BubbleShare: Share photos - Play some Online Games.

MANDAME TUS RELATOS,HISTORIAS,VIDEOCLIPS ....
Mandame tus relatos,historias,experiencias,sueños,videoclips,ect. y te los publicaré en Diario de Melisa, y además por a ver colaborado tendrás un regalo. Ayúdame para que Diario de Melisa sea mucho mas sensual y especial.
diariodemelisa@yahoo.es

Mostrando entradas con la etiqueta EXCITADA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EXCITADA. Mostrar todas las entradas

30 sept 2008

Amateur Striptease

Leer Más...

27 sept 2008

Relajación excitante

Como ya explique en mi descripción, soy una persona a la que le gusta la relajación, el yoga y todas esas cosas. Hace tiempo asistía a un curso de este tipo, pero por falta de tiempo, lo dejé.

Hasta hace unas semanas que una amiga, me recomendó un nuevo curso, que se hacía por las noches, y pensé que aunque terminaba muy cansada del salón de masajes, me vendría bien.

Así que, allí me presenté dispuesta a disfrutar de la música relajante y los aromas del incienso. En la clase éramos cinco personas, por norma general, estos cursos se hacen con poca gente o de lo contrario sería muy difícil conseguir un ambiente relajado y sin tensiones ni alborotos.

Éramos dos chicas y tres chicos,.de diferentes edades, no me fijé muy bien en mis compañeros, pues en cuanto la vi entrar, a la profesora, ya no pude apartar la vista de ella.

Era una chica de pelo rizado, muy largo, de color calabaza, su tez era blanquecina, y sus ojos color azul cielo. Sobre sus mejillas jugueteaban unas simpáticas pequitas y sus labios eran finos y muy rosados. De cuerpo esbelto y bien proporcionado, piernas largas cubiertas por una falda suelta y larga, que a pesar de taparlas, dibujaban bien el contorno de sus caderas. Llevaba una camisa muy suelta de finos bordados y semi transparete, se podía apreciar sin ningún problema que no llevaba sostén.

Es de todos sabido, que para relajarse hay que llevar ropa suelta y cómoda pero no sabía que eso podía incluir el sostén, pero bueno para mí era algo maravilloso de ver y sabía que para el resto de mis compañeros también.

Echas las presentaciones, nos adjudicaron unas esteras de goma a cada uno y formando un círculo alrededor de ella, comenzó a explicarnos todas las técnicas que íbamos a aprender.

Mientras lo hacía, yo empezaba a imaginarme como sería su personalidad, gesticulaba mucho con las manos, aunque parecía muy segura de sí misma, sobretodo porque te miraba a los ojos cuando se dirigía a ti.

Cuando terminó la explicación, puso en marcha la mini cadena y una música puramente instrumental comenzó a sonar por el hilo musical del local. Con una cerilla prendió los bastones de incienso y se sentó en medio del circulo que los demás habíamos formado.

Comenzamos con algo sencillo, todos estirados boca arriba, relajados, tratando de soltar los músculos y dejándonos inundar por las suaves notas musicales. Ella nos revisaba uno a uno, comprobando que nuestras piernas y hombros estaban realmente sueltos. Cuando se acercó a mí y sentí su tacto sobre mis piernas, me estremecí.

Ella desprendía una energía que te envolvía sólo con mirarte, era tan sumamente sensual, que cualquiera caería rendido a sus encantos.

Una vez que nos revisó a todos, durante cinco minutos guardó silencio dejando que nos relajáramos por nosotros mismos, pasado ese tiempo, nos pidió que nos sentáramos, con la espalda bien recta pero sin tensarla.

Nos explicó que en esta postura se podía alcanzar un grado mayor de relajación y teníamos que aprender a hacerlo. De nuevo una vez que todos cerramos los ojos y nos concentramos en su voz y en sus indicaciones, ella fue uno por uno revisando nuestro estado de relajación.

Yo estaba tan centrada en los aromas y la música, que no la sentí acercarse hasta que sus firmes manos se posaron sobre mis hombros, debo reconocer que en cualquier otra situación me habría sobresaltado, pero esta vez no.

Sus finos dedos se deslizaron por mis hombros de una forma muy sensual, supuse que era parte de la tarea de tratar de relajarme, pero me di cuenta de que no era así, cuando me susurró algo al oído. Me dijo que se había dado cuenta en como la miraba desde el primer momento y que y también le resultaba atractiva.

Yo sonreí y ella me besó en la nuca, era muy excitante saber, que estábamos bajo el cobijo y la seguridad de que todos los demás permanecían con los ojos cerrados.

Su aliento seguía acariciando mi nuca y yo me empezaba a poner algo nerviosa, pero pronto sus manos pasaron a la acción y comenzaron a acariciarme el cuello y los hombros.

Ella se sentó detrás de mí, y pude notar sus pechos sobre mi espalda, eran tersos y firmes. Sus manos se deslizaron hacia las mías, que reposaban cerca de mi vientre y de allí pasaron a mis piernas. Con las puntas de sus dedos acarició mis desnudas rodillas, mientras sus labios me besaban en el cuello y los hombros.

Podía diferenciar su perfume de jazmín entre los fuertes olores de los inciensos, esa mezcla junto con la musica y sus caricias, empezaba a excitarme mucho. Trataba de disimular mi excitación, mordiéndome los labios para no dejar escapar ningún gemido delatador.

Pero cuando sus manos se acercaron a mi entrepierna pensé que ya no podría aguantar más. Jugaron con la tela de mi falda y con la piel de mis muslos.

En un susurro le pedí que desistiera en esa zona, pues terminarían por descubrirnos. Me hizo caso y apartó sus manos, para posarlas sobre mis senos.

Los apretó y acarició, suavemente, sus labios seguían besando mi cuello y mi mandíbula, suavemente me tumbó y giró mi cara, para besarme en los labios. Su sabor era dulce, como a manzana, y fresco como la menta.

Yo apenas podía reaccionar, sólo me dejaba llevar.

En esa posición, ella metió su mano por debajo de mi camisa, tocando la piel de mis senos. Mis pezones se endurecieron tan sólo con la idea de que ella me estaba tocando. Su pelo me hacia cosquillas en las mejillas y podía oler el jazmín más de cerca.

Su mano seguía acariciando mis senos, jugando con mis pezones, yo deseaba tocarla pero no quería que nos descubriesen.

En ese momento la música finalizó y yo me asusté, pero ella fue rápida y pidió a todos que mantuvieran los ojos cerrados y siguieran en ese estado.

Muy despacio me levanto, ella se arrodilló y nuevamente volvió a besar mis labios. Volvió a su posición y poco a poco nos hizo salir del estado de relajación. Tras esto todos compartimos impresiones y nos despedimos de ella hasta la próxima clase.

Estoy deseando volver...

Leer Más...

17 sept 2008

Lo prometido es deuda



Si os acordáis hace unos días os conté una experiencia con cam, con una chica que conocí por Internet en el crucero, y que días después me dedicó un sensual desnudo por cam.

Como le dije qué le pagaría con la misma moneda, ayer por la tarde me decidí a ello. Contacté con ella y comenzamos a charlar de cosas triviales y poco importantes.

Conforme avanzaba la conversación, fui insinuándole con sutileza el ponernos la cam, ella lo captó enseguida y nos la pusimos. Ella estaba preciosa, se había recogido el pelo, en dos graciosas coletas altas, como si de una colegiala se tratara.

Yo llevaba una camiseta de tirantes, sin sostén y el pelo suelto y mojado, pues aún hace un poco de calor aquí. Empezó a deshacerse en halagos conmigo y yo no hacía más que sonrojarme, siempre he sido muy vergonzosa aunque no lo parezca.

Ella no hacía más que hablar de lo mucho que le gustaba mi larga melena negra, y lo dulce que parecen mis ojos. Yo estaba deseando comenzar a desnudarme para ella, y pagarle lo que hizo el otro día por mí.

Mordí mis labios, por los nervios y ella lo encontró muy excitante e inocente. Ya no quise esperar más y enfoqué la cam a mis piernas. Me había puesto unos finos pantis de color blanco para darle más morbo. Mis piernas cruzadas se abrieron lentamente y una de ellas se apoyó con el pie en una leja del escritorio, así en alto, con mis manos acaricie mi muslo semi desnudo, introduje mis dedos por debajo del panti y empecé a bajarlo por mi rodilla y mi pantorrilla muy despacio.

Con la lengua lamí mi rodilla, cuando ya me había bajado el panti hasta el tobillo, donde lo dejé para continuar con el otro, repetí el proceso hasta tener los dos en los tobillos. Me levanté mostrándole la diminuta falda que me había puesto para ese momento, de color azul claro con pliegues y muy corta.

Mis manos se posaron sobre mi trasero, acariciándolo y apretándolo, mientras mi cadera se contoneaba al ritmo de una sensual música imaginaria.

Lentamente me fui bajando la falda, mostrándole el diminuto tanga que me había puesto. Jugué un poco con el, enredándolo con mis dedos. Me di la vuelta y con mucho cuidado me quité el tanga, tapando mi pubis, con los dedos de una mano.

Poco a poco fui quitándolos, mis mejillas se sonrojaron, cuando por fin deje ver mi entrepierna. Me acaricie con cuidado y dulzura, me sentía muy excitada, y por la mirada de ella, podía ver que también lo estaba.

Deje que observara mi pubis durante unos minutos, mientras lo acariciaba con la punta de los dedos. Entonces me senté de nuevo, y comencé a acariciarme los senos, con las dos manos, una de ellas la metí por debajo de la camiseta, no sabía cómo hacer esto más morboso hasta que, fijé mi vista en una pequeña botella de agua que tenía sobre el escritorio.

Sin pensarlo la destapé y me la tiré por encima, mojando toda la camiseta, la cual se transparentó, pude ver su cara de agradable sorpresa y una pícara sonrisa floreció de sus labios.

Seguí jugando con mis pechos y mis pezones que podían verse claramente a través de mi mojada camiseta. Cuando me di cuenta, que ella también se estaba acariciando, por lo visto no pudo reprimirse.

Me encantaba ver que ella disfrutaba con mi show. Me bajé los tirantes, acariciando mis hombros y apoyando mi mejilla en uno de ellos, con cara de inocente, me quité la camiseta por debajo, dejando al aire mis senos húmedos.

Los acerqué a la cam para que pudiera ver con detalles, como los acariciaba, como jugaba con mis pezones, ella no dejaba de escribirme, lo mucho que deseaba lamerlos y morderlos.

Yo cada vez, estaba más excitada, se podría decir que es igual de excitante verlo y hacerlo.

Bajé de nuevo mi cam, enfocando mi pubis, mis manos se dirigieron allí, para colmar de caricias mi entrepierna. Separé los labios de mi vagina, muy despacio, cuando se pudo ver mi clítoris, lo apreté como si de un botón se tratara, lo acaricié, humedecí mis dedos y continué jugando con el.

Con la otra mano me tocaba la parte interior de los muslos, lo cual me producía un gran placer.

Durante un buen rato estuve así, alternando mis caricias entre mi clítoris y la entrada a mi vagina. Cuando sentí que necesitaba introducirme los dedos, decidió dar por terminado el show. Apenas tenía tiempo, pues había quedado con una amiga, y esto se había alargado demasiado.

Me despedí de ella, con la sensación de haber pasado un rato sumamente agradable, y con la ilusión de que quizás con el tiempo, llegásemos a más. Quizás una cita de verdad...

Leer Más...

12 sept 2008

Volviendo al trabajo

Ya se acabaron las vacaciones y de vuelta al trabajo en la oficina y el salón de masajes. Ando un poco oxidada y el primer día le pedí a mi jefa que me dejará practicar un poco con alguna compañera.

Y así lo hicimos, Conchi se ofreció para ayudarme a coger práctica de nuevo, nos metimos en una de las salas y nos pusimos a ello.
Decidí que comenzaría con un masaje completo, para no perder mucho tiempo, así que la mande a desnudar detrás del biombo y que se tapara con la toalla.

Se tumbó en la camilla, puse la música y me prepare para untarle los aceites, enrollé su toalla hasta sus nalgas, donde se quedó cubriéndolas, unté mis manos con los aceites y los esparcí desde sus piernas, pasando por su espalda hasta sus hombros.

Una vez que toda su piel se embadurnó de aceites, comencé con el masaje. Sus hombros estaban realmente tensos y me centré mucho en ellos. Su cuello fino pero bien formado también acumulaba mucha tensión. No había perdido mucha práctica, ya que recordaba todos y cada uno de los movimientos necesarios para un masaje relajante.

Descendí hasta sus omoplatos desde donde me dirigí hacia su columna. Revisé cada vértebra con cuidado y atención, y después de un buen rato relajando la zona, me dediqué a sus piernas. Con eso ayudaría a que su circulación y drenaje fuera más eficaz.

No me había dado cuenta antes, pero Conchi tenía unas piernas preciosas, largas y contorneadas, morenas por el sol. Sus tobillos eran realmente sensuales, llevaba una de esas modernas pulseras de tobillo que decidí quitarle para no incomodar mi trabajo.

Mientras me centraba en sus piernas, un suave sopor me inundó, el hecho de acariciarlas me estaba excitando y mi pulso tembló por unos segundos, debía disimular como fuera para que ella no lo notará.

Pero me costaba mucho, las curvas de sus piernas me hipnotizaban de tal forma, que por un momento me quedé inmóvil observándola. Ella se inclinó y me miró sorprendida, me preguntó por qué hacía parado y sin pensar le respondí, que sus piernas eran tan sensuales que me había excitado.

Cuando me di cuenta de la metedura de pata, ya era un poco tarde, Conchi se había sentado sobre la camilla, de un salto y cubría su cuerpo con la toalla, parecía algo asustada.

Yo traté de explicarle que había sido un pequeño error, pero ella me interrumpió. Cogió mi mano y me acercó a ella. Ahora es cuando la que empezaba a asustarse era yo.

Me puse a temblar, pues esperaba una regañina por su parte, pero para sorpresa, no fue así. Me miró fijamente a los ojos, me acercó más a ella y me besó. La curiosidad pudo conmigo y le pregunté, por qué hacía eso y ella estaba felizmente casada.

Su respuesta fue contundente, quería probar cosas nuevas, y sinceramente, yo no era quien para negárselo. Ella con una seguridad en sí misma, que me sorprendía, me quitó la bata. Debajo de esta llevaba una blusa, ella me besó el cuello mientras uno a uno me los iba desabrochando.

Yo acariciaba sus muslos desnudos, suaves por los aceites y tan deseables... Ella me desnudó de cintura para arriba, mis senos aun cubiertos por el sostén, le resultaron muy apetecibles y no dudó en acariciarlos y besarlos con ansía. Casi me hacía daño, pero me gustaba.

Me quité el sostén despacio y con algo de vergüenza, para facilitarle las cosas. Hundió su cara en mis senos desnudos, su lengua lamió mi piel, con cierta timidez, pero resultaba muy erótico, verla, sus mejillas rosadas por la vergüenza, pero con esas ansías de probar nuevas experiencias.

Mis manos ya habían llegado hasta sus nalgas, y las acariciaba y apretaba con pasión, eran redondas y duras, muy jugosas.

Ella empezó a lamer mis pezones, haciendo que estos se endurecieran, jugó con ellos un buen rato, de mi boca ya comenzaban a escapar unos suaves gemidos cuando un toqué en la puerta nos sobresaltó.

Nuestra jefa ya nos reclamaba para empezar los turnos, ambas nos miramos con cara de inconformidad, y asentimos para levantarnos y vestirnos.

Le prometí que nunca contaría lo que allí había ocurrido y ella me pidió que algún día se volviera a repetir.



Leer Más...

9 sept 2008

Mi buena amiga Alicia ( VideoRelato )



Como ya dije en varias ocasiones, hace poco que comencé a moverme por el apasionante mundo de internet y los chats. Mientras viajaba en el crucero, pude conectarme desde allí y conocí a una chica muy simpática, nos dimos los messenger y hace un par de días volví a contactar con ella.

Nos enviamos las fotos de nuestras vacaciones y nos contamos las pequeñas aventuras que vivimos en ellas.

Mientras charlábamos, cada vez me entraba más curiosidad por ver como era, por escuchar su voz, ya que desde el crucero no podíamos porque no teníamos webcam allí.

No sabía como pedírselo ni en que momento de la conversación encajaría, pero me moría de ganas por verla.

Fue como si me leyera la mente, cuando de repente ella misma me pidió la cam. Me alegró mucho esa coincidencia y no dude en decirle que sí. Las conectamos y cuando su imagen apareció en mi pantalla me quedé alucinada. Era preciosa, muy linda, una chica no muy delgadita, su cara era redonda con unas mejillas sonrojadas que le daban un aspecto delicioso, sus ojos grandes de color miel eran muy vivos y alegres. Su piel tan blanca sin llegar a parecer mortecina resaltaba
Sus rosados labios, grandes y jugosos.

Me deshice en halagos con ella y ella conmigo, me costaba seguir la conversación pues sus ojos me tenían hipnotizada y su cuerpo despertaba en mí unos deseos muy sensuales.

Mientras chateamos en mi imaginación, desnudaba lentamente su cuerpo, acariciaba su piel y besaba su cuello, con suavidad y dedicación. Sus ojos me observaban con detenimiento y sus manos jugaban con mi cabello.

Pero algo me sacó de aquel sensual pensamiento, Alicia se había levantando y me daba la espalda en la cam., en el Chat me había dejado escrito algo: Tengo una sorpresa para ti.

Me sorprendió tal cosa, pues no tenía ni la menor idea de a que se podía referir, así que me mantuve atenta a la cam., ella seguía de espaldas y entonces comenzó a desnudarse.

Muy despacio se quitó la camiseta de tirantes color salmón y dejó su espalda al aire, tenía unos hombros bien formados, rectos y finos, su espalda me invitaba a recorrer su columna con la lengua.

Sus manos se dirigieron hacia su cintura y desabrocharon su pantalón, ella se lo quitó muy despacio, podía ver sus nalgas, redondas y prietas, cubiertas a duras penas por un tanga muy fino que dejaba muy poco a la imaginación.

Sus muslos tersos y contorneados eran preciosos, se dio la vuelta y pude ver su tanga por delante, tan transparente que parecía no llevar nada. Yo estaba muy excitada contemplando aquel maravilloso regalo, sus piernas interminables y su cintura perfecta, deseaba tanto tenerla a mi lado y poder hacerla mía.

Comenzó a acariciar sus ingles y a meter su mano por debajo de la tela del tanga, acariciando su suave pubis. Acto seguido tomó asiento de nuevo, y enfoco la cam. hacia sus senos aún cubiertos por el sostén.

Los acarició con delicadeza y posó sus manos en la espalda para quitarse el ya mencionado sostén. Sus pechos desafiaban las leyes de la gravedad, grandes y firmes se contoneaban con cada movimiento suyo. Se metió los dedos en la boca, los humedeció y comenzó a pasarlos por los senos, mojándolos cada vez más.

Sus pezones ya comenzaban a endurecerse y eso me excitaba cada vez más, quería poder acariciarlos y lamerlos con mi lengua, la cual estaba deseosa de sentir su piel.

Le había prometido que sólo observaría y me contuve las ganas de acariciarme en muchas ocasiones. Pero cuando la cam dirigió su objetivo hacía su entrepierna y pude ver como sus dedos traviesos apartaban el tanga, dejando a la vista su pubis, los sudores comenzaron a recorrer mi cuello.

Estaba tan excitada que el calor que mi propio cuerpo desprendía, me hizo sudar. Ella no se dio cuenta y siguió con su juego.

Acarició vivamente su clítoris, de su rosada vagina emergía un brillo causado por la segregación de fluidos debidos a la excitación que ella también sentía.

Inmediatamente introdujo con suavidad uno de sus dedos, lo mantuvo dentro unos segundos y continuó con el movimiento. Podía ver como su cuerpo se estremecía con cada entrada y salida.

Yo apenas podía aguantar el deseo de acariciarme, pero una promesa era una promesa.

Ella cada vez embestía sus dedos con más fuerza, casi podía escuchar en mi imaginación sus gemidos de placer, trataba de imaginar la sensación con la cual ella estaba disfrutando en ese momento.

Entonces su cuerpo comenzó a temblar, sus piernas se encogieron y su mano se detuvo. Había llegado al orgasmo y yo no había perdido detalle.

Pero no quiso mostrarme su húmedo sexo tras el orgasmo. Se enfocó de nuevo al rostro y con una sonrisa me preguntó si me había gustado el regalo. Yo no tenía palabras para describirlo, pero ella supo leerlo en mi expresión.

Antes de despedirnos, le prometí que algún día yo también le haría un regalo.
Mi amiga Alicia, preciosa, encantadora, sensual y sublime... Mi amiga Alicia.

Leer Más...

21 ago 2008

Un dia especial....

Hoy ha sido un día extraño, poco habitual en mi vida tan rutinaria.
Atendía como siempre las miles de llamadas que recibimos en recepción, cuando le vi pasar.
Mi mirada se clavó en su amplia espalda, perfectamente dibujada por esa americana negra que suele llevar siempre.
Sus hombros, firmes y bien constituidos, sus brazos fuertes, es increíble la suavidad con la que es capaz de moverlos.
Me pregunto que se debe sentir al ser abrazada por ellos.
Como será el tacto de sus grandes manos sobre mi piel, recorriéndome entera centímetro a centímetro.

Estaba absorta en esos pensamientos cuando me di cuenta del calor que desprendía mi pecho, del tono rosado que habían tomado mis mejillas, cuando el pronunció mi nombre.
Lo miré fijamente sin saber que decir, pero el tampoco dijo nada.
Sólo extendió un papel sobre mi mesa, contenía un número de teléfono y una nota... Llámame esta noche.

No pude concentrarme en todo el día, preguntándome para que querría un hombre como el, que yo le llamara.
Llegué a casa aún dándole vueltas a todo lo sucedido, tomé una ducha y tan sólo vestida con una toalla, me tumbé en el sofá y cogí el papel con su número de teléfono.

Me temblaban las manos, no podía coger el auricular con firmeza, colgué en varias ocasiones, pero la curiosidad pudo conmigo.
A medida que marcaba los números mi corazón latía con más fuerza.
Al otro lado una voz masculina muy sensual me dijo que me estaba esperando.
Me quedé sin habla, empezó a decirme que estaba deseando escuchar mi voz, que le deleitara con su sonido.
Sólo se me ocurrió decirle hola.

Comenzó a describir cada parte de mi con una sensualidad abrumadora, dijo que le apasionaba como recogía mi cabello detrás de mi oído cuando alguien conversaba conmigo.
Le fascinaba la forma de mis pechos, cuando me ponía aquella blusa color crema con ese tímido escote, que dejaba volar su imaginación.
Deseaba arrancarme los botones con la boca, mientras pasaba su lengua por mis pechos, mirarme a los ojos mientras me desnuda suavemente.

Cuando quise darme cuenta, la toalla yacía en el suelo, y mi cuerpo desnudo vibraba con cada palabra que el pronunciaba.
Sobre mis pechos aún húmedos, se reflejaba la luz de la luna que entraba por la ventana, dibujando con maestría sus curvas.
Me sentía avergonzaba por esa sensación de placer que me producía su voz.

Me pidió que los acariciara y no dude en seguir sus indicaciones.
Rocé mis dedos sobre mis pezones y bajé por mi vientre, sintiendo como se me erizaba la piel, a medida que llegaba a mi ombligo.
Una vez allí, mi mano se adentro lentamente hacia mis muslos, acariciándolos, sentía el calor que desprendían e imaginaba que era la suya.
Deseaba sentirle dentro de mi, notar su aliento recorriendo mi cuello, dejar que me estrechara entre sus brazos, besarle, lamerle.

Inmersa en esa imagen, no pude detener el avance de mis dedos... me estremecí.

El silencio solo era roto por unos tímidos jadeos que a veces se confundían con los suyos.
Imaginaba que quien estaba dentro de mi era el y no mis dedos, los cuales se deslizaban a un ritmo acelerado.
Sentía ese delicioso calor por mis muslos, mientras me mordía los labios de placer.

Una increíble sensación recorrió mi espalda subiendo por mi nuca, y desatándose en mi boca en forma de gemido, mis dedos dejaron de moverse, dejando escapar entre ellos el néctar del placer y mi cuerpo quedó temblando sobre el sofá.

Al otro lado del teléfono, con voz entrecortada podía escuchar como me decía, lo increíble que había sido, y que estaba deseando hacerlo realidad, se despidió dulcemente y colgó.


Tumbada, temblando aún, comencé a pensar que había significado todo esto, que interés tenía realmente en mi.
Me sofocaba la idea de verle al día siguiente en el trabajo, con que cara podría mirarle, no aguantaría la vergüenza...

Me dormí pensando en que había sido maravilloso...

Leer Más...

19 ago 2008

Sorpresa en la sauna !!

Pues si, menuda sorpresa.
Las chicas me invitaron a un spa aquí en Madrid, para liberar tensiones.
La verdad que me venia haciendo falta desde hacia mucho tiempo, y no me lo pensé dos veces.

Aquello es genial, sauna, hidro-masaje, terma, acupuntura es una delicia.
Nos juntamos todas en la bañera de hidro-masaje mientras contábamos entre risas lo aburridas que son nuestras vidas.

Fue extraño lo que ocurrió después, no se si era por lo relajada que estaba, o por la somnolencia que produce la temperatura del hidro-masaje, pero me entro sueño, ese sueño dulce de después de comer que nos invita a dormir la siesta.

Recosté mi cabeza sobre el hombro de Lidia y esta rodeó mi cintura por debajo del agua, me sentí placenteramente cómoda, no me importaba que el resto de las chicas se hubieran dado cuenta, y creo que a ella también se le hacia agradable esa situación.
En medio de tanto alboroto y risas, mi imaginación echó a volar, pensé en como sería el tacto de los pechos de Lidia, eran voluminosos y atractivos a la vista, su piel blanca me invitaba a acariciarlos...

Recorrí su cuerpo con la mirada, hasta que me encontré con los ojos de Susana, me sonrojé al instante, creo que se dio cuenta de todo.
Estaba avergonzada y a la vez excitada por que me había descubierto.
Seguimos un rato más en el balneario, y después fuimos todas a mi casa a pasar la tarde.

Las chicas se pusieron una película y yo me fui a mi habitación, tenia sueño y no dejaba de pensar en lo que había ocurrido en el hidro-masaje.
Me recoste en mi cama, y volví a recordar los pechos de Lidia, no podía quitarme los de la cabeza, aun estaba muy excitada.
Comencé a acariciarme imaginando que eran sus manos las que recorrían mi piel, apretando mis pechos con cuidado...
De repente algo me sobresalto, alguien había entrado en mi habitación.

Abrí los ojos y vi su figura acercándose a mi, estaba desnuda, y aunque estábamos a media luz, supe que era ella, sus pechos eran inconfundibles, Lidia había entrado desnuda y se acercaba hacia mi.
Se sentó a mi lado y me apartó las manos de mis pechos, recosto su cabeza sobre ellos, y comenzó a besarlos.
Era la sensación mas increíble que había sentido en años, el calor que desprendían sus labios me hacia temblar, resbalaba su lengua por ellos sin dejarse ni un sólo centímetro por recorrer.
Levantó la cara y clavó sus ojos en los mios mientras se dirigía hacia mi pubis, comencé a temblar a medida que se acercaba a el.

Cerré los ojos, ella separo mis piernas con dulzura y se adentró en mi, podía sentir como su lengua se introducía firmemente, como sus labios me presionaban y como se me erizaba la piel de placer.
Me incliné hacia ella, y la tumbé en la cama.
Besé sus labios, su barbilla, su cuello, llegué hasta sus senos, los cuales lamí sin pensar, bajé mi mano hasta su pubis, y con mucho cuidado introduje un dedo.
Ella comenzó a gemir, seguí jugando con sus pezones, mordiéndolos con suavidad, escucharla jadear me excitaba más por momentos.
Mis dedos ya húmedos, seguían entrando y saliendo de ella, cada vez más rápido.
Susurro mi nombre, que voz más dulce, no podía dejar de besarla, no quería sacar mis dedos de ella.
Lidia comenzó a temblar conmigo aún dentro, cuando aquel liquido maravilloso empezó a mojar mi mano, me sumí en un orgasmo increíble.

Me tumbé sobre ella, exhausta y sudorosa, acarició mi pelo y me besó.
Y así abrazadas y desnudas, nos quedamos durmiendo.
No me importaba que las demás se dieran cuenta, y creo que a Lidia tampoco...


Leer Más...

5 ago 2008

BESOS DE AMOR AUTENTICO


www.Tu.tv

Leer Más...

27 jul 2008

Tres no son multitud

Los que me leéis, ya sabéis que me gusta salir con las amigas de fiesta, una cena, un paseo y la discoteca.

Allí suelen ocurrir cosas muy curiosas, no siempre es así, pero yo debo ser una chica con suerte. Aquel día yo y una amiga estábamos muy aburridas y decidimos salir esa noche a tomar algo.

Fuimos a una discoteca nueva, ya que la de siempre empezaba a ser muy monótona. El ambiente que encontramos era muy diferente al que estábamos acostumbradas, pero nos gustó desde el primer momento.

La música moderna, mucha gente pero sin ser agobiante, la sala bien repartida, había sillones para descansar y que las parejas tuvieran sus momentos de intimidad, mesas a un lado para no estar de pie en la barra, el local era bastante grande y amplio.

Comenzamos a bailar muy animadas, junto a un grupo de chicos, a cual más atractivo, el local estaba lleno de lo que se conoce como gente guapa, y a pesar de eso nos sentíamos muy a gusto allí.

Uno de los chicos se acercó a mí y me tomó por la cintura para bailar conmigo, yo miré a mi compañera, la cual me guiñó un ojo, en señal de que disfrutara del momento.

Rodeé su cuello con mis brazos y moví mi cadera al ritmo de la música, el me sonreía sin parar, mientras me sujetaba firmemente por la cintura. El chico sabía moverse muy bien. Como pudimos entablamos una conversación, el se llamaba Alejandro y era un joven empresario, estuvimos hablando de nuestros gustos y de todo un poco.

La conversación se volvió tensa, al menos para mí, cuando me mencionó a su prometida, ya no era simplemente su novia, si no que en menos de dos años se casaban.

En ese momento, me sentí tan incomoda que quise soltarme y volver con mi compañera, pero el no me lo permitió. Le pedí, por favor, que me soltara, pero se negó en rotundo.

Entonces apareció una chica alta, rubia de pelo largo y rizado, era preciosa, tenía un cuerpo de escándalo, posó una de sus manos, sobre el hombro del chico y le besó con cariño en la mejilla, supuse que era su novia, pero me extrañó que no montará un espectáculo al verle bailando con una desconocida.

Ambos me invitaron a subir a la parte de arriba, donde los sofás, yo me quede un poco extrañada, pero accedí.
Una vez allí nos sentamos y pudimos hablar tranquilamente, la música no era tan fuerte y podíamos oírnos bien al hablar.

Ella se llamaba Amanda, y efectivamente era su prometida, la chica no dejaba de mirarme los pechos y yo cada vez estaba más confusa.
De pronto él le comentó algo al oído y ella afirmó sonriendo con la cabeza, ambos me miraron pícaramente y yo sentí algo de miedo, tanto misterio me ponía nerviosa.

Ellos sin previo aviso comenzaron a besarse y a acariciarse delante de mí, yo decidí dejarlos a solas, pero ella me miró y me dijo, que aquello era una fiesta para tres. Entonces lo entendí todo, querían hacer un trío, y la verdad ambos despertaban en mi un deseo irrefrenable, pero no sabía cómo entrar en el juego.

Entonces ella se sentó entre nosotros y sin mediar la palabra deslizo su mano sobre mis muslos desnudos, su pulso firme y su actitud atrevida me hacían temblar de deseo.

Mientras el chico le desabrochaba la camiseta y dejaba al aire sus desnudos senos, no pude evitar fijarme, en que en uno de sus pezones, portaba un pendiente, al que Alejandro le prestaba mucha atención. Su lengua jugaba con él, y ella llegó hasta mi pubis, me hizo abrir las piernas y con sus dedos dibujó círculos sobre él.

Yo me incliné y la besé en los labios, nuestras lenguas jugaron como si de un pulso se tratara, sus dedos se introdujeron por debajo del tanga y fueron directos hacia mi vagina.

Me parecía que todo iba muy deprisa, yo soy amante de la sensualidad y el erotismo, pero esta pareja prefería el sexo fuerte. El chico pronto se puso de rodillas y le quitó las bragas a ella, para hundir su lengua en su entrepierna.

Yo estaba muy excitada pero no me sentía realmente cómoda, por como estaban sucediendo las cosas, todo iba muy deprisa, tras esto, él se levantó, se desabrochó los pantalones y sacó su miembro erecto, invitándonos a lamerlo.

Yo ya no quería seguir, todo era muy frío, ni siquiera podía creer que eran pareja, ella me soltó y comenzó a lamer el miembro de Alex, en ese momento en que los dos se sumergieron en una marea de éxtasis y placer, yo me levanté y salí apresuradamente de allí.

Cuando encontré a mi compañera, esta me notó algo nerviosa, pero no quise contarle lo sucedido para no estropearle la noche.

Por suerte para mí, no ocurrió nada más, no volví a verlos en todo el tiempo que estuvimos allí, y pude disfrutar de una agradable noche de baile y risas con mi compañera.

La verdad que la experiencia fue excitante, pero tengo mis limites y si algo no me gusta, pues mejor me retiro.

Leer Más...

12 jul 2008

En los probadores de una tienda

Como a toda mujer me encanta ir de tiendas y aunque la costumbre es ir con la compañía de las amigas, yo prefiero ir sola, no tengo opinión más objetiva que la mía.

Como decía, me gusta mucho ir a una tienda de ropa cerca de casa, la cual considero una de las más modernas de la ciudad y de la cual omitiré el nombre.

Y allí me ocurrió algo digno de contar.

Cuando entre por la puerta salude a Lorena, la joven dependienta que siempre me atendía, era menuda, tenía el pelo teñido de color rojo, un rojo fuego muy llamativo, ojos claros de un color entre verde y almendra, y tenia un pendiente en el labio inferior en forma de brillante. Era muy guapa a pesar de su aspecto un poco macarra.

Mis ojos se clavaron en un precioso conjunto de blusa y pantalón, color blanco, y le pedí mi talla para probármelo. Me dirigí hacia el probador y ella me lo entrego enseguida.

Con cuidado me desnude, protegida por la cortinilla y me dispuse a probarme aquel conjunto, me quedaba genial y aunque era un poco caro decidí quedármelo.

En ese momento entró Lorena sin avisar, yo me sentí bastante cohibida, pero ella se mostraba muy natural, me miro de arriba abajo y me dijo, que no le gustaba como me quedaba.

Me sorprendió muchísimo la reacción de esta y no pude evitar preguntar el porqué, ella comenzó a hacer círculos a mi alrededor y sin dejar de mirarme, se plantó justo enfrente mía y poso sus manos sobre los botones de la blusa, mi primera reacción fue la de rechazo, conocía de hace tiempo a Lorena, pero nunca había tenido ese tipo de acercamientos con ella.

Sonrió y me dijo que me tranquilizara, aparte mis manos y la deje hacer, ella me abrió la blusa con suma delicadeza, botón a botón, debió notar como mis mejillas se sonrojaron pues me miro y las acaricio con una de sus manos en ese momento supe cuales eran sus intenciones, y tras meditarlo un poco decidí seguirle el juego.

Mientras ella aún peleaba con los botones, yo acaricie su pelo de fuego, sus ojos se abrieron de par en par, le sorprendió bastante mi reacción y esta vez fui yo quien le regalo una picara sonrisa.

Mi blusa ya casi estaba abierta, mis pechos semi desnudos comenzaban a vislumbrarse y ella se percató de ello, con uno de sus dedos dibujo círculos sobre ellos, yo la tenia cogida por la cintura, mientras ella seguía admirando y acariciando mis pechos.

Yo no quería ser la parte pasiva y le quite la apretada camiseta que llevaba, sus tersos senos rebotaron al quitarle la camiseta, no tenía sostén eran pequeños pero muy redondos, sus pezones rosados te invitaban a lamerlos y acariciarlos.

Ambas nos acariciamos, ella me quito el sostén y me abrazo, nuestros senos ya desnudos se aplastaron los unos contra los otros, sentí sus pezones erectos sobre mi piel y no pude evitar acercarme a sus labios para besarlos.

Su pendiente me hacia cosquillas, nuestras lenguas jugaban animadamente y nuestras manos nos daban mutuo placer, podía cubrir sus pechos con mis manos abiertas, abarcando toda su superficie.

Me senté en el taburete y la hice sentarse sobre mis rodillas, desde esa posición mis labios tenían contacto directo con sus senos, mi lengua se deslizó sobre sus pezones tímidamente, ella inclinó su cabeza hacia atrás de placer, yo hundí mi cara en ellos.

Desprendían un olor a body milk muy agrádale, su piel sabia a dulce, mi lengua se volvió a deslizar por en medió de sus pechos mientras mis manos los apretaban contra mis mejillas. Ella no dejaba de gemir y contonear su cadera sobre mis piernas.

Mis manos bajaron hasta su falda y se colaron por debajo de esta, quería acariciar su sexo, sentir su calor y su humedad, y jugar con preciado botón del placer.

La hice levantarse y baje su diminuto tanga hasta los tobillos y en esa posición mis dedos se adentraron en entrepierna su sexo estaba bastante húmedo y cálido la mire y ella abrió más las piernas dándole vía libre a mis juguetonas manos.

Pero en ese momento una clienta entró en la tienda, ella se asustó y con rapidez se volvió a vestir, me pidió que la esperara que pronto despachara a la clienta.

Yo comencé a vestirme y pensé que lo mejor seria que me marchara la experiencia había sido sumamente placentera, pero si nos pillaban ella podía perder su empleo, y no merecía la pena.

Con la mirada fija en el suelo salí del probador y me encamine hacia la puerta, la miré y me despedí de ella, trato de detenerme pero le insinué que habría más oportunidades y que me lo había pasado genial.

Una vez que ya estuve en la calle, respire hondo, estaba muy excitada, me fui a casa y en la intimidad de mi habitación recordé paso a paso todo lo sucedido mientras me acariciaba desnuda sobre la cama.

Leer Más...

6 jul 2008

Despedida de soltera 2ª parte

Como ya os comente anteriormente, Helenita se casaba y nos fuimos de fiesta para despedir su soltería, ocurrieron muchas cosas, pero la historia no quedó allí.

Como compañeras suyas y buenas amigas que somos, nos pidió que fuésemos sus damas de honor y claro esta aceptamos con ilusión.
Lo que ocurrió antes de la boda fue lo siguiente.

Los preparativos se hicieron en la casa de campo de su hermana, las chicas y yo nos encargamos de vestirla, estaba preciosa con aquel vestido, era el tradicional blanco perla, con bordados en la falda y un escote precioso sin mangas que realzaba sus esplendidos pechos. La cola era medianamente corta y el velo se mantenía en una diadema de brillantes muy elegante. Los guantes blancos de medio brazo le daban un aspecto muy distinguido, en definitiva, le quedaba perfecto.

Mientras las chicas le atusaban el velo y acomodaban la cola, yo estaba terminando de adornar el ramo, cuando de repente, nos pidió que la dejáramos a solas. Todas nos sorprendimos un poco, pero nos imaginamos que con los nervios era algo normal. Cuando todas salieron y yo me disponía a hacer lo mismo, me paró en seco y me pidió que me quedara.

Yo no salía de mi asombro inicial, no estaba muy segura de que es lo que quería de mí, pero imaginé que sería para hablar de lo que ocurrió en la fiesta de la semana anterior. Me senté sobre la cama y la miré esperando a ver que me decía.

De repente ella se giró hacia la puerta y puso el pestillo, yo empecé a ponerme nerviosa, me miró con una cara de deseo que pocas veces había visto antes y como si de una fiera salvaje se tratara, se abalanzó sobre mí, con vestido incluido.

Caímos sobre la cama y empezó besarme con pasión, en los labios, el cuello y mi pecho. Yo no podía reaccionar entre la sorpresa y el susto. Como pude me la quite de encima y le pedí que parase.

Ella se contuvo y le pedí una explicación, comenzamos a hablar. Me dijo que siempre me había deseado pero que igualmente estaba muy enamorada de su futuro marido y que tras la boda jamás volvería a insinuarse, pero no podía olvidar lo que ocurrió el día de la fiesta y no quería casarse teniendo ese deseo aún en mente.

Yo no sabía que hacer, la deseaba tanto como ella a mí pero la imagen de su novio no se me iba de la cabeza y así se lo dije, ella se rió a carcajadas y me dijo que su novio ya lo sabia y que tenía su permiso, yo no me lo creía y ella viendo mi cara de incredulidad cogió su móvil, dispuesta a llamar a su novio.

En ese momento la creí por completo, rápidamente me levante y le quite el móvil de las manos, lo deje encima de la silla y la hice acompañarme hasta la cama.

Nos sentamos y la bese suavemente en los labios mientras la rodeaba con mis brazos para desabrocharle el vestido, no quería que se estropease, ella me ayudo en todo el proceso, con cuidado le quite la falda y el can can dejándola semi desnuda, sólo con la ropa interior.

Estaba impresionante, los pantis blancos sujetos deliciosamente por un liguero y debajo de este un tanga a juego, totalmente de encaje que no dejaba lugar a la imaginación.

La liga era sumamente tentadora, se puso en pie y apoyo la pierna con la liga sobre el borde la cama, entre mis piernas. Mientras ella se quitaba el liguero, yo apreté con mis labios la liga y la hice descender hacia sus tobillos.

Mis manos ascendieron por su pierna aun cubierta con el panti y cuando llegaron hasta su muslo a medida que iba bajándolo mi lengua lamía su piel desnuda.

En ese momento, ella suavemente me empujó sobre la cama con su pie ya desnudo y se sentó sobre mí, se quitó el sostén dejando sus preciosos y tersos senos al aire y se inclinó sobre mí. Muy despacio me quitó el corsé que formaba parte de mi vestido de dama de honor y se sorprendió al ver que no llevaba sostén.

Nuestros senos desnudos se rozaron suavemente y todo mi cuerpo tembló, posé mis manos en su trasero y lo apreté contra mí. Ella me besó en los labios y después se centró en mis senos, los acarició con sus dedos y pronto su lengua ya se paseaba por mis pezones haciéndolos endurecer de placer.

Yo gemí y en un arrebato me la quité de encima y la puse boca arriba en la cama. Con mi lengua tracé un camino desde su cuello hasta su ombligo, donde me detuve mientras mis manos le quitaban aquel diminuto tanga.

Ella mantenía los ojos cerrados disfrutando de mi tacto sobre su piel, una vez que la tenía allí completamente desnuda, besé sus muslos hasta llegar a su pubis. Mi lengua se introdujo entre los pliegues de su sexo buscando su jugoso clítoris, estaba húmedo y era muy cálido. Con la punta de mi lengua lo acaricie una y otra vez y ella se contoneaba con cada una de mis caricias.

Sentí como su vagina desprendía un calor ya conocido y supe que era el momento. Humedecí uno de mis dedos y suavemente acaricie los pliegues que protegen su vagina antes de introducirlo con cuidado.

A medida que mi dedo entraba en ella sus mejillas tomaban un color rosado muy excitante, entonces me incline para besarla, nuestras lenguas jugaron en su boca con ansía.

Mi mano seguía en su entrepierna buscando su punto G, quería hacerla gritar de placer y ver como se sumía en un orgasmo, por lo que introduje un segundo dedo, ella me agarró fuerte del brazo dándome a entender que había llegado a mi destino.

Mi lengua descendió hasta sus senos y lamí sus pezones al tiempo que los apretaba con los labios, su cadera no dejaba de moverse y mis dedos entraban y salían cada vez con más brío.

Cuando noté que por mis dedos se escurría una sustancia tibia, su cuerpo comenzó a temblar y ella gimió de una forma que casi me produce a mí un orgasmo, no quería llamar la atención de las chicas que rondarían cerca de la habitación y la bese para acallarla.

Pero las chicas ya la habían oído y golpeaban la puerta esperando una respuesta, nos miramos y nos reímos a carcajadas mientras gritábamos que no pasaba nada.

Ella sudaba y aún temblaba por lo que decidió darse una ducha, yo me vestí y me quedé arreglando el vestido. Cuando salió de la ducha me dio las gracias por haberla dejado cumplir uno de sus más eróticos deseos y yo me sentí abrumada.

Dejamos entrar a las chicas que no dejaban de preguntar que demonios había pasado y nosotras entre risas sólo decíamos que nada.
Sé que muchas de ellas sospecharon lo que sólo nosotras y esas cuatro paredes habíamos vivido momentos antes, pero ninguna se atrevió jamás a insinuar nada.

La boda ocurrió sin problemas y después de aquello ella cumplió su promesa, seguimos siendo amigas y compañeras en el salón, pero nos une aquella experiencia que nunca olvidaremos.

Leer Más...

22 jun 2008

De acampada con los amig@s

Tengo un grupo de amigos a los que les gusta mucho ir de acampada, y aunque a mí me encanta suelo tener poco tiempo. Pero él verano pasado no pude resistirme a la invitación de hacer acampada libre en los lagos de Covadonga en Asturias.

Íbamos unas 7 personas, los gemelos Andrés y Ramón, Silvia, Lola y sus parejas, Alejandro y Pedro. Salimos jueves de madrugada, para llegar a buena hora, porque además debíamos llegar hasta él segundo lago para poder acampar. Y debíamos rezar para que él tiempo acompañara, o si no, no dejan subir con él coche.

Por suerte él viaje fue sin ningún problema, llegamos por la tarde y después de haber pasado varios puertos de montaña, la subida hacia los lagos era pan comido. La carretera es firme, pero las vistas hacia él barranco dan miedo, me resulta increíble ver los autobuses subiendo por esa carretera.

Nos detuvimos en él mirador de la reina, donde se encontraba el primer lago, la niebla ya empezaba a notarse a esa altura y apenas podíamos ver las cabras montesas que se movían por entre los riscos, como si los Alpes se trataran. Mucha gente solía quedarse en él primer lago, pues subir al segundo ya era un poco más peligroso, pero como la acampada libre solo se puede hacer arriba, nos armamos de valor y seguimos la ascensión.

Por él camino, íbamos en tensión, pues un coche que iba delante de los nuestros no dejaba de calarse en las subidas, y nosotros ya estábamos de los nervios, pero gracias a dios, llegamos sanos y salvos al segundo lago. Aquello era precioso, un enorme valle verde, lleno de vacas claro, y él pequeño lago al fondo. Un poco más arriba había una especie de restaurante para los turistas. La niebla estaba bajando, y no podíamos acceder a la pequeña capilla, que hay un poco más arriba, así que decidimos ir a montar las tiendas.

No es recomendable ponerlas cerca del lago, pues las vacas se acercan a beber y eso supone una molestia, nos pusimos algo apartados así no molestaríamos a los rumiantes. Había otras muchas tiendas, en verano la gente suele venir, ya que los lagos están en deshielo, aunque algún invierno deberíamos volver, él paisaje debe ser de ensueño.

Se estaba haciendo tarde, los turistas ya empezaban a descender y una vez que montamos las tiendas, fuimos al bar a por café caliente y algo para compaña la cena, no se permitía hacer fuego, por tanto, si queríamos cenar caliente debía ser en él restaurante.

Cuando ya lo teníamos todo, nos sentamos delante de las tiendas a disfrutar de aquel maravilloso atardecer, y fue entonces cuando me di cuenta de que esa noche iba a pasar mucho frío, la cremallera de mi tienda estaba rota, y a pesar de que era verano, allí arriba las temperaturas descienden mucho.

Entre todos tratamos de arreglarla, pero no hubo manera, entonces los gemelos se ofrecieron a dejarme dormir con ellos, ya que no era adecuado dormir con ninguna de las dos parejas, acepte de buena gana.

Terminamos de cenar y después de unas risas y varias llamadas de atención de los demás campistas, nos fuimos a dormir, me tumbé en medio de Andrés y Ramón, y me dispuse a dormir bien calentita en medio de los dos.

Pasado un rato me desperté al sentir que me estaban abrazando, era Ramón que me abrazaba por detrás, me di la vuelta para ver si estaba durmiendo, pero me encontré con su sonrisa y uno de sus dedos sobre mis labios, pidiéndome silencio.

Yo sabía de sobra que Ramón se sentía atraído por mí, y a mí también me gustaba, pero nunca me había planteado tener un encuentro íntimo con él, y menos con su hermano durmiendo al otro lado. Pero eso a él parecía no importarle, pues me beso con una dulzura increíble mientras me abrazaba con fuerza.

Yo no hice nada por evitarlo, durante todo el viaje no había dejado de mirarle, ni él a mí, lo que predecía que tarde o temprano esto iba a pasar.

Mis manos acariciaron su torso por debajo de la sudadera que llevaba puesta, y las suyas siguieron rodeando mi cintura con firmeza, hundí mi rostro en su cuello, que a pesar del frío, estaba caliente y eso me reconforto. Le bese despacio y con pausas, no quería hacer ruido para no despertar a Andrés.

Sus manos pasaron de mi cintura a mi espalda y se introdujeron por debajo de mi ropa, a pesar de que estaban frías, su tacto me hacia arder, la idea de mantenernos en silencio para no ser descubiertos aumentaba él morbo más aún.

Comenzamos a besarnos apasionadamente, y tratamos de acallar nuestros tímidos gemidos, pero resultaba una tarea difícil, él seguía acariciando mi espalda, y con un susurro le invite a desabrocharme él sostén, él así lo hizo, con sumo cuidado y delicadeza después de librarme de él, sus manos se acercaron tímidamente a mis senos.

Yo sonreía mientras le seguía besando en el cuello, y con la punta de mi nariz jugaba con su barbilla, mis manos, bajaron por su torso hasta su cintura, donde se detuvieron para colarse por debajo de su pantalón, pude sentir como su sexo, firme luchaba por salir de los calzoncillos, pero no era mi idea darle esa libertad.

Lo acaricie con mucho cuidado y eso le excito mucho, pues comenzó a besarme con desenfreno por él cuello y mis labios y sus manos sin más preámbulos cogieron mis senos y los masajeo con pasión, prestando una mayor atención a mis pezones.

Andrés pareció removerse y nosotros decidimos calmarnos un poco para no despertarle, yo seguí acariciando su pene, pero con más tranquilidad y él hizo lo propio con mis senos. Me sentía un poco avergonzada, pero él hecho de que no pudiéramos vernos entre tanta oscuridad me hacía sentir más segura.

Me levanto la camiseta y dejándolos al aire, acerco sus labios a ellos, y los beso profundamente, yo acaricie su pelo jugando con sus rubios rizos, mientras su traviesa lengua rodeaba mis pezones.

Con sus manos ya libres, posadas sobre mis nalgas, me apretaba contra su entrepierna y podía sentir la dureza de su sexo firme contra mi pubis, lo cual me excitaba sobremanera.

Él seguía besando y lamiendo mis senos desnudos, impidiendo que estos se helaran, yo no aguantaba más, deseaba sentir su cuerpo desnudo sobre él mío, pero eso no podía ser y tenía que conformarme con esto.

No podía ir más allá o acabaríamos haciendo el amor allí mismo, me contuve todo lo que pude y le pedí que cesara, pero él no quería, me apretaba contra él cada vez con más fuerzas y yo casi me volvía loca de deseo, ya no sentía frío, mi cuerpo desprendía un calor casi agobiante, y por más deseara que me penetrara allí mismo, le hice parar.

Andrés casi se había despertado y mirando fijamente a Ramón le pedí que lo dejáramos, él se resignó y me soltó. Me di la vuelta y me recosté dispuesta a tratar de dormirme, pero sabía que me iba a costar y más cuando él volvió a abrazarme, posando sus manos sobre mis senos aun desnudos debajo de mi camiseta.

Le permití hacerlo, pues en unos segundos ya había echado de menos su tacto, y así abrazados ambos conseguimos dormir, con él calor que nuestros cuerpos aun desprendían por él deseo que no había llevado a cometer aquella excitante locura.



Leer Más...

Una visita inesperada

Creo recordar que en algún momento he hablado de mi compañero de trabajo, con él que tuve algún que otro encuentro íntimo, para suerte mía no han sido los únicos.

No hace mucho falte al trabajo, durante algunos días, porque estaba con gripe y cuál fue mi sorpresa que un día alguien vino a hacerme una grata visita.

Me encontraba recostada en mi cama, tomando un té con limón, me ayuda a despejar la garganta, cuando llamaron a la puerta. Como pude me levante y con él pijama puesto y una cara de no haber dormido en semanas, fui a abrir la puerta.

Me quede pálida, más aún, cuando le vi allí delante con un precioso ramo de flores, tartamudee por un momento, no sabía que decir, él sólo sonrió y me pregunto si podía pasar.

Yo me aparte y le di paso, estaba tan sorprendida que durante unos minutos, mientras nos sentábamos en el sofá, no pude articular palabra, así que habló él solo por su cuenta. Me explico que había preguntado por mí en las oficinas y le dijeron que estaba con gripe, así que se las ingenio para encontrar mi domicilio y venir a hacerme una visita.

Yo seguía sin salir de mi asombro y solo podía darles las gracias, por su preocupación. Le ofrecí algo de tomar pero no quiso, prefirió seguir hablando. Me decía que sin mí por la oficina se le hacía algo aburrido y que extrañaba mi presencia.

El calor que comencé a sentir ya no era producto de la fiebre, si no del sofoco por tanta adulación, y él pareció darse cuenta cuando comenzó a reírse y me pidió perdón.

La situación para mí era realmente vergonzosa, mi aspecto era desastroso, ojeras, nariz enrojecida, voz ronca, palidez, pero a él parecía no importarle.

Me pregunto sobre mi trabajo en el salón de masajes, y bromeo sobre él hecho de que ahora era yo quien necesitaba un buen masaje. Pero parece ser que él no estaba bromeando, sin dudar me ofreció darme un masaje para aliviar el dolor de músculos que la gripe me estaba dejando.

Me negué, pues no me parecía justo aprovecharme de él, pero insistió tanto en que por más que dije que no, acabó convenciéndome.

Puse la calefacción para no coger frío, y me tumbe en la cama, solo con él camisón, él se sentó a mi lado y froto con energía sus manos, para no tocarme con ellas frías.

Al sentir sus manos sobre mi piel, todos mis males parecieron desaparecer, era tan cálido su firme tacto, que me estremecía tan solo con un roce. Yo sabía que no iba a ser un masaje normal, pero no pensaba que llegaría a ser tan especial.

Con cuidado aparto mi pelo de la nuca, y se inclinó sobre mí, para acariciarla con sus labios, eran tan tiernos... no pude evitar encogerme, porque un escalofrío de placer recorrió mi espalda, él emitió lo que pareció ser una tímida risa, y siguió besándome en dirección a mi hombro. Una vez allí aparto él tirante muy lentamente y con la mano, acaricio mi brazo con suaves movimientos desde él hombro hasta él codo y viceversa.

La forma en que me tocaba y besaba, me hizo rememorar aquel día encerrados en el ascensor, mi imaginación se disparó, y volví a sentir en mis labios él sabor de los suyos, aquel recuerdo encendió en mi interior la llama del deseo. Mi piel emitía un dulce calor y él se percató de ello.

Pues no dejaba de apoyar sus mejillas sobre mi espalda, mientras sus manos levantaron mi pijama desde las rodillas, se deslizaron por mis muslos, caderas, cintura, cuando llegaron a mis axilas yo me levante un poco para que pudiera quitarme el pijama y quedarme solo en tanga.

Con sus besos dibujo toda mi columna hasta llegar a mis nalgas, donde se detuvo para tocarlas con la punta del dedo, haciendo círculos, aquello me hacia cosquillas, pero me gustaba.

No se entretuvo mucho tiempo allí, volvió de nuevo a subir por mi cadera, lentamente, deleitándose con tiernos besos, se detuvo de nuevo en mi nuca, y sus traviesas manos se encaminaron hacia mis desnudos senos, los cuales las estaban esperando con ansia.

Pero me resultaba incomoda la postura, así que sin aviso me di la vuelta, él me sonrió pícaramente y sin dejar de mirarme acerco sus labios a ellos, se me hizo eterno hasta que por fin los besó. No pude evitar suspirar de placer y eso le complació.

Cada beso que le regalaba a mis senos, era un torrente de sensaciones indescriptibles para mí, acompañados de suaves caricias sobre mis muslos, me sentía en un dulce sueño del que no quería despertar.

Pero él destino quiso ser travieso esta vez, y sonó su teléfono móvil, nos miramos y aunque él parecía ignorarlo mientras seguía jugando con mis tersos senos, yo tuve que pararle, pose mis manos sobre sus mejillas y atraje sus labios a los míos, fundiéndonos en un ardiente beso, había deseado tanto ese momento, que casi me olvido del estridente sonido de su teléfono.

Prácticamente le obligue a marcharse, no sé quién le llamo, pero seguro que era de la oficina y no quería que tuviera problemas por mi culpa, así que mientras él hablaba yo me volví a poner él pijama.

Cuando acabo la conversación, me abrazo y trato de persuadirme, besándome con dulzura, se me paraba él tiempo cada vez que posaba sus labios sobre los míos, pero la responsabilidad es un peso muy grande, y le pedí que no siguiera, tendríamos más tiempo en otro momento.

Pareció entenderlo y recogió sus cosas y se marchó. Yo volví a mi cama, todo mi pijama olía a él, y con ese olor que me transportaba hacia mis más ardientes fantasías me quede felizmente dormida.


Leer Más...

15 jun 2008

Sexo en el ascensor.

Hace días que no deja de llover, algo natural en invierno, pero se hace hasta estresante andar todo el día con el paraguas de un lado a otro y la humedad hace que mi cuerpo se resienta.

Llegué tarde al trabajo, como viene siendo costumbre, con las lluvias la gente usa más los taxis.
Toda la mañana la misma rutina de siempre, archivar documentos, hacer café, llamar a los clientes, poner al día la base de datos, enviar emails... y un sinfín de cosas más.

Se acercaba el medio día y ya todos se iban preparando para ir a comer, pero yo debía entregar una serie de informes al sud-director que estaba unas plantas más arriba, no me apetecía usar las escaleras, por lo que opté por ir en el ascensor.

Me dirigí hacia allí y cuando las puertas se abrieron le vi. A mi mente volvieron aquellas sensuales palabras que me dedicó por teléfono, recuerdo sus jadeos al otro lado del hilo telefónico.
Desde aquel día no habíamos vuelto a coincidir por las oficinas.

Entré y él me miró con cara de sorpresa, yo me sonrojé no esperaba encontrármelo tan de repente, las puertas se cerraron.
Me preguntó a que planta me dirigía y pulsó el botón. Cuando el ascensor se puso en marcha, me miró y sonrió.
Yo no sabía qué hacer, me puse nerviosa y mis mejillas estaban sonrojadas.

Cuando me decidí a saludarle, el ascensor tembló, las luces comenzaron a parpadear, hasta que se apagaron del todo.
El ascensor se detuvo en seco. Estaba muy asustada, no sabía que estaba pasando y el al notar mi nerviosismo, me abrazo fuertemente. Me sentí bastante aliviada, me sentía protegida entre sus brazos.

Por suerte el llevaba el móvil encima y llamamos a las oficinas, se había ido la luz en toda la calle.
Nos dijeron que llamarían a los bomberos y que no tardarían mucho.
Viendo que estábamos entre dos pisos y que no volvía la luz, supimos que esto llevaría su tiempo.

Me invitó a sentarme a su lado en el suelo, mientras esperábamos a que nos saquen de allí.
Se quitó la chaqueta y la puso sobre mis hombros, nos acurrucamos el uno con el otro, hacía frío y comenzamos a conversar.

No sé cómo pero en medio de la conversación me recordó aquella llamada telefónica, yo no levantaba la vista del suelo.
Rememoró cada detalle de aquel día y yo no salía de mi asombro, el recordaba cada momento, cada instante de aquella noche mágica.

Entonces sin venir a cuento, se quedó en silencio, levante la vista preguntándome porque se había detenido y me encontré con sus ojos mirándome fijamente.
Me quedé inmóvil ni siquiera me moví cuando él comenzó a acercar sus labios a los míos, hasta besarme dulcemente.

Hacía mucho que deseaba que llegara ese momento, me recostó en el suelo y se inclinó sobre mí con cuidado.
Besó mi cuello y mis pechos con suma dulzura mientras sus manos subían por mis muslos levantando mi falda a su paso.

Yo le desabrochaba el pantalón despacio, le deseaba allí y en ese momento, no podíamos perder tiempo ya que pronto nos sacarían de allí.
Me desnudó despacio y con suavidad, mientras yo hacía lo mismo con él, entre besos y caricias fuimos acomodando nuestros cuerpos.

Le pedí que me penetre despacio, y así lo hizo, sentirle dentro de mí es lo que había estado esperando desde aquel día en el que decidí llamarle.
Sentir su miembro fuerte y vigoroso deslizarse con dulzura me hizo estremecer de placer.

Callaba mis gemidos besando y mordiendo sus hombros al tiempo que el callaba los suyos lamiendo mis pechos.
A pesar del frío, mi cuerpo sudaba como si estuviera en una sauna, su perfume inundaba todo el ascensor.

Aunque estábamos encerrados, la oscuridad que nos rodeaba lo hacía todo más íntimo y sensual.
Mis sentidos estaban más sensibles y podía notar como su cuerpo temblaba de placer, cada vez que entraba y salía de mi cuerpo.

Yo no pude resistir más y dejé escapar un fuerte gemido de mis labios cuando el orgasmo se apoderó de mí.
Mi cuerpo sudoroso y tembloroso se rendía ante su presencia y me fundí en sus labios jugando con su lengua.
Permanecimos unos minutos inmóviles abrazados, mientras recurábamos fuerzas.

Poco a poco nos levantamos, y nos vestimos el uno al otro con cariño entre besos y miradas cómplices.
Mientras nos abrazábamos volvió la luz y el ascensor se puso en marcha.
Fue una experiencia corta pero intensa, jamás pensé en que volvería a coincidir con el tras aquella vez en la que dimos rienda suelta a nuestra pasión por el teléfono.

Pero la suerte y el destino quisieron sonreírme ese día y dejarnos encerrados en aquel ascensor.
Cuando conseguimos salir me sorprendió que no tratara de disimular y delante de todos, me volvió a abrazar con dulzura.

Todo el mundo volvió a sus quehaceres y yo pasé la tarde pensando en él, no podía olvidar lo que había sucedido en el ascensor.
Cuando ya íbamos a cerrar, apareció y se acercó a mí, dejó una nota en mi mesa, sonrió y se marchó.
Estoy deseando llegar a casa para leerla...


Leer Más...

14 jun 2008

SALÓN DE MASAJES: Un cliente especial

Trabajar como secretaria, no siempre te proporciona una independencia económica y una diversión continua y satisfactoria, por lo que hace tiempo decidí estudiar quiromasaje. Pero como en esta vida una tiene que ser lo mas practica posible, me puse a trabajar y de paso practicar, en un salón de quiromasaje, donde me gano unos ingresos extra, que nunca vienen mal.

Con lo que no contaba es que me iban a suceder cosas como la que os voy a relatar a continuación.

Como de costumbre fui al salón a trabajar, un día como otro cualquiera. Los clientes que pasan por allí son de lo más variado. Desde jóvenes deportistas, amas de casa, hasta personas mayores que buscan aliviar sus dolores.

Aquel día tenia un cliente al que yo considero especial, era un hombre mayor de unos 60 años, muy sibarita y exigente. Por lo que tenia entendido sólo aceptaba que le atendieran chicas jóvenes y de buen ver, al parecer le agradaba mucho mi aspecto, pues siempre que yo estaba disponible, exigía que fuera yo quien le atendiera.

Desde hacia un tiempo había notado como me miraba, y como cambiaba su tono de voz cuando hablaba conmigo, pero hasta entonces supuse que lo hacía por simpatía.

El hombre tenía un aspecto muy agradable, sus ojos eran de un color verde claro precioso, su pelo aunque ya canoso por la edad, le sentaba de lujo. Era fornido y muy alto. se conservaba muy bien, resultaba incluso atractivo. Su voz era profunda y transmitía mucha seguridad.

Estaba aquejado de la espalda por una desviación de la columna, escoliosis, y cada cierto tiempo requería de un tratamiento de quiromasaje para aliviar esos dolores del día a día.

Como de costumbre, una vez que se acostó en la camilla, me dispuse a darle el masaje. Unté mis manos con las esencias aromáticas que a el más le gustan y mientras las esparcía por su piel, comenzó a hablarme.

Normalmente, se mantenía en silencio todo el tiempo, disfrutando del masaje, pero ese día tenía algo importante que decirme. Comenzó a hablar de lo mucho que le gustaba mi tacto, el calor de mis manos, le hacían sentirse muy bien, yo al principio me lo tomé como un halago, no pienso que sea la mejor en lo que hago, pero sé que nunca han tenido quejas de mí.

Prosiguió alabando el alivio que le proporcionaban este tipo de masajes, y que era una de las pocas chicas que le agradaban lo suficiente, pero sin más y sin venir a cuento comenzó a acariciar uno de mis muslos con su mano. Yo no sabía que hacer, por un momento me quede quieta y el al percatarse de ello, con voz suave casi con un susurro, me pidió que siguiera.

Como un resorte, volví a masajear su espalda, en cierta forma no me molestaba el hecho de que me acariciara incluso resultaba muy agradable, la forma en que me tocaba.

Él siguió hablando, hasta que me preguntó si ganaba lo suficiente, fui bastante sincera, si estaba allí es porque mi trabajo no me daba los ingresos suficientes para llegar a fin de mes.

Por mi mente pasaron una gran cantidad de ideas descabelladas, que para mi sorpresa no se alejaban mucho de la realidad.

Tras mi respuesta, comenzó a hablar de lo sólo que se encontraba, era un hombre divorciado y desde aquello no había vuelto a conocer mujer. Me contó como pasaba el día y sinceramente me entristeció mucho lo que me contaba, era muy sincero en sus palabras, en un principio pensé que sólo trataba de darme pena, pero en ese momento se dio la vuelta, me miró fijamente y me pidió que no me compadeciera de él.

Sin dejar de acariciarme recorrió mi cuerpo con la mirada, pero me miraba con respeto y admiración, cosa que me resulto incluso excitante. Después de un largo silencio, me preguntó si me molestaban sus caricias a lo que respondí que no. Eso le dio pie a seguir acariciándome, deslizó su mano hasta mi cadera.

Me sentía abrumada y a la vez excitada, su pulso firme y la forma tan delicada con la que me tocaba, me hizo temblar de excitación.
Sin pensarlo mucho, me quité la bata y me incline sobre él.

Juntos desabrochamos los botones de mi camisa, dejando al aire mis pechos, él los miró con dulzura y comenzó a acariciarlos muy suavemente. Se me puso la piel de gallina, por la sensualidad que desprendía su tacto sobre mi piel. Aspiro mi perfume varias veces, olió mi cabello, y con un susurro me dijo que era preciosa.

Sus dedos dibujaban a la perfección el contorno de mis senos, se detenía cada pocos centímetros, para apreciar con más detalle, mi piel. Rodeo mis pezones erectos, con suavidad. Pasó la punta de sus dedos por el encaje de mi sostén, donde este terminaba de cubrir mis pechos, nunca antes me habían acariciado con esa dedicación y admiración.

Tan sólo con su tacto me excitó de una forma sublime, era increíble el respeto que mostraba en cada uno de sus movimientos, acarició mis pechos como nunca antes nadie lo había hecho. Desabroché mi sostén y deje libres mis pechos, para que pudiera acariciarlos con mayor libertad, deseaba que lo hiciera, todo era tan excitante...

Pero para mi sorpresa no quiso seguir, dulcemente me invitó a que me vistiera de nuevo, y me agradeció profundamente que le hubiera dejado acariciarme.

No entendía muy bien por qué no quiso seguir, y ante mi mirada de desconcierto, me aclaró que, no buscaba en mi sexo, si no recordar lo que significaba acariciar la piel de una mujer, su calor, su suavidad, le había hecho muy feliz.

Me sentí avergonzada por haber creído que quería acostarse conmigo, pero por otro lado, el hecho de que aquel hombre de aspecto serio me hubiera elegido a mí para rememorar aquello que ya tenía por olvidado, me halagaba.

Se levantó, se vistió y sacó su cartera para ofrecerme dinero, que aunque lo necesito, en un primer momento me negué a aceptar, pues todo lo que había hecho había sido de buena gana, pero me obligó a aceptarlo diciendo que había cumplido uno de sus anhelos y eso no tiene precio.

Con la misma sutileza de siempre, se levantó y se marchó, dedicándome un hasta la próxima con una sonrisa, la primera vez que le veía sonreír.



Leer Más...

Me gusta la mujer de mi jefe.

Llovía a cantaros, y como suele ser normal en Madrid, es difícil encontrar un taxi. Rezaba porque a la hora de salir la lluvia hubiera cesado o me esperaba un resfriado seguro, ni siquiera había traído paraguas y mis compañeros ya habían salido.

Yo me quedé a hacer horas extras, mi jefe estaba de viaje de negocios y yo tenía trabajo atrasado. Daba un poco de miedo, estaba sola en las oficinas, bueno también estaba Mikel el de seguridad, pero andaría haciendo su ronda como de costumbre.
Estaba agotada y aún quedaba mucho por hacer, me iban a dar las tantas.

Mientras archivaba unos documentos, escuche el ruido del ascensor, alguien subía. Me asomé tímidamente por el pasillo y pude ver como la puerta del ascensor se abría, era la mujer de mi jefe.

Bajita, de unos 42 años creo recordar, siempre me había gustado el color de su pelo, era pelirroja, un color anaranjado brillante y sedoso.
Se conservaba de maravilla, para su edad, sus pechos desafiaban la ley de la gravedad, eran generosos y sus curvas daban ganas de deslizarse por ellas a toda velocidad.

Se acercó a mí y me saludó con una preciosa sonrisa. Me explicó que su marido la había llamado para recoger unos informes que necesitaba que se le envíen por fax. Me presté a ayudarla.
Mientras yo rebuscaba en el montón de papeles que tenía en mis cajones, Diana no dejaba de mirarme.

Comenzó a hablarme de lo aburrida y sola que estaba cada vez que su marido salía de viaje, y lo estiradas que eran sus amigas, hacia mucho que no se divertía de verdad, que no salía de copas, ni se iba al campo o disfrutaba de una buena compañía.
Ambas reímos cuando comentó que ser la mujer de un hombre de negocios es realmente sufrido.

Me encantaba su forma de ser, normalmente las esposas de los grandes empresarios no pierden el tiempo con los empleados de sus maridos, pero Diana no era así, nos conocíamos desde que empecé a trabajar aquí hace ya unos 3 años, y siempre me había tratado con respeto y cariño.
Es una mujer alegre y divertida, extrovertida y amable, algo que la hacía sobresalir y llamaba mucho la atención.

Por fin encontré los archivos, pero Diana me convenció para que tomáramos un café y charláramos un poco. Usamos una pequeña cafetera eléctrica que su marido tiene en el despacho y allí mismo nos sentamos y comenzamos a charlar.
Mientras ella me preguntaba por mi vida en general, yo no podía desviar la vista de sus labios, eran finos y algo carnosos, siempre usaba brillo de labios, no le gustaba manchar su piel con maquillaje y la verdad tampoco le hacía falta.

Me sorprendió como cambió el tema de la conversación cuando Diana me dijo que yo siempre había sido alguien especial para ella, no sabía que me estaba queriendo decir hasta que me crucé con su mirada, tenía algo especial, algo que ya había visto antes, sus ojos estaban cargados de deseo.

Mientras me fundía en su mirada ella acarició mi mano con suavidad, es cierto que Diana me atraía, pero hacía unos días había tenido un encuentro íntimo con su marido, sentía que la estaba engañando... Algo debió ver en mi rostro, me dijo que no me preocupara, sabía todo lo que su marido hacía, ya que se lo confesaba todo.
Yo no salía de mi asombro.

Se levanto de la silla y mientras se acercaba a mí, fue desabrochando su blusa, sus pechos eran preciosos, redondos, suaves, me apetecía lamerlos y ella me los ofreció sin pensarlo.
Los acaricié con mi lengua y con mis manos le quité la falda, llevaba un pequeño tanga que dejaba poco a la imaginación, besé su estomago y bajé hasta su pubis sin quitarle la ropa interior.

Pasé mis dedos con delicadeza por encima de su diminuto tanga y con los dientes conseguí bajárselo hasta las rodillas, con la yema de mis dedos separe sus rosados labios y lamí su clítoris, ella dejo escapar un delicioso gemido.
La tumbé sobre el escritorio del despacho, es algo que siempre había querido hacer, y le quite el tanga que aún permanecía en sus rodillas.

Me incliné sobre ella y besando sus senos me deshice de su sostén dejándolos libres, eran extremadamente suaves, me volvió loca su tacto.
Una de mis manos volvió hasta su pubis para acariciarlo e introducir uno de mis dedos con cuidado, mientras seguía lamiéndole el pecho y el cuello, ella echó la cabeza hacia atrás, estaba muy excitada y yo disfrutaba viéndola así.

Bajé de nuevo con mi lengua hasta su entrepierna, disfruté lamiendo sus labios y su clítoris, al tiempo que mis dedos jugaban en su interior, me encantaba la humedad que desprendía su vagina.
Ella comenzó a temblar en medio de un sinfín de jadeos entrecortados, me incliné sobre ella, y la besé en la boca, ella mordió mis labios intento disimular su orgasmo, pero con mis dedos aún dentro no lo pudo evitar.

Saque con cuidado mis dedos y me senté a observarla como se vestía mientras yo me los lamía.
Diana terminó y cogió su bolso, me miró con cara de niña picara y metió su número de teléfono en mi bolsillo.
Salió por la puerta y se marchó.

Me quedé sentada en la silla, aun relamiendo mis dedos, miré por la ventana...
Definitivamente el día acabó genial, disfruté de Diana y había dejado de llover.



Leer Más...

En el despacho del Jefe...

No soy asidua de leer lo que yo catalogo como prensa rosa, pero una compañera me prestó hace tiempo el libro de la tan conocida Mónica Lewinsky.

En el cuál relata, el escándalo que produjeron hace años, sus encuentros sexuales con el ex presidente Bill Clinton.
Inmersa en la lectura, tengo que decir que lo único que me atrajo fue el morbo que desprenden sus líneas, me pregunté cómo se debió sentir al ser consciente de que el hombre con el que compartía la cama, era el presidente de un enorme país.

Me imaginé en su lugar, en cada uno de sus encuentros íntimos con Clinton, disfrutando de una relación sumamente secreta, cuidando cada detalle, para no ser descubiertos.
Pensé en como debió ser la tan famosa felación en el despacho oval, como llegaron a esa situación, y el enorme deseo que sentían mutuamente, para no importarles la posibilidad de ser descubiertos en una posición tan incómoda.

En como ella le protegió ante los medios y el país, y con qué cariño hablaba de él en las grabaciones que le hizo su compañera del pentágono a escondidas.
Debió ser excitante, parece que valió la pena arriesgarse.

Me sobresalté cuando escuché a mi jefe llamarme a la oficina, me levanté, arregle mi blusa, emparejé mi pelo y me dirigí hacia su despacho.
Me senté en una silla y esperé instrucciones. Me pidió que redactara una circular.
Mientras tomaba apuntes me di cuenta que la pequeña papelera que había a un lado de su escritorio, se había tumbado y los papeles se esparcían por el suelo.

Sin pensarlo mucho, me arrodille y me puse a recogerlos, no me di cuenta de que mi blusa era demasiado holgada, hasta que levante la vista y vi a mi jefe mirándome los pechos, desde su posición, tenía una amplia vista de todo mi pecho.
Me ruboricé al instante y más cuando el no dejó de mirarme.

Desde mi posición pude observar como de su pantalón sobresalía un sugerente bulto, y comprendí que se había excitado mucho sólo con verme el escote.
En ese momento recordé el libro que había estado leyendo sobre el caso Lewinsky y me hizo gracia pensar en la similitud de ambas situaciones.
Pero lo que me sorprendió de mi misma es que yo también me estaba excitando.

Mi jefe era un hombre bien parecido, de mediana edad, rondaba los 40, pelo algo canoso que le daba un aspecto más atractivo, alto, constitución media y cara de buena persona.
Era un hombre que aún podía despertar el deseo en las mujeres y en mi lo estaba haciendo.

Nunca antes me había planteado ni por asomo, tener una aventura con mi jefe, no porque este no me atrajera, si no porque en ningún momento pensé que yo le podría gustar.
Pero viendo su reacción instintiva, me equivocaba. Y eso me atrajo más a él.

Me acerqué gateando y sin dejar de mirarle hasta su silla, y me arrodillé ante él. Se inclinó hacia mí y olió mi cabello, profundamente.
Un escalofrío delicioso recorrió mi espalda, apartó el pelo que cubría mi cuello, y me besó, muy lentamente.
Me desabroché un par de botones más de mi blusa, y el introdujo su mano, acariciando mis pechos, con firmeza.

Besé su mano, me mostré totalmente sumisa ante sus caricias. Mientras seguía acariciándome y besándome el cuello, con la otra mano, desabrocho su pantalón.
Me miró y no necesitó mediar palabra. Terminé de bajar la cremallera y con cuidado saque su pene a través de la abertura.
Para ser un hombre de mediana edad, esa parte de su cuerpo se conservaba bastante bien.

Comencé a besarlo, despacio, con deseo y con la punta de mi lengua, recorrí su tronco hasta la punta, donde me lo introduje en la boca y apreté mis labios con suavidad.
El dejó escapar un tímido gemido, que hizo crecer más mi deseo.

Jugué con mi lengua, aún con su pene dentro de mi boca, cosa que le gustaba pues sus gemidos dejaron de ser tan tímidos, y con la mano me acariciaba el pelo.
Continué lamiéndolo con cuidado pero sin pausa, a la vez que lo estimulaba acariciándolo con las manos.

La dureza de su miembro viril, creaba en mí el deseo de sentirlo en mi interior, notar cómo me penetra, y escucharlo jadear de placer.
Pero era demasiado arriesgado, incluso en la situación que estábamos cualquiera podía descubrirnos.
Me sentía como la autentica Mónica Lewinsky y muy lejos de avergonzarme de mi misma, quería más.

Me instó a mirarle y me besó en los labios, su lengua se entrelazó con la mía, bajó hasta mi cuello lamiéndome, el calor que desprendía, erizaba mi pelo de placer.
Pero yo quería seguir lamiendo su pene, y volví a meterlo en mi boca, para mí era como una piruleta, la cual devorar con ansia, como cuando era pequeña.

Entonces noté los espasmos de su pene, propios de un inminente orgasmo y eyaculación. Me apartó con delicadeza, para evitar mancharme.
Cuando terminó me hizo levantarme y acercarme a él, desabrochó mi blusa por completo y dejando al aire mis pezones erectos, los besó y lamió. Yo quería seguir, pero era la hora de salir y tuvimos que dejarlo.

Recompuse mi ropa y recogí todos los papeles del suelo. No me arrepentía de lo que había hecho, ambos lo deseamos y ninguno se sintió obligado.
Supuse que es lo mismo que sintió Mónica en cada uno de sus encuentros con Clinton.
Nos despedimos y antes de irme me dijo que había sido alucinante, salí de su despacho con una amplia sonrisa de complicidad.




Leer Más...

11 jun 2008

Sexo en los baños...

Aún recuerdo aquella noche, mis amigas y yo salíamos a celebrar mi cumpleaños, cumplía 17 años y estaba muy emocionada.
Íbamos por primera vez a una discoteca, nos iban a dejar entrar por que el portero era el primo de Lidia y le pareció que sería un regalo estupendo.

Después de cenar en casa con mis abuelos, me puse la ropa nueva que me había comprado el día anterior.
Una camiseta de tirantes blanca, con una blusa transparente también blanca, y una minifalda con un sensual corte en el lado derecho, de color negra.

Quedamos en la puerta a las 10 y todas muy entusiasmadas entramos, aquello era fantástico, luces, música bien alta, chicos por todas partes...
Nos acercamos a la barra y pedimos unas bebidas, mientras contábamos que guapo era el chico de al lado, o que bueno estaba lo que bebíamos.

Decidimos salir a bailar, nos metimos todas juntas en el centro de la pista y comenzamos a movernos al ritmo de la música.
Los chicos se nos acercaban con la intención de bailar, y nosotras al principio nos resistimos pero después de un rato, dejábamos que bailaran con nosotras.

Me aparté un poco de las chicas para acercarme a un muchacho que no dejaba de mirarme desde que habíamos llegado y una vez junto a el, me invitó a una copa, y comenzamos a charlar.
Enseguida noté que estaba muy interesado en mi, pues me quiso invitar a su casa y me negué, no esta bien irse con cualquier desconocido en estos tiempos que corren.

Le propuse quedarnos allí conversando y afortunadamente aceptó. Aunque el quería algo más, nos fuimos al rincón más oscuro y me apoyó contra la pared, comenzó a rodear mi cintura con sus brazos, y acercó sus labios a los mios, con sumo cuidado, hasta que estos se fundieron en un cálido beso.
No me pidió permiso para hacer tal cosa, aun que tampoco le hacia falta, practicamente yo se lo estaba rogando con mis miradas.

Seguimos besandonos y el comenzó a acariciar mis pechos por debajo de la fina blusa, me encantaba el cuidado con el que me tocaba, y como los cubría con sus manos, se acercó más a mi y me dejó sentir entre mis piernas, lo excitado que estaba, pero yo no quería que la cosa fuese más allá por lo que me separé con cuidado de el, y con la excusa de ir al baño, desaparecí de su vista.

Una vez en el baño, me mojé el pelo y me eché un poco de agua sobre el pecho, estaba asada de calor. Cuando levanté la vista para mirarme en el espejo la vi.
Era una chica, alta, delgada pero con unas bonitas curvas, y un vestido que dejaba poco a la imaginación, su rostro era dulce, y sus labios, gruesos me dejaron impactada.

Ella también me miraba, estábamos solas, y se acercó a mi. No se si era el alcohol, o la sensación de deseo que emanaba de aquella chica, pero me sentí embriagada por su perfume de una forma que desconocía hasta el momento.
Cuando la tuve a unos centímetros, me preguntó en voz baja, cual era mi nombre, yo no podía mediar palabra, me perdí en sus profundos ojos azules, desperté de aquel ensueño cuando noté sus carnosos labios posados sobre los mios.

Me resulto extraño que aquella sensación lejos de desagradarme, me resultara hasta placentera, me miró fijamente y sólo dijo; lo sabía, dejame llevarte al cielo.
Asentí con la cabeza, cogió mi mano y nos encerramos en unos de los servicios. Se sentó sobre el w.c y me puso sobre sus rodillas.

Beso mis labios nuevamente, y bajo por mi cuello hasta el escote de mi blusa, la cual desabrocho despacio, hasta quitarmela.
Yo seguía inmersa en sus preciosos ojos azul cielo, me tenía hipnotizada y sentía como sus manos acariciaban con deseo mi cuerpo.
Me quitó la camiseta y dejo mis pechos al aire, los tomó con sus manos y con su lengua lamió mis pezones duros, los mordió con suavidad y bajo sus manos hasta mi trasero, para cogerlo con fuerza.

Me sentía en medio de un sinfín de sensaciones, deseo, confusión, placer...
Me preguntaba si realmente deseaba a esa chica o sólo era producto del alcohol, pero todo apuntaba a que estaba descubriendo una nueva faceta de mi sexualidad y eso lo hacía todo más excitante.

Me levanté y ella se arrodilló ante mi, para quitarme con cuidado la falda, y las braguitas, me hizo sentar en el w.c, y abrió mis piernas con cuidado, me miró fijamente, y sonrió.
hundió su cabeza entre mis piernas y sentí su húmeda lengua recorrerme, despacio, muy despacio, eché la cabeza hacia atrás y un gemido se escapo de mi garganta.

Cada vez estaba más excitada mis manos acariciaban mis pechos, casi por inercia, y ella seguía lamiéndome con cuidado, al tiempo que comenzó a introducir un dedo dentro de mi.
Al principio dolió pero pronto el dolor dejó paso de nuevo al placer.
Sus dedos jugaban dentro de mi, con pasión y dulzura.
Mi cuerpo se agitaba sumergido en olas de placer y lujuria.

Cuando ya no pude más y comencé a temblar, mientras una increíble sensación recorría mi espalda y subía hasta mi nuca, desatándose un sinfín de sensaciones increíbles por todo mi cuerpo, estaba teniendo mi primer orgasmo y con una mujer.
Abrí los ojos exhausta y sudorosa y para mi sorpresa, la chica de los ojos azules había desaparecido.
Confusa por todo lo que estaba pasando me vestí y salí al encuentro de mis amigas.

Una vez con ellas, traté de emparejar en mi mente todas las imagenes de lo sucedido, empecé a dudar de si ella era real o no, y si todo había sido una extraña alucinación? por que se había marchado?
No podía quitarmela de la cabeza y la sensación de que todo había sido producto de la bebida, se hacía más fuerte conforme avanzaban las horas.

Llegó el momento de irse, y cuando nos dirigíamos hacia la salida, alguien me sujeto por el hombro.
Cuando me volví, allí estaba ella, me sonrió y beso mis mejillas.
Me sentí aliviada y a la vez feliz, aquella experiencia había sido real y me abrió las puertas de un mundo nuevo por conocer y disfrutar.
Ese fue el mejor cumpleaños de mi adolescencia.




Leer Más...

En la piscina, con mi amiga y su novio

El día amaneció casi perfecto, una dulce brisa ponía la guinda a un día soleado.
Me apetecía salir y decidí llamar a una buena amiga.

Miriam y yo nos conocíamos desde hacía mucho tiempo, pero debido a que ella se fue a vivir a las afueras, apenas nos veíamos.
Cuando le propuse ir a la piscina, no dudó ni un momento en aceptar, me di una ducha me puse mi mejor traje de baño y me fui derecha a la piscina municipal.

Estaba esperándola en la puerta mientras me comía un helado, cuando un chico fornido, bastante alto y de tez morena se puso delante mio.
Lo miré por encima de las gafas de sol, era realmente alto, debía medir al menos metro noventa, espalda ancha, constitución fuerte, por los rasgos de su cara podía decirse que no era español, me gustó el color de su piel y sus ojos color café, tenía el pelo corto y ondulado.

Entonces detrás de ese hombre, sonó una voz muy familiar, era Miriam y estaba preciosa, ella es bajita, cuerpo delicado, su tez blanca se me hacia más llamativa al lado de aquel misterioso hombre, siempre me había gustado el cabello negro de ella.
No abrazamos y me presentó al chico extranjero, era su novio, se llamaba Jose Ramón y era de Méjico.

Tras las presentaciones los tres nos dirigimos a las instalaciones, escogimos un buen lugar para colocar nuestras toallas y nos tumbamos al sol.
Miriam me pidió que le echara protector solar.
Puse una pequeña cantidad en mi mano y la esparcí con cuidado, tenía que hacerlo con empeño ya que al tener la piel tan blanca se quemaba con facilidad, su espalda era perfecta, deslizé mis manos por sus hombros esparciendo la crema despacio, dibujando su figura, baje por su columna hasta su cintura, en ese momento me di cuenta de que Jose Ramón me miraba de una forma extraña, casi con deseo, lo extraño es que no me sentí incomoda. Me gustó pensar que el estaba disfrutando con el espectáculo.

Al cabo de un rato, los invité a bañarnos, y los tres nos metimos en el agua, estaba algo fría, Miriam y yo nos abrazamos para entrar un poco en calor y me susurró al oído que siempre le había gustado el tacto de mi cuerpo y que lo echaba de menos. Yo no sabía que decir, sentía lo mismo pero su novio estaba allí delante, mirándonos y simplemente guardé silencio y disfruté del momento.

Hasta que un niño saltó al lado nuestro y nos empapó a las dos, empezamos a reírnos.
Nos pusimos a jugar con una pelota uno de nosotros la lanzaba y los otros dos debían nadar lo más rápido posible para cogerla.
Jose Ramón obviamente tenia ventaja, era mucho más alto que nosotras pero aún así no me rendí cuando me tocó competir con el.
Miriam lanzó la pelota y eché a nadar con todas mis fuerzas, cuando ya casi tenía la pelota en mis manos, sentí como me rodeaban por la cintura y me inmovilizaban.
Era el, me había abrazado y no me dejaba moverme, en ese momento me di cuenta de que estaba excitado, lo notaba presionarme con fuerza el trasero.
No sabía que hacer, lo único que tenía claro es que sentirle de esa forma, me gustó mucho, su sexo erecto, sus brazos fuertes rodeandome, casi me desmayo.
Pero Miriam nos llamó, y el me soltó con delicadeza. Era la hora de comer.

Los invité a comer en casa, quería pasar algo más de tiempo con ellos y aceptaron.
Recogimos y nos fuimos a mi casa, durante el trayecto mis pensamientos se agolpaban, aquel abrazo con Miriam, Jose Ramón...
Me sentía atraída por ambos, pero era una situación complicada ella era mi amiga, y el era su pareja.
Una vez en casa, Miriam propuso que nos ducharamos juntas mientras Jose Ramón, cogía ropa para ambos de su piso, me pareció una idea genial.

Ambas nos metimos en la ducha mientras el llamaba por teléfono.
Nos desnudamos y no pude evitar clavar mi mirada en su cuerpo, se me hacia tan frágil, sus curvas casi me mareaba, trataba de disimular el deseo que había despertado en mi, el agua caía con fuerza sobre nosotras.
Le di la espalda, no quería que notara nada, entonces sus manos se posaron sobre mis hombros, y empezó a enjabonarme.
Estaba sorprendida, pero me dejé llevar, sus manos recorrieron mis hombros y lo acompañó con suaves besos en mi nuca.
Bajó hasta mis pechos, los acarició y me rodeo con sus brazos, susurrandome que le gustaban mucho.
Me giré y la miré, ella me besó.
La abracé por la cintura y la agarré del trasero para acercarla más a mi.
Empecé a besar su cuello, su pecho, sus senos y seguí bajando hasta su pubis, cuando me disponía a posar mi lengua sobre el, se abrió la puerta.
Era Jose Ramón, su expresión no era de asombro si no de deseo miré a Miriam y esta me respondió con una dulce sonrisa.
El se desnudó y sin dudar se metió en la ducha con nosotras. Me levantó, me giró hacia el y mirando a Miriam dijo que yo era preciosa.

Estaba en medio de los dos, nunca me había pasado algo así, pero todo era tan excitante que no pude más que seguirles el juego.
Miriam por detrás me besaba la espalda y acariciaba mis pechos mientras el me los lamía despacio, disfrutándolo como si de un dulce se tratara.
Comencé a besarle y baje despacio hasta su pene erecto, lo besé y empecé a lamerlo, mientras ellos se acariciaban y besaban.
me parecía increíble todo lo que estaba pasando, pero era incapaz de parar, los gemidos de ambos hacían que me excitara cada vez mas y deseara seguir adelante.

Cuando me sacié me aparte a un lado y ella se puso en medio. El la cogió por detrás y comenzó a penetrarla a un ritmo suave.
Ella me separó las piernas con cuidado, e introdujo su lengua en mi, me lamió con pasión, recorriendo toda mi entrepierna, jugando con mi clítoris mientras introducía sus delgados dedos.
Era sumamente placentero sentirla así dentro de mi, mientras ella era penetrada por su novio, el cual no dejaba de mirar mis gestos de placer.
El agua caliente seguía cayendo sobre nosotros, mojando mis pechos, era una sensación agradable.

Todo ese conjunto de sensaciones, provocó en mi uno de los orgasmos más placenteros que jamás había tenido, mi cuerpo temblaba y Jose Ramón al darse cuenta extendió una mano y comenzó a acariciar mis senos, mientras me fundía con una penetrante mirada.
Mi cuerpo temblaba bajo la incesante mirada de el, y cuando aquel torrente de placer llegó a su fin, decidí dejarles a solas.

Cogí una toalla y salí del cuarto de baño, mientras me secaba y escuchaba sus gemidos, no pude evitar observarles por última vez, ella rodeaba su cintura con las piernas y el la tenia apoyada contra la pared, penetrandola con dulzura, cuando me di cuenta que Miriam me estaba mirando... y solo sonrió.

Me fui a mi habitación y termine de vestirme, ellos salieron y en silencio recogieron sus cosas.
La comida seguía en pie, y como si nada hubiera pasado comimos entre risas y buen ambiente.
A la hora de la despedida, Miriam me besó en los labios y me dijo que nunca cambiara, Jose Ramón me abrazó y al oído me susurró: Eres especial y lo sabes.



Leer Más...






Mis VideoClips preferidos




BubbleShare: Share photos - Play some Online Games.


COMENTARIOS DE MIS AMIG@S