso, un poco de cibersexo, pero para mí fue algo más, descubrí que a pesar de la distancia y de no poder tocar ala otra persona, se puede conseguir una complicidad y un placer similar a un encuentro intimo de verdad.
6 jul 2008
Despedida de soltera 2ª parte
Como ya os comente anteriormente, Helenita se casaba y nos fuimos de fiesta para despedir su soltería, ocurrieron muchas cosas, pero la historia no quedó allí.
Como compañeras suyas y buenas amigas que somos, nos pidió que fuésemos sus damas de honor y claro esta aceptamos con ilusión.
Lo que ocurrió antes de la boda fue lo siguiente.
Los preparativos se hicieron en la casa de campo de su hermana, las chicas y yo nos encargamos de vestirla, estaba preciosa con aquel vestido, era el tradicional blanco perla, con bordados en la falda y un escote precioso sin mangas que realzaba sus esplendidos pechos. La cola era medianamente corta y el velo se mantenía en una diadema de brillantes muy elegante. Los guantes blancos de medio brazo le daban un aspecto muy distinguido, en definitiva, le quedaba perfecto.
Mientras las chicas le atusaban el velo y acomodaban la cola, yo estaba terminando de adornar el ramo, cuando de repente, nos pidió que la dejáramos a solas. Todas nos sorprendimos un poco, pero nos imaginamos que con los nervios era algo normal. Cuando todas salieron y yo me disponía a hacer lo mismo, me paró en seco y me pidió que me quedara.
Yo no salía de mi asombro inicial, no estaba muy segura de que es lo que quería de mí, pero imaginé que sería para hablar de lo que ocurrió en la fiesta de la semana anterior. Me senté sobre la cama y la miré esperando a ver que me decía.
De repente ella se giró hacia la puerta y puso el pestillo, yo empecé a ponerme nerviosa, me miró con una cara de deseo que pocas veces había visto antes y como si de una fiera salvaje se tratara, se abalanzó sobre mí, con vestido incluido.
Caímos sobre la cama y empezó besarme con pasión, en los labios, el cuello y mi pecho. Yo no podía reaccionar entre la sorpresa y el susto. Como pude me la quite de encima y le pedí que parase.
Ella se contuvo y le pedí una explicación, comenzamos a hablar. Me dijo que siempre me había deseado pero que igualmente estaba muy enamorada de su futuro marido y que tras la boda jamás volvería a insinuarse, pero no podía olvidar lo que ocurrió el día de la fiesta y no quería casarse teniendo ese deseo aún en mente.
Yo no sabía que hacer, la deseaba tanto como ella a mí pero la imagen de su novio no se me iba de la cabeza y así se lo dije, ella se rió a carcajadas y me dijo que su novio ya lo sabia y que tenía su permiso, yo no me lo creía y ella viendo mi cara de incredulidad cogió su móvil, dispuesta a llamar a su novio.
En ese momento la creí por completo, rápidamente me levante y le quite el móvil de las manos, lo deje encima de la silla y la hice acompañarme hasta la cama.
Nos sentamos y la bese suavemente en los labios mientras la rodeaba con mis brazos para desabrocharle el vestido, no quería que se estropease, ella me ayudo en todo el proceso, con cuidado le quite la falda y el can can dejándola semi desnuda, sólo con la ropa interior.
Estaba impresionante, los pantis blancos sujetos deliciosamente por un liguero y debajo de este un tanga a juego, totalmente de encaje que no dejaba lugar a la imaginación.
La liga era sumamente tentadora, se puso en pie y apoyo la pierna con la liga sobre el borde la cama, entre mis piernas. Mientras ella se quitaba el liguero, yo apreté con mis labios la liga y la hice descender hacia sus tobillos.
Mis manos ascendieron por su pierna aun cubierta con el panti y cuando llegaron hasta su muslo a medida que iba bajándolo mi lengua lamía su piel desnuda.
En ese momento, ella suavemente me empujó sobre la cama con su pie ya desnudo y se sentó sobre mí, se quitó el sostén dejando sus preciosos y tersos senos al aire y se inclinó sobre mí. Muy despacio me quitó el corsé que formaba parte de mi vestido de dama de honor y se sorprendió al ver que no llevaba sostén.
Nuestros senos desnudos se rozaron suavemente y todo mi cuerpo tembló, posé mis manos en su trasero y lo apreté contra mí. Ella me besó en los labios y después se centró en mis senos, los acarició con sus dedos y pronto su lengua ya se paseaba por mis pezones haciéndolos endurecer de placer.
Yo gemí y en un arrebato me la quité de encima y la puse boca arriba en la cama. Con mi lengua tracé un camino desde su cuello hasta su ombligo, donde me detuve mientras mis manos le quitaban aquel diminuto tanga.
Ella mantenía los ojos cerrados disfrutando de mi tacto sobre su piel, una vez que la tenía allí completamente desnuda, besé sus muslos hasta llegar a su pubis. Mi lengua se introdujo entre los pliegues de su sexo buscando su jugoso clítoris, estaba húmedo y era muy cálido. Con la punta de mi lengua lo acaricie una y otra vez y ella se contoneaba con cada una de mis caricias.
Sentí como su vagina desprendía un calor ya conocido y supe que era el momento. Humedecí uno de mis dedos y suavemente acaricie los pliegues que protegen su vagina antes de introducirlo con cuidado.
A medida que mi dedo entraba en ella sus mejillas tomaban un color rosado muy excitante, entonces me incline para besarla, nuestras lenguas jugaron en su boca con ansía.
Mi mano seguía en su entrepierna buscando su punto G, quería hacerla gritar de placer y ver como se sumía en un orgasmo, por lo que introduje un segundo dedo, ella me agarró fuerte del brazo dándome a entender que había llegado a mi destino.
Mi lengua descendió hasta sus senos y lamí sus pezones al tiempo que los apretaba con los labios, su cadera no dejaba de moverse y mis dedos entraban y salían cada vez con más brío.
Cuando noté que por mis dedos se escurría una sustancia tibia, su cuerpo comenzó a temblar y ella gimió de una forma que casi me produce a mí un orgasmo, no quería llamar la atención de las chicas que rondarían cerca de la habitación y la bese para acallarla.
Pero las chicas ya la habían oído y golpeaban la puerta esperando una respuesta, nos miramos y nos reímos a carcajadas mientras gritábamos que no pasaba nada.
Ella sudaba y aún temblaba por lo que decidió darse una ducha, yo me vestí y me quedé arreglando el vestido. Cuando salió de la ducha me dio las gracias por haberla dejado cumplir uno de sus más eróticos deseos y yo me sentí abrumada.
Dejamos entrar a las chicas que no dejaban de preguntar que demonios había pasado y nosotras entre risas sólo decíamos que nada.
Sé que muchas de ellas sospecharon lo que sólo nosotras y esas cuatro paredes habíamos vivido momentos antes, pero ninguna se atrevió jamás a insinuar nada.
La boda ocurrió sin problemas y después de aquello ella cumplió su promesa, seguimos siendo amigas y compañeras en el salón, pero nos une aquella experiencia que nunca olvidaremos.


















