Este fin de semana pasado yo y las chicas, aburridas de las lluvias y el frío, decidimos recordar nuestra infancia y reunirnos en mi casa, para celebrar una fiesta de pijamas.
Sé que suena a niñería, pero lo importante era pasarlo bien y aquí carecemos de vergüenza.
Fuimos a comprar todo lo necesario, algo de picar, algo para cenar, refrescos y una botella de tequila, para tomar algún chupito.
El sábado por la noche a eso de las ocho de la tarde, fueron llegando las chicas. Entre todas acomodamos el salón, apartamos los sofás y echamos un par de colchones y mantas en el suelo. En total éramos cinco y podríamos dormir cómodas en ellos.
Cuando todo estuvo preparado, nos pusimos los pijamas y dejamos la cena echa. Mientras llegaba la hora de cenar, nos pusimos una película y picoteamos un poco de patatas.
Entre risas y buen ambiente, recordamos las aventuras que vivimos siendo niñas, muchas de nosotras nos conocíamos desde pequeñas y compartimos colegio, instituto y demás.
Las historias se sucedían y ninguna hacia caso de la película, todas estaban inmersas en aquellos recuerdos, excepto yo, desde que las chicas llegaron a casa, mi pensamiento sólo se había fijado en Vanesa.
Ella era una amiga de la infancia, que fue muy importante para mí, en mis recuerdos guardaba un día, nosotras dos juntas, en el patio del colegio. Escondidas tras un banco, allí descubrimos el primer beso, días antes nos prometimos que descubriríamos juntas como era aquello, y así lo hicimos.
Desde entonces nuestra amistad se hizo más fuerte, había mucha complicidad, pero con el tiempo nos fuimos distanciando, ella se cambió de colegio y aunque teníamos los números de teléfono, poco a poco nos alejamos más.
Hasta que no hace mucho, coincidimos en el cumpleaños de un amigo en común y volvimos a retomar nuestra amistad.
Aquella noche estaba preciosa, su pijama, tan fino como la seda, semi transparente y de color de crema, le sentaba muy bien.
Mientras cenábamos no dejaba de mirar sus carnosos labios, me daba igual que las chicas se dieran cuenta, no me daba vergüenza admirar su precioso rostro.
Lo mejor comenzaba después, cogimos la botella de tequila, la sal y el limón y nos fuimos al salón. Llenamos la mesa de velas para que nos alumbrara y bajo esa semi oscuridad empezamos a jugar al juego de los secretos.
Consistía en hacer preguntas personales, si se negaban a responder debían beber tequila, al principio todas bebimos dos o tres veces, pero a medida que el alcohol hacia efecto, la vergüenza desaparecía.
En un punto del juego, una de ellas le pregunto a Vanesa, como y con quien fue su primer beso, yo me quedé a la expectativa y ella no me defraudó, contó con todo lujo de detalles lo que hicimos aquel día en el patio del colegio. Todas las chicas me miraron sorprendidas.
Yo esperaba una mala reacción por parte de ellas, pero no fue así, las bromas se sucedieron tras aquella respuesta, con indirectas y risas pícaras.
Un par de horas después, todas medio borrachas, estábamos agotadas y decidimos irnos a dormir, pero las chicas se las ingeniaron para quedarse todas en un colchón y dejarnos a mí y a Vanesa en el otro.
Ella y yo nos echamos y nos abrazamos, más por el frío que por otra cosa, las demás hicieron lo mismo. Su pelo olía genial, y el tacto era muy sedoso, siempre había envidiado su melena.
Sin darme cuenta me puse a jugar con sus negros rizos, eso la hizo despertar, trate de pedirle perdón, pero su penetrante mirada me dejaba sin habla, se acercó muy despacio y sus labios rozaron los míos. Me volvió a mirar esperando una respuesta por mi parte, la besé y la volví a besar, como si fuera la primera vez, con una pasión que me sorprendía a mí misma.
Mientras nos besábamos recordaba todo lo que sentí aquel día, incluso podía oír el canto de los pájaros en aquel árbol que nos daba sombra.
De un tierno beso, pasamos a las caricias, sus manos desabrocharon mi pijama con mucho cuidado, estaban frías, pero su tacto era cálido, pronto alcanzaron mis senos desnudos, acariciándolos con la yema de sus dedos.
Yo había hundido mis labios en su cuello y la besaba sin parar, mi lengua tímidamente se acercó al escote que aún escondían sus senos, lamí su piel, que estaba caliente, ella suspiraba.
Nos cubrimos con la sabana y ambas desnudas de cintura para arriba, acariciamos nuestros cuerpos con delicadeza, entre besos y abrazos, la noche se hizo eterna.
Ella jugaba con mis senos con tanto cariño... todo era muy dulce y suave.
Debido al alcohol ingerido, creo que nos quedamos durmiendo, abrazadas y medio desnudas, por suerte las chicas no nos despertaron, pues nos habrían descubierto.
Lo que ocurrió a lo largo del domingo, os lo contaré en otro momento, os aseguro que no tiene desperdicio.
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30 sept 2008
Noche apasionada ( VideoRelato )
29 jul 2008
En las "redes" de la pasión
Tras mi primera experiencia en los chats y aunque no fue tal y como esperaba, decidí probar suerte de nuevo. Pero esta vez no fui al mismo Chat, anduve buscando por la red, hasta que encontré uno que resultaba muy llamativo.
Me colé en la sala principal y estaba tan animada como la anterior, el tema principal eran las relaciones a distancia a través de Internet. Todos opinaban de forma muy respetuosa y ordenada, resulta difícil encontrar chats así.
La mayoría de las chicas opinaban que es difícil mantener una relación así, pero que puede resultar muy satisfactorio si se posee la suficiente paciencia y existe un gran amor entre ambos. Sin embargo, los hombres opinaban más que, una relación así solo lleva a la posibilidad de que las infidelidades sean más asiduas.
Pero me llamo la atención el comentario de un chico, el cual exponía que este tipo de relaciones, pueden llegar muy lejos, siempre que la sinceridad y la confianza sean completas, a lo que respondí que estaba totalmente de acuerdo con él.
Acto seguido me apareció un privado suyo, donde directamente me preguntaba quien era yo y que nunca me había visto por aquel chat, le explique que era principiante en esto de los chats y que me había llamado mucho la atención el tema principal que se estaba tratando.
Me comentó que para el ya se hacía monótono y algo aburrido, demasiado tiempo en chats similares y que ya comenzaba a perder el interés. Continuamos charlando de todo un poco, hasta que me pregunto que tal habían sido mis otras experiencias en otros chats.
Aunque me daba vergüenza le conté lo que me ocurrió con aquel chico, detalle a detalle le relaté como acabamos haciendo cibersexo, y para mi asombro, el no se sorprendió. Me dijo que aquello era más habitual de lo que yo me podía imaginar.
Me contó que el también lo había hecho en alguna que otra ocasión y que normalmente no volvía a saber nada de esas personas, aquello me alivio en cierta manera, ya que empezaba a darle muchas vueltas a la extraña desaparición de aquel chico.
La conversación tomó entonces un tono más picantón y divertido, ambos comenzamos a contarnos, que es lo que más nos gustaba en la cama, pero noté algo extraño en sus palabras, eran algo ambiguas.
Conforme avanzaba la conversación, tenia la sensación de que había algo que no me cuadraba, la curiosidad por aquella persona empezó a ser tan fuerte, que pocos minutos después le pedí la Web cam. El no se negó y nos mandamos los messenger, entonces conectó su cam y pude descubrir que era aquello que no me cuadraba, no era un hombre, si no una chica.
No salía de mi asombro, pero tampoco podía reclamarle nada, pues en ningún momento le pregunte su sexo ni su nombre y di por sentado que era un chico. Le conté mis ideas y empezó a reírse.
Era muy guapa, tenía unos labios gruesos y muy sensuales, rubia de pelo corto y ojos claros, azules o grises, no alcanzaba a distinguirlo bien. Me enamoro su carita angelical, con esa tez tan clara y sus pómulos rosaditos por la vergüenza, supuse.
Ella me pidió mi Web cam y yo encantada la conecté. Cuando me vio, dijo que era realmente bonita, le gustaba mi pelo largo y sedoso y mis ojos pardos, casi achinados. No pude evitar sonrojarme y eso le gustó más aún.
Pronto comenzamos con las insinuaciones, me decía que no llevaba sostén y yo me moría por ver si eso era cierto o no, debió notarlo en mis gestos cuando me pregunto si no me lo creía. Con una sonrisa le respondí que me gustaría ver si eso era cierto o no.
Acto seguido se quitó la camiseta de tirantes de color azul que llevaba puesta y dejo sus senos al aire, completamente desnudos. Eran muy redondos y tersos, me gustaban sus formas, deseaba poder acariciarlos.
Ella los tomo entre sus manos con delicadeza y los acaricio suavemente, yo no podía apartar la mirada de la pantalla, se hizo el silencio y como si de telepatía se tratase ambas sabíamos lo que hacer.
Yo me quite mi camiseta y acaricie la tela de mi sostén, cerca de mis pezones, con la punta de los dedos, muy despacio, dibujando cada puntillaza del encaje que los cubría.
Ella continuaba con sus caricias, apretando con cuidado sus pezones y masajeándolos hasta que estos estuvieron erectos. Yo me desabroche el mío y muy despacio fui desnudando mis senos, poco a poco, disfrutando de cada caricia que mis dedos les dedicaban.
Mi piel se erizaba cada vez que la miraba acariciarse, mi lengua ansiaba poder deslizarse por su piel, sentir su sabor y escucharla gemir de placer.
Ella fue más lejos, inclino su cámara hacia su entrepierna y pude ver que apenas llevaba un diminuto tanga de color blanco. Sus dedos comenzaron a rondar su ingle, sus uñas largas y bien cuidadas arañaban con cuidado la tela de aquel tanga.
Mis ojos seguían sin cesar el movimiento de sus dedos, pronto estos se metieron por debajo de la tela y la apartaron, pude ver con claridad su clítoris y no pude evitar imaginándome lamiéndolo y besándolo.
Estaba muy excitada y por lo que podía ver, ella también. Se llevó uno de sus dedos a la boca y así, humedecido, se dispuso a introducirlo en su vagina, mientras que con la otra mano, continuaba acariciando su clítoris.
La visión de aquel dedo, dentro de ella, hizo que mi entrepierna se humedeciera de excitación. Lo introducía con suma delicadeza y su cuerpo se estremecía cada vez que lo hacia.
Su sexo húmedo tenia un aspecto jugoso y apetecible, acariciaba sus labios menores y volvía a introducirlo dentro, realmente ella estaba disfrutando y yo también.
De repente la pantalla se volvió negra y toda la luz de la casa se apagó, había sido un apagón en todo el edificio. Me puse nerviosa, no quería que pensara que me había largado sin más.
Durante media hora estuve allí sentada esperando, hasta que por fin la luz volvió. Inmediatamente conecte el msn esperando verla, pero por desgracia ella ya no estaba.
Por suerte tenia su dirección de correo electrónico y le envié uno explicando lo sucedido. Espero que algún día lo lea y pueda verla de nuevo. No dejo de pensar en sus preciosos senos y en lo excitada que estaba al verlos.
6 jul 2008
Despedida de soltera 2ª parte
Como ya os comente anteriormente, Helenita se casaba y nos fuimos de fiesta para despedir su soltería, ocurrieron muchas cosas, pero la historia no quedó allí.
Como compañeras suyas y buenas amigas que somos, nos pidió que fuésemos sus damas de honor y claro esta aceptamos con ilusión.
Lo que ocurrió antes de la boda fue lo siguiente.
Los preparativos se hicieron en la casa de campo de su hermana, las chicas y yo nos encargamos de vestirla, estaba preciosa con aquel vestido, era el tradicional blanco perla, con bordados en la falda y un escote precioso sin mangas que realzaba sus esplendidos pechos. La cola era medianamente corta y el velo se mantenía en una diadema de brillantes muy elegante. Los guantes blancos de medio brazo le daban un aspecto muy distinguido, en definitiva, le quedaba perfecto.
Mientras las chicas le atusaban el velo y acomodaban la cola, yo estaba terminando de adornar el ramo, cuando de repente, nos pidió que la dejáramos a solas. Todas nos sorprendimos un poco, pero nos imaginamos que con los nervios era algo normal. Cuando todas salieron y yo me disponía a hacer lo mismo, me paró en seco y me pidió que me quedara.
Yo no salía de mi asombro inicial, no estaba muy segura de que es lo que quería de mí, pero imaginé que sería para hablar de lo que ocurrió en la fiesta de la semana anterior. Me senté sobre la cama y la miré esperando a ver que me decía.
De repente ella se giró hacia la puerta y puso el pestillo, yo empecé a ponerme nerviosa, me miró con una cara de deseo que pocas veces había visto antes y como si de una fiera salvaje se tratara, se abalanzó sobre mí, con vestido incluido.
Caímos sobre la cama y empezó besarme con pasión, en los labios, el cuello y mi pecho. Yo no podía reaccionar entre la sorpresa y el susto. Como pude me la quite de encima y le pedí que parase.
Ella se contuvo y le pedí una explicación, comenzamos a hablar. Me dijo que siempre me había deseado pero que igualmente estaba muy enamorada de su futuro marido y que tras la boda jamás volvería a insinuarse, pero no podía olvidar lo que ocurrió el día de la fiesta y no quería casarse teniendo ese deseo aún en mente.
Yo no sabía que hacer, la deseaba tanto como ella a mí pero la imagen de su novio no se me iba de la cabeza y así se lo dije, ella se rió a carcajadas y me dijo que su novio ya lo sabia y que tenía su permiso, yo no me lo creía y ella viendo mi cara de incredulidad cogió su móvil, dispuesta a llamar a su novio.
En ese momento la creí por completo, rápidamente me levante y le quite el móvil de las manos, lo deje encima de la silla y la hice acompañarme hasta la cama.
Nos sentamos y la bese suavemente en los labios mientras la rodeaba con mis brazos para desabrocharle el vestido, no quería que se estropease, ella me ayudo en todo el proceso, con cuidado le quite la falda y el can can dejándola semi desnuda, sólo con la ropa interior.
Estaba impresionante, los pantis blancos sujetos deliciosamente por un liguero y debajo de este un tanga a juego, totalmente de encaje que no dejaba lugar a la imaginación.
La liga era sumamente tentadora, se puso en pie y apoyo la pierna con la liga sobre el borde la cama, entre mis piernas. Mientras ella se quitaba el liguero, yo apreté con mis labios la liga y la hice descender hacia sus tobillos.
Mis manos ascendieron por su pierna aun cubierta con el panti y cuando llegaron hasta su muslo a medida que iba bajándolo mi lengua lamía su piel desnuda.
En ese momento, ella suavemente me empujó sobre la cama con su pie ya desnudo y se sentó sobre mí, se quitó el sostén dejando sus preciosos y tersos senos al aire y se inclinó sobre mí. Muy despacio me quitó el corsé que formaba parte de mi vestido de dama de honor y se sorprendió al ver que no llevaba sostén.
Nuestros senos desnudos se rozaron suavemente y todo mi cuerpo tembló, posé mis manos en su trasero y lo apreté contra mí. Ella me besó en los labios y después se centró en mis senos, los acarició con sus dedos y pronto su lengua ya se paseaba por mis pezones haciéndolos endurecer de placer.
Yo gemí y en un arrebato me la quité de encima y la puse boca arriba en la cama. Con mi lengua tracé un camino desde su cuello hasta su ombligo, donde me detuve mientras mis manos le quitaban aquel diminuto tanga.
Ella mantenía los ojos cerrados disfrutando de mi tacto sobre su piel, una vez que la tenía allí completamente desnuda, besé sus muslos hasta llegar a su pubis. Mi lengua se introdujo entre los pliegues de su sexo buscando su jugoso clítoris, estaba húmedo y era muy cálido. Con la punta de mi lengua lo acaricie una y otra vez y ella se contoneaba con cada una de mis caricias.
Sentí como su vagina desprendía un calor ya conocido y supe que era el momento. Humedecí uno de mis dedos y suavemente acaricie los pliegues que protegen su vagina antes de introducirlo con cuidado.
A medida que mi dedo entraba en ella sus mejillas tomaban un color rosado muy excitante, entonces me incline para besarla, nuestras lenguas jugaron en su boca con ansía.
Mi mano seguía en su entrepierna buscando su punto G, quería hacerla gritar de placer y ver como se sumía en un orgasmo, por lo que introduje un segundo dedo, ella me agarró fuerte del brazo dándome a entender que había llegado a mi destino.
Mi lengua descendió hasta sus senos y lamí sus pezones al tiempo que los apretaba con los labios, su cadera no dejaba de moverse y mis dedos entraban y salían cada vez con más brío.
Cuando noté que por mis dedos se escurría una sustancia tibia, su cuerpo comenzó a temblar y ella gimió de una forma que casi me produce a mí un orgasmo, no quería llamar la atención de las chicas que rondarían cerca de la habitación y la bese para acallarla.
Pero las chicas ya la habían oído y golpeaban la puerta esperando una respuesta, nos miramos y nos reímos a carcajadas mientras gritábamos que no pasaba nada.
Ella sudaba y aún temblaba por lo que decidió darse una ducha, yo me vestí y me quedé arreglando el vestido. Cuando salió de la ducha me dio las gracias por haberla dejado cumplir uno de sus más eróticos deseos y yo me sentí abrumada.
Dejamos entrar a las chicas que no dejaban de preguntar que demonios había pasado y nosotras entre risas sólo decíamos que nada.
Sé que muchas de ellas sospecharon lo que sólo nosotras y esas cuatro paredes habíamos vivido momentos antes, pero ninguna se atrevió jamás a insinuar nada.
La boda ocurrió sin problemas y después de aquello ella cumplió su promesa, seguimos siendo amigas y compañeras en el salón, pero nos une aquella experiencia que nunca olvidaremos.
22 jun 2008
Despedida de soltera
Tengo una compañera en el salón de masajes, que se casa muy pronto y como es costumbre en este tipo de cosas, quiso organizar una despedida de soltera, y nos invito a las chicas del salón.
Su hermana contactó con nosotras para explicarnos como sería la fiesta, nos dijo que su hermana tenía un concepto sobre ella muy conservador, no la veía capaz de hacer ninguna locura y eso es lo que quería que aquella noche pensara, iríamos a cenar a su casa, una cena muy formal y tranquila, un café y después una película, pero lo que Helenita no sabía, mi compañera que se casaba, es que su hermana había alquilado un boys y este aparecería en medio de la película.
La idea me pareció genial, estaba deseando ver la cara de Helenita cuando apareciera el chico, iba a ser muy divertido.
Todo fue de maravilla, mientras nos dirigíamos a casa de su hermana, Helenita nos contaba entre risas lo anticuada y recatada que era su hermana, y nosotras teníamos que mordernos la lengua para no desvelar la sorpresa.
Una vez en su casa y tras las debidas presentaciones, nos dispusimos a cenar, la mesa estaba preciosa, un bonito mantel la cubría y los centros de mesa junto con las velas y la cubertería, la hacía muy distinguida. Todo hacia entender lo bohemia que era la hermana de Helenita.
Mientras tomábamos un entremés de bocaditos de atún y canapés de caviar, acompañados de un vino blanco muy aromático y suave, charlábamos animadamente de los por menores del matrimonio y bromeábamos sobre los hombres casados. La velada estaba siendo de ensueño.
Después de tanta charla y a pesar de los entremeses, el agradable olor que nos inundaba desde la cocina, nos abrió el apetito aún más. Yo y Helenita nos levantamos para recoger la cubertería usada y llevarla a la cocina, mientras yo retiraba los restos de los platos y los colocaba en el lavavajillas, ocurrió algo que me sorprendió mucho, Helenita me había cogido de la cintura, firmemente y tiro de mí hacia ella, me abrazo con fuerza y pegando sus labios a mi oído, me susurro que hoy sería una noche muy especial. Yo me sentí abrumada, un poco desorientada e incluso algo excitada, sentir sus pechos firmes sobre mi espalda, y su cálido aliento en mi oreja, no me había resultado nada desagradable y por un momento olvide que en la habitación contigua nos esperaban, su hermana y el resto de las chicas.
Me compuse como pude y nos dirigimos hacia la mesa de nuevo, nos sentamos y esperamos a que la hermana de Helenita sirviera la cena, nos esperaban unos deliciosos langostinos en salsa y almejas a la marinera, me encanta el marisco, además de que se dice que es afrodisiaco, para acompañar también teníamos unos pinchitos de bogavante con verduritas y una salsa algo picante, digno de un buen gourmet.
Comenzamos a jugar con la comida, sobre todo con los pinchitos, Helenita que estaba sentada a mi lado, me ofreció comer un trozo de pimiento de su boca, yo al principio me limite a sonrojarme, pero las demás le encontraron gracia al juego y me animaron a hacerlo, imitándonos.
Así que con cuidado, comí de su boca, pero ella no se cortó un pelo y aprovechando el momento me besó. Abrí los ojos de par en par y mire al resto de chicas que entre risas y silbidos nos volvieron a imitar.
Todas estaban disfrutando pero yo me sentía un poco avergonzada ante las insinuantes miradas de Helenita, me daba un poco de reparo la idea de que pronto seria una mujer casada y estaba allí insinuándoseme de aquella forma. De todas formas seguimos con la velada, era la hora del postre, unas suculentas y deliciosas fresas con nata helada.
Mientras disfrutábamos de ellas, sentí como la mano de Helenita se deslizó por mi muslo, al mirarla esperando que desistiera, solo me sonrió y siguió acariciándome, debido a aquello me sentía tan acalorada que ni la nata helada conseguía quitarme esos calores. No sabía qué hacer para disimular que aquello me excitaba mucho y ella sin temor a que nos descubrieran seguía adentrando su mano hasta mi entrepierna.
Su tacto era muy cálido y agradable, mi piel se estremecía y mis mejillas se sonrojaban más, a medida que se acercaba a la tela que cubría mi sexo. Las chicas se dieron cuenta del color resaltado de mis mejillas y entre risas nerviosas aclaré que había bebido mucho vino, a lo que las demás respondieron con bromas y prosiguió la velada.
Helenita seguía empeñada en acariciarme, y yo trataba de esquivar su mano, cruzando las piernas, pero eso no la iba a detener, y el deseo que comenzaba a crearse en mí, tampoco me ayudaba a controlar la situación.
Por suerte, la cena terminó rápido, y todas nos levantamos para ayudar a recoger la mesa, mientras lo hacíamos, no podía evitar cruzar miradas ardientes con Helenita y el miedo a que alguna de las chicas se diera cuenta, lejos de cohibirme, me alentaba a seguir.
Una vez que todo estuvo recogido, era el momento de la película, nos dirigimos hacia el salón, un enorme salón con una preciosa chimenea, apagada porque ya hacía calor, creo que no lo he dicho, pero la hermana de Helenita tenía una casa de campo enorme, y allí es donde celebramos la fiesta.
Como decía, el salón era enorme, dos preciosos sofás de color crema, y una mesa pequeña de madera daban una acogedora bienvenida. Solo había un detalle que rompía el equilibrio y era la inmensa televisión de plasma, panorámica, que tenían. Por lo menos veríamos la película con una calidad inmejorable.
Retiramos un poco los muebles, y echamos un par de sabanas en el suelo, como cuando éramos pequeñas y montábamos las tan deseadas fiestas de pijama, allí todas acomodadas y con Helenita a mi lado, nos pusimos a ver la película.
Yo ya me temía lo que podía ocurrir, amparadas por la oscuridad y con la tentación que suscitaban nuestros cuerpos pegados el uno al otro.
Pasada media hora de película y mientras todas estaban absortas con las miradas fijas en la pantalla, Helenita me rodeo con sus brazos y me invito a recostarme sobre ella, yo cedí guiada por el deseo de volver a sentir su tacto sobre mi piel, algo que no se hizo esperar. Con un pulso firme pero delicado, comenzó a acariciar el escote de mi blusa, sus labios estaban tan cerca de mi cuello, que podía sentir su aliento sobre él, me sentía como en una nube de algodón.
Con sus dedos, acaricio el primer botón de mi blusa, haciéndome desesperar por desabrocharlo, se hacía de rogar, y eso en parte me gustaba. Con la punta de sus dedos dibujo mis senos por encima de la tela y yo me contenía por no gemir de excitación y llamar la atención de las demás.
Acaricie su mano, invitándola a que siguiera en su camino para desabrochar mi blusa, y así lo hizo, al tiempo que sus gruesos y carnosos labios regaban mi cuello de deliciosos besos, que hacían que se me pusiera la piel de gallina, y en mí estomago revolotearan las míticas mariposas.
Con una dedicación pasmosa, desabrocho el botón de mi blusa y acompasando sus besos avanzaba hacia uno de mis senos, esta vez su pulso si temblaba y aquello me hizo temblar a mí, estaba ansiosa por sentir su calidez sobre mi pecho, deseaba que acariciara su contorno, me sumergí en sus besos, y suspire, en ese momento, su mano por fin alcanzó la tela de mi sostén, y lo aparto con sumo cuidado, mientras me susurraba al oído, que siempre le habían gustado mis pechos.
Yo no quería que ese momento terminara, mis piernas temblaban de placer y de miedo por si alguna de las chicas se había dado cuenta de lo que estábamos haciendo, lo cual se sumaba al morbo que todo aquello me producía.
Por desgracia, llamaron al timbre, era la hora del boys, me sentí fatal, yo quería continuar pero las circunstancias no lo permitían. Nos levantamos y encendimos las luces.
Lo que ocurrió después todos os lo podéis imaginar, apareció el boys, todas se volvieron locas, y mientras él nos deleitaba con su show, todas disfrutamos en grande de la velada, pero yo no podía quitarme de la cabeza, la sensación que me había producido el tacto de Helenita sobre mi piel.
Para mi sorpresa cuando acabó la fiesta, Helenita me pidió que la llevara a casa, durante el trayecto no dejábamos de dedicarnos miradas llenas de complicidad, hasta que cuando llegamos a su casa, me pidió que subiera con ella.
Lo que ocurrió aquella noche, es algo que jamás olvidaré y espero que ella tampoco, algún día, prometo contároslo.
11 jun 2008
En la piscina, con mi amiga y su novio
El día amaneció casi perfecto, una dulce brisa ponía la guinda a un día soleado.
Me apetecía salir y decidí llamar a una buena amiga.
Miriam y yo nos conocíamos desde hacía mucho tiempo, pero debido a que ella se fue a vivir a las afueras, apenas nos veíamos.
Cuando le propuse ir a la piscina, no dudó ni un momento en aceptar, me di una ducha me puse mi mejor traje de baño y me fui derecha a la piscina municipal.
Estaba esperándola en la puerta mientras me comía un helado, cuando un chico fornido, bastante alto y de tez morena se puso delante mio.
Lo miré por encima de las gafas de sol, era realmente alto, debía medir al menos metro noventa, espalda ancha, constitución fuerte, por los rasgos de su cara podía decirse que no era español, me gustó el color de su piel y sus ojos color café, tenía el pelo corto y ondulado.
Entonces detrás de ese hombre, sonó una voz muy familiar, era Miriam y estaba preciosa, ella es bajita, cuerpo delicado, su tez blanca se me hacia más llamativa al lado de aquel misterioso hombre, siempre me había gustado el cabello negro de ella.
No abrazamos y me presentó al chico extranjero, era su novio, se llamaba Jose Ramón y era de Méjico.
Tras las presentaciones los tres nos dirigimos a las instalaciones, escogimos un buen lugar para colocar nuestras toallas y nos tumbamos al sol.
Miriam me pidió que le echara protector solar.
Puse una pequeña cantidad en mi mano y la esparcí con cuidado, tenía que hacerlo con empeño ya que al tener la piel tan blanca se quemaba con facilidad, su espalda era perfecta, deslizé mis manos por sus hombros esparciendo la crema despacio, dibujando su figura, baje por su columna hasta su cintura, en ese momento me di cuenta de que Jose Ramón me miraba de una forma extraña, casi con deseo, lo extraño es que no me sentí incomoda. Me gustó pensar que el estaba disfrutando con el espectáculo.
Al cabo de un rato, los invité a bañarnos, y los tres nos metimos en el agua, estaba algo fría, Miriam y yo nos abrazamos para entrar un poco en calor y me susurró al oído que siempre le había gustado el tacto de mi cuerpo y que lo echaba de menos. Yo no sabía que decir, sentía lo mismo pero su novio estaba allí delante, mirándonos y simplemente guardé silencio y disfruté del momento.
Hasta que un niño saltó al lado nuestro y nos empapó a las dos, empezamos a reírnos.
Nos pusimos a jugar con una pelota uno de nosotros la lanzaba y los otros dos debían nadar lo más rápido posible para cogerla.
Jose Ramón obviamente tenia ventaja, era mucho más alto que nosotras pero aún así no me rendí cuando me tocó competir con el.
Miriam lanzó la pelota y eché a nadar con todas mis fuerzas, cuando ya casi tenía la pelota en mis manos, sentí como me rodeaban por la cintura y me inmovilizaban.
Era el, me había abrazado y no me dejaba moverme, en ese momento me di cuenta de que estaba excitado, lo notaba presionarme con fuerza el trasero.
No sabía que hacer, lo único que tenía claro es que sentirle de esa forma, me gustó mucho, su sexo erecto, sus brazos fuertes rodeandome, casi me desmayo.
Pero Miriam nos llamó, y el me soltó con delicadeza. Era la hora de comer.
Los invité a comer en casa, quería pasar algo más de tiempo con ellos y aceptaron.
Recogimos y nos fuimos a mi casa, durante el trayecto mis pensamientos se agolpaban, aquel abrazo con Miriam, Jose Ramón...
Me sentía atraída por ambos, pero era una situación complicada ella era mi amiga, y el era su pareja.
Una vez en casa, Miriam propuso que nos ducharamos juntas mientras Jose Ramón, cogía ropa para ambos de su piso, me pareció una idea genial.
Ambas nos metimos en la ducha mientras el llamaba por teléfono.
Nos desnudamos y no pude evitar clavar mi mirada en su cuerpo, se me hacia tan frágil, sus curvas casi me mareaba, trataba de disimular el deseo que había despertado en mi, el agua caía con fuerza sobre nosotras.
Le di la espalda, no quería que notara nada, entonces sus manos se posaron sobre mis hombros, y empezó a enjabonarme.
Estaba sorprendida, pero me dejé llevar, sus manos recorrieron mis hombros y lo acompañó con suaves besos en mi nuca.
Bajó hasta mis pechos, los acarició y me rodeo con sus brazos, susurrandome que le gustaban mucho.
Me giré y la miré, ella me besó.
La abracé por la cintura y la agarré del trasero para acercarla más a mi.
Empecé a besar su cuello, su pecho, sus senos y seguí bajando hasta su pubis, cuando me disponía a posar mi lengua sobre el, se abrió la puerta.
Era Jose Ramón, su expresión no era de asombro si no de deseo miré a Miriam y esta me respondió con una dulce sonrisa.
El se desnudó y sin dudar se metió en la ducha con nosotras. Me levantó, me giró hacia el y mirando a Miriam dijo que yo era preciosa.
Estaba en medio de los dos, nunca me había pasado algo así, pero todo era tan excitante que no pude más que seguirles el juego.
Miriam por detrás me besaba la espalda y acariciaba mis pechos mientras el me los lamía despacio, disfrutándolo como si de un dulce se tratara.
Comencé a besarle y baje despacio hasta su pene erecto, lo besé y empecé a lamerlo, mientras ellos se acariciaban y besaban.
me parecía increíble todo lo que estaba pasando, pero era incapaz de parar, los gemidos de ambos hacían que me excitara cada vez mas y deseara seguir adelante.
Cuando me sacié me aparte a un lado y ella se puso en medio. El la cogió por detrás y comenzó a penetrarla a un ritmo suave.
Ella me separó las piernas con cuidado, e introdujo su lengua en mi, me lamió con pasión, recorriendo toda mi entrepierna, jugando con mi clítoris mientras introducía sus delgados dedos.
Era sumamente placentero sentirla así dentro de mi, mientras ella era penetrada por su novio, el cual no dejaba de mirar mis gestos de placer.
El agua caliente seguía cayendo sobre nosotros, mojando mis pechos, era una sensación agradable.
Todo ese conjunto de sensaciones, provocó en mi uno de los orgasmos más placenteros que jamás había tenido, mi cuerpo temblaba y Jose Ramón al darse cuenta extendió una mano y comenzó a acariciar mis senos, mientras me fundía con una penetrante mirada.
Mi cuerpo temblaba bajo la incesante mirada de el, y cuando aquel torrente de placer llegó a su fin, decidí dejarles a solas.
Cogí una toalla y salí del cuarto de baño, mientras me secaba y escuchaba sus gemidos, no pude evitar observarles por última vez, ella rodeaba su cintura con las piernas y el la tenia apoyada contra la pared, penetrandola con dulzura, cuando me di cuenta que Miriam me estaba mirando... y solo sonrió.
Me fui a mi habitación y termine de vestirme, ellos salieron y en silencio recogieron sus cosas.
La comida seguía en pie, y como si nada hubiera pasado comimos entre risas y buen ambiente.
A la hora de la despedida, Miriam me besó en los labios y me dijo que nunca cambiara, Jose Ramón me abrazó y al oído me susurró: Eres especial y lo sabes.
