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20 sept 2008
Webcam de Carla
13 sept 2008
21 ago 2008
Un dia especial....
Hoy ha sido un día extraño, poco habitual en mi vida tan rutinaria.
Atendía como siempre las miles de llamadas que recibimos en recepción, cuando le vi pasar.
Mi mirada se clavó en su amplia espalda, perfectamente dibujada por esa americana negra que suele llevar siempre.
Sus hombros, firmes y bien constituidos, sus brazos fuertes, es increíble la suavidad con la que es capaz de moverlos.
Me pregunto que se debe sentir al ser abrazada por ellos.
Como será el tacto de sus grandes manos sobre mi piel, recorriéndome entera centímetro a centímetro.
Estaba absorta en esos pensamientos cuando me di cuenta del calor que desprendía mi pecho, del tono rosado que habían tomado mis mejillas, cuando el pronunció mi nombre.
Lo miré fijamente sin saber que decir, pero el tampoco dijo nada.
Sólo extendió un papel sobre mi mesa, contenía un número de teléfono y una nota... Llámame esta noche.
No pude concentrarme en todo el día, preguntándome para que querría un hombre como el, que yo le llamara.
Llegué a casa aún dándole vueltas a todo lo sucedido, tomé una ducha y tan sólo vestida con una toalla, me tumbé en el sofá y cogí el papel con su número de teléfono.
Me temblaban las manos, no podía coger el auricular con firmeza, colgué en varias ocasiones, pero la curiosidad pudo conmigo.
A medida que marcaba los números mi corazón latía con más fuerza.
Al otro lado una voz masculina muy sensual me dijo que me estaba esperando.
Me quedé sin habla, empezó a decirme que estaba deseando escuchar mi voz, que le deleitara con su sonido.
Sólo se me ocurrió decirle hola.
Comenzó a describir cada parte de mi con una sensualidad abrumadora, dijo que le apasionaba como recogía mi cabello detrás de mi oído cuando alguien conversaba conmigo.
Le fascinaba la forma de mis pechos, cuando me ponía aquella blusa color crema con ese tímido escote, que dejaba volar su imaginación.
Deseaba arrancarme los botones con la boca, mientras pasaba su lengua por mis pechos, mirarme a los ojos mientras me desnuda suavemente.
Cuando quise darme cuenta, la toalla yacía en el suelo, y mi cuerpo desnudo vibraba con cada palabra que el pronunciaba.
Sobre mis pechos aún húmedos, se reflejaba la luz de la luna que entraba por la ventana, dibujando con maestría sus curvas.
Me sentía avergonzaba por esa sensación de placer que me producía su voz.
Me pidió que los acariciara y no dude en seguir sus indicaciones.
Rocé mis dedos sobre mis pezones y bajé por mi vientre, sintiendo como se me erizaba la piel, a medida que llegaba a mi ombligo.
Una vez allí, mi mano se adentro lentamente hacia mis muslos, acariciándolos, sentía el calor que desprendían e imaginaba que era la suya.
Deseaba sentirle dentro de mi, notar su aliento recorriendo mi cuello, dejar que me estrechara entre sus brazos, besarle, lamerle.
Inmersa en esa imagen, no pude detener el avance de mis dedos... me estremecí.
El silencio solo era roto por unos tímidos jadeos que a veces se confundían con los suyos.
Imaginaba que quien estaba dentro de mi era el y no mis dedos, los cuales se deslizaban a un ritmo acelerado.
Sentía ese delicioso calor por mis muslos, mientras me mordía los labios de placer.
Una increíble sensación recorrió mi espalda subiendo por mi nuca, y desatándose en mi boca en forma de gemido, mis dedos dejaron de moverse, dejando escapar entre ellos el néctar del placer y mi cuerpo quedó temblando sobre el sofá.
Al otro lado del teléfono, con voz entrecortada podía escuchar como me decía, lo increíble que había sido, y que estaba deseando hacerlo realidad, se despidió dulcemente y colgó.
Tumbada, temblando aún, comencé a pensar que había significado todo esto, que interés tenía realmente en mi.
Me sofocaba la idea de verle al día siguiente en el trabajo, con que cara podría mirarle, no aguantaría la vergüenza...
Me dormí pensando en que había sido maravilloso...
19 ago 2008
Sorpresa en la sauna !!
Pues si, menuda sorpresa.
Las chicas me invitaron a un spa aquí en Madrid, para liberar tensiones.
La verdad que me venia haciendo falta desde hacia mucho tiempo, y no me lo pensé dos veces.
Aquello es genial, sauna, hidro-masaje, terma, acupuntura es una delicia.
Nos juntamos todas en la bañera de hidro-masaje mientras contábamos entre risas lo aburridas que son nuestras vidas.
Fue extraño lo que ocurrió después, no se si era por lo relajada que estaba, o por la somnolencia que produce la temperatura del hidro-masaje, pero me entro sueño, ese sueño dulce de después de comer que nos invita a dormir la siesta.
Recosté mi cabeza sobre el hombro de Lidia y esta rodeó mi cintura por debajo del agua, me sentí placenteramente cómoda, no me importaba que el resto de las chicas se hubieran dado cuenta, y creo que a ella también se le hacia agradable esa situación.
En medio de tanto alboroto y risas, mi imaginación echó a volar, pensé en como sería el tacto de los pechos de Lidia, eran voluminosos y atractivos a la vista, su piel blanca me invitaba a acariciarlos...
Recorrí su cuerpo con la mirada, hasta que me encontré con los ojos de Susana, me sonrojé al instante, creo que se dio cuenta de todo.
Estaba avergonzada y a la vez excitada por que me había descubierto.
Seguimos un rato más en el balneario, y después fuimos todas a mi casa a pasar la tarde.
Las chicas se pusieron una película y yo me fui a mi habitación, tenia sueño y no dejaba de pensar en lo que había ocurrido en el hidro-masaje.
Me recoste en mi cama, y volví a recordar los pechos de Lidia, no podía quitarme los de la cabeza, aun estaba muy excitada.
Comencé a acariciarme imaginando que eran sus manos las que recorrían mi piel, apretando mis pechos con cuidado...
De repente algo me sobresalto, alguien había entrado en mi habitación.
Abrí los ojos y vi su figura acercándose a mi, estaba desnuda, y aunque estábamos a media luz, supe que era ella, sus pechos eran inconfundibles, Lidia había entrado desnuda y se acercaba hacia mi.
Se sentó a mi lado y me apartó las manos de mis pechos, recosto su cabeza sobre ellos, y comenzó a besarlos.
Era la sensación mas increíble que había sentido en años, el calor que desprendían sus labios me hacia temblar, resbalaba su lengua por ellos sin dejarse ni un sólo centímetro por recorrer.
Levantó la cara y clavó sus ojos en los mios mientras se dirigía hacia mi pubis, comencé a temblar a medida que se acercaba a el.
Cerré los ojos, ella separo mis piernas con dulzura y se adentró en mi, podía sentir como su lengua se introducía firmemente, como sus labios me presionaban y como se me erizaba la piel de placer.
Me incliné hacia ella, y la tumbé en la cama.
Besé sus labios, su barbilla, su cuello, llegué hasta sus senos, los cuales lamí sin pensar, bajé mi mano hasta su pubis, y con mucho cuidado introduje un dedo.
Ella comenzó a gemir, seguí jugando con sus pezones, mordiéndolos con suavidad, escucharla jadear me excitaba más por momentos.
Mis dedos ya húmedos, seguían entrando y saliendo de ella, cada vez más rápido.
Susurro mi nombre, que voz más dulce, no podía dejar de besarla, no quería sacar mis dedos de ella.
Lidia comenzó a temblar conmigo aún dentro, cuando aquel liquido maravilloso empezó a mojar mi mano, me sumí en un orgasmo increíble.
Me tumbé sobre ella, exhausta y sudorosa, acarició mi pelo y me besó.
Y así abrazadas y desnudas, nos quedamos durmiendo.
No me importaba que las demás se dieran cuenta, y creo que a Lidia tampoco...
5 ago 2008
BESOS DE AMOR AUTENTICO
6 jul 2008
Despedida de soltera 2ª parte
Como ya os comente anteriormente, Helenita se casaba y nos fuimos de fiesta para despedir su soltería, ocurrieron muchas cosas, pero la historia no quedó allí.
Como compañeras suyas y buenas amigas que somos, nos pidió que fuésemos sus damas de honor y claro esta aceptamos con ilusión.
Lo que ocurrió antes de la boda fue lo siguiente.
Los preparativos se hicieron en la casa de campo de su hermana, las chicas y yo nos encargamos de vestirla, estaba preciosa con aquel vestido, era el tradicional blanco perla, con bordados en la falda y un escote precioso sin mangas que realzaba sus esplendidos pechos. La cola era medianamente corta y el velo se mantenía en una diadema de brillantes muy elegante. Los guantes blancos de medio brazo le daban un aspecto muy distinguido, en definitiva, le quedaba perfecto.
Mientras las chicas le atusaban el velo y acomodaban la cola, yo estaba terminando de adornar el ramo, cuando de repente, nos pidió que la dejáramos a solas. Todas nos sorprendimos un poco, pero nos imaginamos que con los nervios era algo normal. Cuando todas salieron y yo me disponía a hacer lo mismo, me paró en seco y me pidió que me quedara.
Yo no salía de mi asombro inicial, no estaba muy segura de que es lo que quería de mí, pero imaginé que sería para hablar de lo que ocurrió en la fiesta de la semana anterior. Me senté sobre la cama y la miré esperando a ver que me decía.
De repente ella se giró hacia la puerta y puso el pestillo, yo empecé a ponerme nerviosa, me miró con una cara de deseo que pocas veces había visto antes y como si de una fiera salvaje se tratara, se abalanzó sobre mí, con vestido incluido.
Caímos sobre la cama y empezó besarme con pasión, en los labios, el cuello y mi pecho. Yo no podía reaccionar entre la sorpresa y el susto. Como pude me la quite de encima y le pedí que parase.
Ella se contuvo y le pedí una explicación, comenzamos a hablar. Me dijo que siempre me había deseado pero que igualmente estaba muy enamorada de su futuro marido y que tras la boda jamás volvería a insinuarse, pero no podía olvidar lo que ocurrió el día de la fiesta y no quería casarse teniendo ese deseo aún en mente.
Yo no sabía que hacer, la deseaba tanto como ella a mí pero la imagen de su novio no se me iba de la cabeza y así se lo dije, ella se rió a carcajadas y me dijo que su novio ya lo sabia y que tenía su permiso, yo no me lo creía y ella viendo mi cara de incredulidad cogió su móvil, dispuesta a llamar a su novio.
En ese momento la creí por completo, rápidamente me levante y le quite el móvil de las manos, lo deje encima de la silla y la hice acompañarme hasta la cama.
Nos sentamos y la bese suavemente en los labios mientras la rodeaba con mis brazos para desabrocharle el vestido, no quería que se estropease, ella me ayudo en todo el proceso, con cuidado le quite la falda y el can can dejándola semi desnuda, sólo con la ropa interior.
Estaba impresionante, los pantis blancos sujetos deliciosamente por un liguero y debajo de este un tanga a juego, totalmente de encaje que no dejaba lugar a la imaginación.
La liga era sumamente tentadora, se puso en pie y apoyo la pierna con la liga sobre el borde la cama, entre mis piernas. Mientras ella se quitaba el liguero, yo apreté con mis labios la liga y la hice descender hacia sus tobillos.
Mis manos ascendieron por su pierna aun cubierta con el panti y cuando llegaron hasta su muslo a medida que iba bajándolo mi lengua lamía su piel desnuda.
En ese momento, ella suavemente me empujó sobre la cama con su pie ya desnudo y se sentó sobre mí, se quitó el sostén dejando sus preciosos y tersos senos al aire y se inclinó sobre mí. Muy despacio me quitó el corsé que formaba parte de mi vestido de dama de honor y se sorprendió al ver que no llevaba sostén.
Nuestros senos desnudos se rozaron suavemente y todo mi cuerpo tembló, posé mis manos en su trasero y lo apreté contra mí. Ella me besó en los labios y después se centró en mis senos, los acarició con sus dedos y pronto su lengua ya se paseaba por mis pezones haciéndolos endurecer de placer.
Yo gemí y en un arrebato me la quité de encima y la puse boca arriba en la cama. Con mi lengua tracé un camino desde su cuello hasta su ombligo, donde me detuve mientras mis manos le quitaban aquel diminuto tanga.
Ella mantenía los ojos cerrados disfrutando de mi tacto sobre su piel, una vez que la tenía allí completamente desnuda, besé sus muslos hasta llegar a su pubis. Mi lengua se introdujo entre los pliegues de su sexo buscando su jugoso clítoris, estaba húmedo y era muy cálido. Con la punta de mi lengua lo acaricie una y otra vez y ella se contoneaba con cada una de mis caricias.
Sentí como su vagina desprendía un calor ya conocido y supe que era el momento. Humedecí uno de mis dedos y suavemente acaricie los pliegues que protegen su vagina antes de introducirlo con cuidado.
A medida que mi dedo entraba en ella sus mejillas tomaban un color rosado muy excitante, entonces me incline para besarla, nuestras lenguas jugaron en su boca con ansía.
Mi mano seguía en su entrepierna buscando su punto G, quería hacerla gritar de placer y ver como se sumía en un orgasmo, por lo que introduje un segundo dedo, ella me agarró fuerte del brazo dándome a entender que había llegado a mi destino.
Mi lengua descendió hasta sus senos y lamí sus pezones al tiempo que los apretaba con los labios, su cadera no dejaba de moverse y mis dedos entraban y salían cada vez con más brío.
Cuando noté que por mis dedos se escurría una sustancia tibia, su cuerpo comenzó a temblar y ella gimió de una forma que casi me produce a mí un orgasmo, no quería llamar la atención de las chicas que rondarían cerca de la habitación y la bese para acallarla.
Pero las chicas ya la habían oído y golpeaban la puerta esperando una respuesta, nos miramos y nos reímos a carcajadas mientras gritábamos que no pasaba nada.
Ella sudaba y aún temblaba por lo que decidió darse una ducha, yo me vestí y me quedé arreglando el vestido. Cuando salió de la ducha me dio las gracias por haberla dejado cumplir uno de sus más eróticos deseos y yo me sentí abrumada.
Dejamos entrar a las chicas que no dejaban de preguntar que demonios había pasado y nosotras entre risas sólo decíamos que nada.
Sé que muchas de ellas sospecharon lo que sólo nosotras y esas cuatro paredes habíamos vivido momentos antes, pero ninguna se atrevió jamás a insinuar nada.
La boda ocurrió sin problemas y después de aquello ella cumplió su promesa, seguimos siendo amigas y compañeras en el salón, pero nos une aquella experiencia que nunca olvidaremos.
22 jun 2008
Despedida de soltera
Tengo una compañera en el salón de masajes, que se casa muy pronto y como es costumbre en este tipo de cosas, quiso organizar una despedida de soltera, y nos invito a las chicas del salón.
Su hermana contactó con nosotras para explicarnos como sería la fiesta, nos dijo que su hermana tenía un concepto sobre ella muy conservador, no la veía capaz de hacer ninguna locura y eso es lo que quería que aquella noche pensara, iríamos a cenar a su casa, una cena muy formal y tranquila, un café y después una película, pero lo que Helenita no sabía, mi compañera que se casaba, es que su hermana había alquilado un boys y este aparecería en medio de la película.
La idea me pareció genial, estaba deseando ver la cara de Helenita cuando apareciera el chico, iba a ser muy divertido.
Todo fue de maravilla, mientras nos dirigíamos a casa de su hermana, Helenita nos contaba entre risas lo anticuada y recatada que era su hermana, y nosotras teníamos que mordernos la lengua para no desvelar la sorpresa.
Una vez en su casa y tras las debidas presentaciones, nos dispusimos a cenar, la mesa estaba preciosa, un bonito mantel la cubría y los centros de mesa junto con las velas y la cubertería, la hacía muy distinguida. Todo hacia entender lo bohemia que era la hermana de Helenita.
Mientras tomábamos un entremés de bocaditos de atún y canapés de caviar, acompañados de un vino blanco muy aromático y suave, charlábamos animadamente de los por menores del matrimonio y bromeábamos sobre los hombres casados. La velada estaba siendo de ensueño.
Después de tanta charla y a pesar de los entremeses, el agradable olor que nos inundaba desde la cocina, nos abrió el apetito aún más. Yo y Helenita nos levantamos para recoger la cubertería usada y llevarla a la cocina, mientras yo retiraba los restos de los platos y los colocaba en el lavavajillas, ocurrió algo que me sorprendió mucho, Helenita me había cogido de la cintura, firmemente y tiro de mí hacia ella, me abrazo con fuerza y pegando sus labios a mi oído, me susurro que hoy sería una noche muy especial. Yo me sentí abrumada, un poco desorientada e incluso algo excitada, sentir sus pechos firmes sobre mi espalda, y su cálido aliento en mi oreja, no me había resultado nada desagradable y por un momento olvide que en la habitación contigua nos esperaban, su hermana y el resto de las chicas.
Me compuse como pude y nos dirigimos hacia la mesa de nuevo, nos sentamos y esperamos a que la hermana de Helenita sirviera la cena, nos esperaban unos deliciosos langostinos en salsa y almejas a la marinera, me encanta el marisco, además de que se dice que es afrodisiaco, para acompañar también teníamos unos pinchitos de bogavante con verduritas y una salsa algo picante, digno de un buen gourmet.
Comenzamos a jugar con la comida, sobre todo con los pinchitos, Helenita que estaba sentada a mi lado, me ofreció comer un trozo de pimiento de su boca, yo al principio me limite a sonrojarme, pero las demás le encontraron gracia al juego y me animaron a hacerlo, imitándonos.
Así que con cuidado, comí de su boca, pero ella no se cortó un pelo y aprovechando el momento me besó. Abrí los ojos de par en par y mire al resto de chicas que entre risas y silbidos nos volvieron a imitar.
Todas estaban disfrutando pero yo me sentía un poco avergonzada ante las insinuantes miradas de Helenita, me daba un poco de reparo la idea de que pronto seria una mujer casada y estaba allí insinuándoseme de aquella forma. De todas formas seguimos con la velada, era la hora del postre, unas suculentas y deliciosas fresas con nata helada.
Mientras disfrutábamos de ellas, sentí como la mano de Helenita se deslizó por mi muslo, al mirarla esperando que desistiera, solo me sonrió y siguió acariciándome, debido a aquello me sentía tan acalorada que ni la nata helada conseguía quitarme esos calores. No sabía qué hacer para disimular que aquello me excitaba mucho y ella sin temor a que nos descubrieran seguía adentrando su mano hasta mi entrepierna.
Su tacto era muy cálido y agradable, mi piel se estremecía y mis mejillas se sonrojaban más, a medida que se acercaba a la tela que cubría mi sexo. Las chicas se dieron cuenta del color resaltado de mis mejillas y entre risas nerviosas aclaré que había bebido mucho vino, a lo que las demás respondieron con bromas y prosiguió la velada.
Helenita seguía empeñada en acariciarme, y yo trataba de esquivar su mano, cruzando las piernas, pero eso no la iba a detener, y el deseo que comenzaba a crearse en mí, tampoco me ayudaba a controlar la situación.
Por suerte, la cena terminó rápido, y todas nos levantamos para ayudar a recoger la mesa, mientras lo hacíamos, no podía evitar cruzar miradas ardientes con Helenita y el miedo a que alguna de las chicas se diera cuenta, lejos de cohibirme, me alentaba a seguir.
Una vez que todo estuvo recogido, era el momento de la película, nos dirigimos hacia el salón, un enorme salón con una preciosa chimenea, apagada porque ya hacía calor, creo que no lo he dicho, pero la hermana de Helenita tenía una casa de campo enorme, y allí es donde celebramos la fiesta.
Como decía, el salón era enorme, dos preciosos sofás de color crema, y una mesa pequeña de madera daban una acogedora bienvenida. Solo había un detalle que rompía el equilibrio y era la inmensa televisión de plasma, panorámica, que tenían. Por lo menos veríamos la película con una calidad inmejorable.
Retiramos un poco los muebles, y echamos un par de sabanas en el suelo, como cuando éramos pequeñas y montábamos las tan deseadas fiestas de pijama, allí todas acomodadas y con Helenita a mi lado, nos pusimos a ver la película.
Yo ya me temía lo que podía ocurrir, amparadas por la oscuridad y con la tentación que suscitaban nuestros cuerpos pegados el uno al otro.
Pasada media hora de película y mientras todas estaban absortas con las miradas fijas en la pantalla, Helenita me rodeo con sus brazos y me invito a recostarme sobre ella, yo cedí guiada por el deseo de volver a sentir su tacto sobre mi piel, algo que no se hizo esperar. Con un pulso firme pero delicado, comenzó a acariciar el escote de mi blusa, sus labios estaban tan cerca de mi cuello, que podía sentir su aliento sobre él, me sentía como en una nube de algodón.
Con sus dedos, acaricio el primer botón de mi blusa, haciéndome desesperar por desabrocharlo, se hacía de rogar, y eso en parte me gustaba. Con la punta de sus dedos dibujo mis senos por encima de la tela y yo me contenía por no gemir de excitación y llamar la atención de las demás.
Acaricie su mano, invitándola a que siguiera en su camino para desabrochar mi blusa, y así lo hizo, al tiempo que sus gruesos y carnosos labios regaban mi cuello de deliciosos besos, que hacían que se me pusiera la piel de gallina, y en mí estomago revolotearan las míticas mariposas.
Con una dedicación pasmosa, desabrocho el botón de mi blusa y acompasando sus besos avanzaba hacia uno de mis senos, esta vez su pulso si temblaba y aquello me hizo temblar a mí, estaba ansiosa por sentir su calidez sobre mi pecho, deseaba que acariciara su contorno, me sumergí en sus besos, y suspire, en ese momento, su mano por fin alcanzó la tela de mi sostén, y lo aparto con sumo cuidado, mientras me susurraba al oído, que siempre le habían gustado mis pechos.
Yo no quería que ese momento terminara, mis piernas temblaban de placer y de miedo por si alguna de las chicas se había dado cuenta de lo que estábamos haciendo, lo cual se sumaba al morbo que todo aquello me producía.
Por desgracia, llamaron al timbre, era la hora del boys, me sentí fatal, yo quería continuar pero las circunstancias no lo permitían. Nos levantamos y encendimos las luces.
Lo que ocurrió después todos os lo podéis imaginar, apareció el boys, todas se volvieron locas, y mientras él nos deleitaba con su show, todas disfrutamos en grande de la velada, pero yo no podía quitarme de la cabeza, la sensación que me había producido el tacto de Helenita sobre mi piel.
Para mi sorpresa cuando acabó la fiesta, Helenita me pidió que la llevara a casa, durante el trayecto no dejábamos de dedicarnos miradas llenas de complicidad, hasta que cuando llegamos a su casa, me pidió que subiera con ella.
Lo que ocurrió aquella noche, es algo que jamás olvidaré y espero que ella tampoco, algún día, prometo contároslo.
14 jun 2008
En el despacho del Jefe...
No soy asidua de leer lo que yo catalogo como prensa rosa, pero una compañera me prestó hace tiempo el libro de la tan conocida Mónica Lewinsky.
En el cuál relata, el escándalo que produjeron hace años, sus encuentros sexuales con el ex presidente Bill Clinton.
Inmersa en la lectura, tengo que decir que lo único que me atrajo fue el morbo que desprenden sus líneas, me pregunté cómo se debió sentir al ser consciente de que el hombre con el que compartía la cama, era el presidente de un enorme país.
Me imaginé en su lugar, en cada uno de sus encuentros íntimos con Clinton, disfrutando de una relación sumamente secreta, cuidando cada detalle, para no ser descubiertos.
Pensé en como debió ser la tan famosa felación en el despacho oval, como llegaron a esa situación, y el enorme deseo que sentían mutuamente, para no importarles la posibilidad de ser descubiertos en una posición tan incómoda.
En como ella le protegió ante los medios y el país, y con qué cariño hablaba de él en las grabaciones que le hizo su compañera del pentágono a escondidas.
Debió ser excitante, parece que valió la pena arriesgarse.
Me sobresalté cuando escuché a mi jefe llamarme a la oficina, me levanté, arregle mi blusa, emparejé mi pelo y me dirigí hacia su despacho.
Me senté en una silla y esperé instrucciones. Me pidió que redactara una circular.
Mientras tomaba apuntes me di cuenta que la pequeña papelera que había a un lado de su escritorio, se había tumbado y los papeles se esparcían por el suelo.
Sin pensarlo mucho, me arrodille y me puse a recogerlos, no me di cuenta de que mi blusa era demasiado holgada, hasta que levante la vista y vi a mi jefe mirándome los pechos, desde su posición, tenía una amplia vista de todo mi pecho.
Me ruboricé al instante y más cuando el no dejó de mirarme.
Desde mi posición pude observar como de su pantalón sobresalía un sugerente bulto, y comprendí que se había excitado mucho sólo con verme el escote.
En ese momento recordé el libro que había estado leyendo sobre el caso Lewinsky y me hizo gracia pensar en la similitud de ambas situaciones.
Pero lo que me sorprendió de mi misma es que yo también me estaba excitando.
Mi jefe era un hombre bien parecido, de mediana edad, rondaba los 40, pelo algo canoso que le daba un aspecto más atractivo, alto, constitución media y cara de buena persona.
Era un hombre que aún podía despertar el deseo en las mujeres y en mi lo estaba haciendo.
Nunca antes me había planteado ni por asomo, tener una aventura con mi jefe, no porque este no me atrajera, si no porque en ningún momento pensé que yo le podría gustar.
Pero viendo su reacción instintiva, me equivocaba. Y eso me atrajo más a él.
Me acerqué gateando y sin dejar de mirarle hasta su silla, y me arrodillé ante él. Se inclinó hacia mí y olió mi cabello, profundamente.
Un escalofrío delicioso recorrió mi espalda, apartó el pelo que cubría mi cuello, y me besó, muy lentamente.
Me desabroché un par de botones más de mi blusa, y el introdujo su mano, acariciando mis pechos, con firmeza.
Besé su mano, me mostré totalmente sumisa ante sus caricias. Mientras seguía acariciándome y besándome el cuello, con la otra mano, desabrocho su pantalón.
Me miró y no necesitó mediar palabra. Terminé de bajar la cremallera y con cuidado saque su pene a través de la abertura.
Para ser un hombre de mediana edad, esa parte de su cuerpo se conservaba bastante bien.
Comencé a besarlo, despacio, con deseo y con la punta de mi lengua, recorrí su tronco hasta la punta, donde me lo introduje en la boca y apreté mis labios con suavidad.
El dejó escapar un tímido gemido, que hizo crecer más mi deseo.
Jugué con mi lengua, aún con su pene dentro de mi boca, cosa que le gustaba pues sus gemidos dejaron de ser tan tímidos, y con la mano me acariciaba el pelo.
Continué lamiéndolo con cuidado pero sin pausa, a la vez que lo estimulaba acariciándolo con las manos.
La dureza de su miembro viril, creaba en mí el deseo de sentirlo en mi interior, notar cómo me penetra, y escucharlo jadear de placer.
Pero era demasiado arriesgado, incluso en la situación que estábamos cualquiera podía descubrirnos.
Me sentía como la autentica Mónica Lewinsky y muy lejos de avergonzarme de mi misma, quería más.
Me instó a mirarle y me besó en los labios, su lengua se entrelazó con la mía, bajó hasta mi cuello lamiéndome, el calor que desprendía, erizaba mi pelo de placer.
Pero yo quería seguir lamiendo su pene, y volví a meterlo en mi boca, para mí era como una piruleta, la cual devorar con ansia, como cuando era pequeña.
Entonces noté los espasmos de su pene, propios de un inminente orgasmo y eyaculación. Me apartó con delicadeza, para evitar mancharme.
Cuando terminó me hizo levantarme y acercarme a él, desabrochó mi blusa por completo y dejando al aire mis pezones erectos, los besó y lamió. Yo quería seguir, pero era la hora de salir y tuvimos que dejarlo.
Recompuse mi ropa y recogí todos los papeles del suelo. No me arrepentía de lo que había hecho, ambos lo deseamos y ninguno se sintió obligado.
Supuse que es lo mismo que sintió Mónica en cada uno de sus encuentros con Clinton.
Nos despedimos y antes de irme me dijo que había sido alucinante, salí de su despacho con una amplia sonrisa de complicidad.
9 jun 2008
CONOCEME MEJOR

