BubbleShare: Share photos - Play some Online Games.

MANDAME TUS RELATOS,HISTORIAS,VIDEOCLIPS ....
Mandame tus relatos,historias,experiencias,sueños,videoclips,ect. y te los publicaré en Diario de Melisa, y además por a ver colaborado tendrás un regalo. Ayúdame para que Diario de Melisa sea mucho mas sensual y especial.
diariodemelisa@yahoo.es

Mostrando entradas con la etiqueta LENGUA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LENGUA. Mostrar todas las entradas

30 sept 2008

Noche apasionada ( VideoRelato )



Este fin de semana pasado yo y las chicas, aburridas de las lluvias y el frío, decidimos recordar nuestra infancia y reunirnos en mi casa, para celebrar una fiesta de pijamas.

Sé que suena a niñería, pero lo importante era pasarlo bien y aquí carecemos de vergüenza.

Fuimos a comprar todo lo necesario, algo de picar, algo para cenar, refrescos y una botella de tequila, para tomar algún chupito.

El sábado por la noche a eso de las ocho de la tarde, fueron llegando las chicas. Entre todas acomodamos el salón, apartamos los sofás y echamos un par de colchones y mantas en el suelo. En total éramos cinco y podríamos dormir cómodas en ellos.

Cuando todo estuvo preparado, nos pusimos los pijamas y dejamos la cena echa. Mientras llegaba la hora de cenar, nos pusimos una película y picoteamos un poco de patatas.

Entre risas y buen ambiente, recordamos las aventuras que vivimos siendo niñas, muchas de nosotras nos conocíamos desde pequeñas y compartimos colegio, instituto y demás.

Las historias se sucedían y ninguna hacia caso de la película, todas estaban inmersas en aquellos recuerdos, excepto yo, desde que las chicas llegaron a casa, mi pensamiento sólo se había fijado en Vanesa.

Ella era una amiga de la infancia, que fue muy importante para mí, en mis recuerdos guardaba un día, nosotras dos juntas, en el patio del colegio. Escondidas tras un banco, allí descubrimos el primer beso, días antes nos prometimos que descubriríamos juntas como era aquello, y así lo hicimos.

Desde entonces nuestra amistad se hizo más fuerte, había mucha complicidad, pero con el tiempo nos fuimos distanciando, ella se cambió de colegio y aunque teníamos los números de teléfono, poco a poco nos alejamos más.

Hasta que no hace mucho, coincidimos en el cumpleaños de un amigo en común y volvimos a retomar nuestra amistad.

Aquella noche estaba preciosa, su pijama, tan fino como la seda, semi transparente y de color de crema, le sentaba muy bien.

Mientras cenábamos no dejaba de mirar sus carnosos labios, me daba igual que las chicas se dieran cuenta, no me daba vergüenza admirar su precioso rostro.

Lo mejor comenzaba después, cogimos la botella de tequila, la sal y el limón y nos fuimos al salón. Llenamos la mesa de velas para que nos alumbrara y bajo esa semi oscuridad empezamos a jugar al juego de los secretos.

Consistía en hacer preguntas personales, si se negaban a responder debían beber tequila, al principio todas bebimos dos o tres veces, pero a medida que el alcohol hacia efecto, la vergüenza desaparecía.

En un punto del juego, una de ellas le pregunto a Vanesa, como y con quien fue su primer beso, yo me quedé a la expectativa y ella no me defraudó, contó con todo lujo de detalles lo que hicimos aquel día en el patio del colegio. Todas las chicas me miraron sorprendidas.

Yo esperaba una mala reacción por parte de ellas, pero no fue así, las bromas se sucedieron tras aquella respuesta, con indirectas y risas pícaras.

Un par de horas después, todas medio borrachas, estábamos agotadas y decidimos irnos a dormir, pero las chicas se las ingeniaron para quedarse todas en un colchón y dejarnos a mí y a Vanesa en el otro.

Ella y yo nos echamos y nos abrazamos, más por el frío que por otra cosa, las demás hicieron lo mismo. Su pelo olía genial, y el tacto era muy sedoso, siempre había envidiado su melena.

Sin darme cuenta me puse a jugar con sus negros rizos, eso la hizo despertar, trate de pedirle perdón, pero su penetrante mirada me dejaba sin habla, se acercó muy despacio y sus labios rozaron los míos. Me volvió a mirar esperando una respuesta por mi parte, la besé y la volví a besar, como si fuera la primera vez, con una pasión que me sorprendía a mí misma.

Mientras nos besábamos recordaba todo lo que sentí aquel día, incluso podía oír el canto de los pájaros en aquel árbol que nos daba sombra.

De un tierno beso, pasamos a las caricias, sus manos desabrocharon mi pijama con mucho cuidado, estaban frías, pero su tacto era cálido, pronto alcanzaron mis senos desnudos, acariciándolos con la yema de sus dedos.

Yo había hundido mis labios en su cuello y la besaba sin parar, mi lengua tímidamente se acercó al escote que aún escondían sus senos, lamí su piel, que estaba caliente, ella suspiraba.

Nos cubrimos con la sabana y ambas desnudas de cintura para arriba, acariciamos nuestros cuerpos con delicadeza, entre besos y abrazos, la noche se hizo eterna.

Ella jugaba con mis senos con tanto cariño... todo era muy dulce y suave.

Debido al alcohol ingerido, creo que nos quedamos durmiendo, abrazadas y medio desnudas, por suerte las chicas no nos despertaron, pues nos habrían descubierto.

Lo que ocurrió a lo largo del domingo, os lo contaré en otro momento, os aseguro que no tiene desperdicio.




Leer Más...

17 sept 2008

Lo prometido es deuda



Si os acordáis hace unos días os conté una experiencia con cam, con una chica que conocí por Internet en el crucero, y que días después me dedicó un sensual desnudo por cam.

Como le dije qué le pagaría con la misma moneda, ayer por la tarde me decidí a ello. Contacté con ella y comenzamos a charlar de cosas triviales y poco importantes.

Conforme avanzaba la conversación, fui insinuándole con sutileza el ponernos la cam, ella lo captó enseguida y nos la pusimos. Ella estaba preciosa, se había recogido el pelo, en dos graciosas coletas altas, como si de una colegiala se tratara.

Yo llevaba una camiseta de tirantes, sin sostén y el pelo suelto y mojado, pues aún hace un poco de calor aquí. Empezó a deshacerse en halagos conmigo y yo no hacía más que sonrojarme, siempre he sido muy vergonzosa aunque no lo parezca.

Ella no hacía más que hablar de lo mucho que le gustaba mi larga melena negra, y lo dulce que parecen mis ojos. Yo estaba deseando comenzar a desnudarme para ella, y pagarle lo que hizo el otro día por mí.

Mordí mis labios, por los nervios y ella lo encontró muy excitante e inocente. Ya no quise esperar más y enfoqué la cam a mis piernas. Me había puesto unos finos pantis de color blanco para darle más morbo. Mis piernas cruzadas se abrieron lentamente y una de ellas se apoyó con el pie en una leja del escritorio, así en alto, con mis manos acaricie mi muslo semi desnudo, introduje mis dedos por debajo del panti y empecé a bajarlo por mi rodilla y mi pantorrilla muy despacio.

Con la lengua lamí mi rodilla, cuando ya me había bajado el panti hasta el tobillo, donde lo dejé para continuar con el otro, repetí el proceso hasta tener los dos en los tobillos. Me levanté mostrándole la diminuta falda que me había puesto para ese momento, de color azul claro con pliegues y muy corta.

Mis manos se posaron sobre mi trasero, acariciándolo y apretándolo, mientras mi cadera se contoneaba al ritmo de una sensual música imaginaria.

Lentamente me fui bajando la falda, mostrándole el diminuto tanga que me había puesto. Jugué un poco con el, enredándolo con mis dedos. Me di la vuelta y con mucho cuidado me quité el tanga, tapando mi pubis, con los dedos de una mano.

Poco a poco fui quitándolos, mis mejillas se sonrojaron, cuando por fin deje ver mi entrepierna. Me acaricie con cuidado y dulzura, me sentía muy excitada, y por la mirada de ella, podía ver que también lo estaba.

Deje que observara mi pubis durante unos minutos, mientras lo acariciaba con la punta de los dedos. Entonces me senté de nuevo, y comencé a acariciarme los senos, con las dos manos, una de ellas la metí por debajo de la camiseta, no sabía cómo hacer esto más morboso hasta que, fijé mi vista en una pequeña botella de agua que tenía sobre el escritorio.

Sin pensarlo la destapé y me la tiré por encima, mojando toda la camiseta, la cual se transparentó, pude ver su cara de agradable sorpresa y una pícara sonrisa floreció de sus labios.

Seguí jugando con mis pechos y mis pezones que podían verse claramente a través de mi mojada camiseta. Cuando me di cuenta, que ella también se estaba acariciando, por lo visto no pudo reprimirse.

Me encantaba ver que ella disfrutaba con mi show. Me bajé los tirantes, acariciando mis hombros y apoyando mi mejilla en uno de ellos, con cara de inocente, me quité la camiseta por debajo, dejando al aire mis senos húmedos.

Los acerqué a la cam para que pudiera ver con detalles, como los acariciaba, como jugaba con mis pezones, ella no dejaba de escribirme, lo mucho que deseaba lamerlos y morderlos.

Yo cada vez, estaba más excitada, se podría decir que es igual de excitante verlo y hacerlo.

Bajé de nuevo mi cam, enfocando mi pubis, mis manos se dirigieron allí, para colmar de caricias mi entrepierna. Separé los labios de mi vagina, muy despacio, cuando se pudo ver mi clítoris, lo apreté como si de un botón se tratara, lo acaricié, humedecí mis dedos y continué jugando con el.

Con la otra mano me tocaba la parte interior de los muslos, lo cual me producía un gran placer.

Durante un buen rato estuve así, alternando mis caricias entre mi clítoris y la entrada a mi vagina. Cuando sentí que necesitaba introducirme los dedos, decidió dar por terminado el show. Apenas tenía tiempo, pues había quedado con una amiga, y esto se había alargado demasiado.

Me despedí de ella, con la sensación de haber pasado un rato sumamente agradable, y con la ilusión de que quizás con el tiempo, llegásemos a más. Quizás una cita de verdad...

Leer Más...

16 sept 2008

En el crucero

Como ya os conté, me han pasado muchas cosas durante las vacaciones en el crucero. Me acompañaban dos amigas mías, María y Montse.
Amigas de la infancia y muy divertidas.

Pasamos muchas divertidas en el crucero, normalmente teníamos una rutina a seguir, por la mañana nos duchábamos y nos íbamos al Spa, jacuzzi, masajes y después la piscina.

Luego desayunábamos, después a la sala de juegos, donde echábamos un ping pong o cualquier otro juego ligero. Así hasta medio día, comíamos y nos íbamos a la piscina toda la tarde, por la noche tocaba cena y baile. Esa era nuestra rutina excepto los días que salíamos a visitar los diferentes lugares de la ruta del viaje.

En una ocasión mientras visitábamos el coliseo de roma, empecé a sentirme mal, algo mareada, y me llevaron de nuevo al crucero, tenía una pequeña insolación. Montse se quedó conmigo, mientras que María se quedó con el grupo en Roma.

Me tumbé en la cama y me quedé dormida, me sentía agotada por la insolación. No sé cuánto tiempo pasó pero me desperté sin más de un pequeño sobresalto. Sentía un suave tacto sobre mis piernas.

Abrí los ojos y me sorprendió al ver que Montse, desnuda, estaba acariciándome las piernas. Ella se percató de que me había despertado y cuando quise preguntarle, selló mi voz con sus labios. Me besó tiernamente, yo aún no salía de mi asombro, nunca había sospechado que Montse se sintiera atraída por mí.

Es una chica realmente atractiva, de cabellos rizados y dorados, ojos color negro y una tez morena muy sensual. Era la primera vez que la veía desnuda y su cuerpo era perfecto. De grandes pechos bien formados y tersos, su cuerpo poseía unas curvas de vértigo y unas piernas largas y delgadas.

Nuestros ojos se miraban fijamente, pero mis labios no podían emitir palabra alguna, sentía un extraño placer con cada centímetro que sus dedos recorrían sobre mi piel. Me sonrió y se posó sobre mí con delicadeza, comenzó a besar mi cuello, despacio, con ternura, avanzando lentamente hacía mis senos,donde se detuvo a contemplarlos durante unos segundos, a continuación con una de sus manos, los acarició como si de oro se tratara.

Había una extraña fascinación en su mirada, lo cual me excitaba cada vez más. Su tímida lengua, por fin se posó sobre mis senos, yo gemí de placer tan sólo con el contacto de esta sobre mis pezones. Se endurecieron, ella me sonrió de nuevo, y se metió uno en la boca, jugó con el cómo si de un caramelo se tratará, yo le acariciaba los hombros, deseaba besarlos, sentir el sabor de su piel, pero ella tenía el mando de la situación.

De repente se inclinó, y me susurró al oído que había tenido una idea, con su ropa interior, me ató las manos a la cabecera de la cama, dejándome así a su completa merced, aquello me excitó más aún.

Con su lengua recorrió mis senos y se dirigió hacía mi ombligo, donde se detuvo unos minutos para quitarme el tanga dejando mi sexo al descubierto, fue entonces cuando mis mejillas se sonrojaron, por la vergüenza, eso pareció gustarle, pues dejó mi pubis y volvió para besarme en los labios.

Yo le pedí que desistiera, pues no sabía cuando volvería María de la excursión, pero ella hizo oídos sordos a mi comentario. Sacó un consolador de su mesita de noche, lo encendió y comenzó a pasármelo desde los senos hasta mi cintura, el suave cosquilleo de aquel aparato me producía un placer delicioso, mi sexo ya humedecido se preparaba para recibirlo.

Ella posó sus labios sobre mi pubis, besándolo una y otra vez con suavidad y cariño, con mucho cuidado como si temiera que se fuera a romper. Su atrevida lengua pronto se adentró en él, lamiendo mi clítoris y todo mi sexo, ella me miraba de vez en cuando, sonriéndome y yo gemía de placer.

Empezaba a desear que usara aquel juguete conmigo, estaba muy excitada. Pero ella aún no tenía pensamiento de hacerlo, con uno de sus dedos, estimuló nuevamente mi clítoris, y acto seguido lo introdujo dentro de mí.

Mordí mis labios ahogando un grito de placer y mi cuerpo tembló durante un segundo. Ella dejó escapar una pícara risa que hizo que mi piel se erizara. Cogió de nuevo aquel juguete y empezó a pasarlo por mi clítoris, mientras que su dedo seguía en mi interior.

Yo ya no podía más, deseaba besarla, lamer sus senos y su sexo, quería hacerla mía como fuera, pero no podía, aún seguía atada a la cama.
En ese momento, su dedo abandonó mi cuerpo para dar paso al juguete.

Empecé a gemir de placer, trataba de no hacerlo, pero no podía evitarlo, ella se inclinó sobre mí y me besó repetidas veces, mordió mi barbilla y lamió mi cuello, mientras que con la mano mantenía el juguete dentro de mi sexo.

Creí morirme de placer, mi cadera se contoneaba de un lado a otro, dejándome llevar por la situación, su lengua siguió en mis senos, mordiendo mis pezones.

Cuando estaba cerca del clímax, la puerta del camarote se habría de repente, era María que se había regresado para ver como me encontraba. La pobre no salía de su asombro, Montse ni se inmutó, simplemente me soltó con cuidado, se levantó y se fue a la ducha.

Yo hice lo propio, me levanté y tapé mi cuerpo desnudo y sudoroso, María quiso preguntarme, pero entendió que todo estaba muy claro, por suerte para todas, no fue algo que le resultara desagradable, simplemente no volvimos a mencionar el tema, y el resto de día continuaron como siempre.

Fue una experiencia que tardaré en olvidar, pues el resto del tiempo que pasamos allí, estaba cargado de miradas llenas de complicidad, que hicieron el viaje más ameno y divertido.


Leer Más...

13 sept 2008

Webcam de Susana

Leer Más...

6 sept 2008

Deliciosas vacaciones

Siento no haber escrito este tiempo, pero como ya os imaginaréis he estado de vacaciones. Claro esta tengo que dar gracias por tener una vida llena de situaciones tan deliciosas como la que os voy a contar.

Junto a un par de amigas, decidimos irnos de crucero este verano, una ruta por el mediterráneo, Roma, Grecia, Cerdeña, etc, etc. Pudimos ver las ruinas griegas, el coliseo romano y la torre inclinada, además estuvimos en Mónaco y en el vaticano. Lugares preciosos con una rica arquitectura. Hicimos miles de fotos que pronto colgaré en el blog.

Pero estos maravillosos paisajes no fue lo único increíble del viaje, lo mejor ocurrió en el barco.

Normalmente, las estancias en el barco las pasábamos entre la piscina, el jacuzzi y el buffet, pero aquel día me fui yo sola a la biblioteca, si tienen una, y escoger un par de libros para leer en el camarote. Mientras buscaba absorta fijándome en los títulos de los libros, no me di cuenta de que mi mano se cruzó con la de un desconocido. Nos miramos con sorpresa, era un chico joven algo menor que yo, pelo castaño y largo el cual le daba ese aspecto tan juvenil, con unos ojos verdes preciosos, como el mar al atardecer.

Me regaló una tímida sonrisa y yo le respondí de igual manera, al parecer nos habíamos fijado en el mismo libro, el siendo muy caballeroso me cedió el libro, pero a cambio me pidió una cita. Por un momento no quise aceptar, pero pensé que estábamos en un crucero, lleno de gente, que podía pasar...

Me cito a media noche, en la cubierta, en la piscina. Me moría de ganas de contárselo a las chicas, pero era mejor guardarlo en secreto hasta pasada la velada.

Me puse mi mejor traje de baño, un precioso bikini de color plateado que unía las dos piezas con una cadena sobre mí estómago, me tape la cintura con un pareo ya que hacia algo de fresco en alta mar.

Mientras las chicas se duchaban y preparaban para irse a la sala de fiesta, yo salí a escondidas del camarote y me fui hacia la piscina, aún no eran las 12 así que me senté en el borde de la piscina a esperar.

Mis pies tocaban la fresca agua y mi cuerpo empezó a temblar de frío, entonces sentí como una cálida y fina manta se posaba sobre mis hombros. Era el chico de la biblioteca que me abrigaba con ella.

Se sentó a mi lado y comenzamos a charlar, me contó que todos los años hacia un crucero el sólo, me pregunté por qué solo, siempre es mejor viajar en compañía, pero no me quiso contestar, siguió explicándome la cantidad de sitios que había visitado.

Mientras el me describía lo bello que es Florencia, la magia de Egipto y mil lugares más, yo miraba las estrellas. Era precioso, a pesar de las luces de cubierta el cielo se podía contemplar de maravilla el cielo estrellado.

De repente el dejo de hablar, yo le miré y con una sonrisa me invitó a meternos en la piscina. Aunque hacia algo de frío, me apetecía realmente darme un baño.

Él se metió primero y extendió su mano para ayudarme a entrar. El agua estaba realmente fría pero la compañía empezaba a resultar realmente agrádale.

Apoye mi espalda en el borde de la piscina y extendí mis piernas, el suavemente las sujeto para ayudarme a flotar. Sus ojos recorrieron mi cuerpo con lentitud y eso hizo ponerme la piel de gallina. Su mirada era profunda e intrigante y me excitaba la idea de que le gustara mi cuerpo.

Todo era muy excitante, solos en aquella enorme piscina con el manto estrellado de la noche cubriéndonos, la musica de la sala de fiesta llegaba suave a nuestros oídos, parecía la noche perfecta.

Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas, con mucha suavidad, se detuvo en mis rodillas, las separó lentamente y se metió en medio. Se acercó a mí y me hizo rodearle la cintura con ellas. Me miró fijamente y me regalo un delicioso abrazo.

Su cuerpo era cálido en comparación con el agua de la piscina que seguía muy fría. Sus fuertes brazos me rodeaban con una increíble suavidad, nuestros ojos se cruzaron, los suyos brillaban con el reflejo de la luna y no puede esperar más, mis labios se acercaron a los suyos, fundiéndose ambos en un largo beso.

Apreté su cintura contra mí, con mis piernas, y pude notar como su sexo erecto empujaba mi pubis, aquello me excitó más aún y nuestras lenguas comenzaron un masaje privado lleno de calidez y una humedecida pasión.

Sus manos apretaron mis muslos con firmeza, y sus labios besaron mi pecho, yo me aferraba a sus hombros mientras disfrutaba cuando su lengua se adentró en mis senos. Con una de sus manos me desato la parte de arriba del bikini dejando libres mis pechos.

Soltó mis muslos y agarró mis pechos con firmeza, su lengua resbaló sobre la piel humedecida por el agua y se detuvo en mis pezones, los mordió con cuidado, yo acariciaba su pelo rizado y mojado y arqueaba mi espalda de placer.

Se arrodilló quedando su cara frente a mi pubis, estábamos en las escaleras de la piscina. Con las manos acarició mi cintura y sus dedos jugaban con la tela del tanga del bikini, hundió su cabeza en el agua y me lo quitó con cuidado, beso tímidamente mi pubis desnudo bajo el agua.

Me preparaba para tener una de las mejores experiencias sexuales del verano, cuando unas voces familiares me llamaron la atención. Eran las chicas que me buscaban. Con prisas y las mejillas sonrojadas de la vergüenza, me puse de nuevo el bikini y disimulamos todo lo posible.

Las chicas llegaron entre risas hasta la piscina, y me riñeron por no haberlas avisado. Total que las chicas se metieron en la piscina con nosotros y no pudimos hacer nada más. Pasamos el resto de la velada entre juegos y risas.

Cuando llegó la hora de despedirnos, volví a quedar con aquel chico, pero esto os lo contaré en otra ocasión.

Leer Más...

5 ago 2008

BESOS DE AMOR AUTENTICO


www.Tu.tv

Leer Más...

3 ago 2008

Sexo en la oficina

Hace unos días me ocurrió algo muy excitante en la oficina. Muchas veces me quedo a última hora para dejar el trabajo adelantado, y aquel día parecía ser como otro cualquiera, pero no fue así.

Me encontraba en la habitación donde guardamos los archivadores y estaba buscando una carpeta de clientes que mi jefe parecía haber extraviado. Allí envuelta de papeles por todos lados y de archivadores metálicos, no me di cuenta de que no era la única que quedaba en la oficina.

Tras más de media hora buscando, por fin logré encontrar lo que buscaba, salí de la sección y me dirigí a la maquina de café, necesitaba un poco de cafeína. Para llegar a ella tengo que pasar por el salón central, donde se encuentran la mayoría de los ordenadores que usan mis compañeros, para dirigir las transacciones y demás tareas.

En primera instancia no me di cuenta, pero cuando volvía, ya camino del despacho del jefe y café en mano, por el rabillo del ojo pude ver una figura entre las sombras. Casi dejé caer el vaso al suelo por el susto, me quedé inmóvil tratando de averiguar que era y cuando me acostumbre un poco a la penumbra, pude ver que era uno de mis compañeros que estaba usando uno de los ordenadores.

Pero, lo que no entendía es porque, quizás estaba adelantando trabajo o quizás terminando algo que dejó a medias. No quise molestarle pero la curiosidad pudo conmigo. Despacio y sin hacer mucho ruido me fui acercando, pero un sonido peculiar detuvo mi marcha, del ordenador salían unos gemidos, al estilo de las películas porno.

Me tape la boca para no reírme y llamar su atención, pues enseguida supe que estaba pasando, mi compañero estaba viendo un vídeo pornográfico en el ordenador, por un lado pensé en la vergüenza que él sentiría si lo pillaba y por otro lado me hacia gracia imaginar la cara que pondría.

Me acerque un poco más y no puede evitar sorprenderme cuando la luz de la pantalla se iluminó y vi. Que estaba masturbándose. Aquella visión me excitó mucho, mi compañero era un chico muy agrádale y bastante atractivo, alto fornido, pelo castaño y ojos pardos, muy simpático y gracioso.

No savia que hacer, por un momento se me ocurrió la idea de acercarme y jugar con él, y por el otro irme como si nada hubiera pasado, pero mientras decidía mi siguiente paso, el ya se había percatado de mi presencia.

Me miró sorprendido y no hizo nada por ocultar lo que estaba haciendo, nuestras miradas se cruzaron durante unos segundos que se hicieron eternos. Acto seguido extendió su mano, pidiéndome la mía. Reaccioné por inercia, me acerqué a él, se levantó apartó el teclado de la mesa y me sentó en ella.

De fondo seguían escuchándose los gemidos de los protagonistas de la película, él se sentó de nuevo en la silla, quedando entre mis piernas, las cuales me hizo apoyarlas en los posabrazos de la silla.

Sin dejar de mirarme, posó sus manos sobre mis muslos y remango mi falda hasta la ingle, acarició mi piel con sus dedos avanzando hasta mi entrepierna, donde se detuvo en mi tanga. Con uno de sus dedos fue deslizándolo por el centro de mi pubis. Sentí como presionaba mi clítoris y eso me hizo encogerme de placer.

Al notar mi reacción continua con sus dedos hasta pasarlos por debajo del tanga, estiro y me hizo levantarme un poco para quitármelos. Una vez que mi sexo estaba desnudo frente a su rostro, hundió su lengua en él, sujetándome firmemente de los muslos.

Lamió con pasión mi pubis y mi clítoris, y jugo con mis labios vaginales como si de un caramelo se tratase, ya mis gemidos podían confundirse con los de la película.

Yo no podía ni moverme del placer que su lengua estaba produciéndome, acariciaba su pelo con una de mis manos invitándole a seguir, entonces se detuvo y se metió lo dedos en la boca, así humedecidos, los introdujo suavemente en mi vagina.

Me mordí los labios para evitar gritar de placer, su lengua seguía paseándose y jugando con mi clítoris mientras sus dedos, entraban y salían.

La película ya había terminado y ahora mis gemidos eran los protagonistas, su lengua tan jugosa me hacia temblar cada vez que se deslizaba por mi piel.

Sus movimientos comenzaron a ser más rápidos y constantes, yo apenas podía aguantar más, ya empezaba a notar como mi cuerpo se estremecía y entonces llegó el orgasmo. Me puse a temblar gimiendo muy alto, pero él seguía lamiéndome y penetrándome con sus dedos.

La sensación era increíble, muy placentera. Cuando terminé él se separó suavemente y me miro sonriente, yo me sonroje aunque con la poca luz que había no podía percatarse de ello.

Por suerte para nosotros, ya nos habíamos vestido, cuando apareció el guarda de seguridad, algo alarmado pues había escuchado unos extraños ruidos. Nos miramos y soltamos una carcajada que el guarda no logró entender.

Nos acompañó hasta la puerta para irnos, una vez a solas, mi compañero me guiñó un ojo y me dijo con un susurro, me encantaría repetirlo.

Me volví a sonrojar y me quede allí viéndolo como se alejaba, sinceramente a mí también me gustaría repetirlo.

Leer Más...

29 jul 2008

En las "redes" de la pasión

Tras mi primera experiencia en los chats y aunque no fue tal y como esperaba, decidí probar suerte de nuevo. Pero esta vez no fui al mismo Chat, anduve buscando por la red, hasta que encontré uno que resultaba muy llamativo.

Me colé en la sala principal y estaba tan animada como la anterior, el tema principal eran las relaciones a distancia a través de Internet. Todos opinaban de forma muy respetuosa y ordenada, resulta difícil encontrar chats así.

La mayoría de las chicas opinaban que es difícil mantener una relación así, pero que puede resultar muy satisfactorio si se posee la suficiente paciencia y existe un gran amor entre ambos. Sin embargo, los hombres opinaban más que, una relación así solo lleva a la posibilidad de que las infidelidades sean más asiduas.

Pero me llamo la atención el comentario de un chico, el cual exponía que este tipo de relaciones, pueden llegar muy lejos, siempre que la sinceridad y la confianza sean completas, a lo que respondí que estaba totalmente de acuerdo con él.

Acto seguido me apareció un privado suyo, donde directamente me preguntaba quien era yo y que nunca me había visto por aquel chat, le explique que era principiante en esto de los chats y que me había llamado mucho la atención el tema principal que se estaba tratando.

Me comentó que para el ya se hacía monótono y algo aburrido, demasiado tiempo en chats similares y que ya comenzaba a perder el interés. Continuamos charlando de todo un poco, hasta que me pregunto que tal habían sido mis otras experiencias en otros chats.

Aunque me daba vergüenza le conté lo que me ocurrió con aquel chico, detalle a detalle le relaté como acabamos haciendo cibersexo, y para mi asombro, el no se sorprendió. Me dijo que aquello era más habitual de lo que yo me podía imaginar.

Me contó que el también lo había hecho en alguna que otra ocasión y que normalmente no volvía a saber nada de esas personas, aquello me alivio en cierta manera, ya que empezaba a darle muchas vueltas a la extraña desaparición de aquel chico.

La conversación tomó entonces un tono más picantón y divertido, ambos comenzamos a contarnos, que es lo que más nos gustaba en la cama, pero noté algo extraño en sus palabras, eran algo ambiguas.

Conforme avanzaba la conversación, tenia la sensación de que había algo que no me cuadraba, la curiosidad por aquella persona empezó a ser tan fuerte, que pocos minutos después le pedí la Web cam. El no se negó y nos mandamos los messenger, entonces conectó su cam y pude descubrir que era aquello que no me cuadraba, no era un hombre, si no una chica.

No salía de mi asombro, pero tampoco podía reclamarle nada, pues en ningún momento le pregunte su sexo ni su nombre y di por sentado que era un chico. Le conté mis ideas y empezó a reírse.

Era muy guapa, tenía unos labios gruesos y muy sensuales, rubia de pelo corto y ojos claros, azules o grises, no alcanzaba a distinguirlo bien. Me enamoro su carita angelical, con esa tez tan clara y sus pómulos rosaditos por la vergüenza, supuse.

Ella me pidió mi Web cam y yo encantada la conecté. Cuando me vio, dijo que era realmente bonita, le gustaba mi pelo largo y sedoso y mis ojos pardos, casi achinados. No pude evitar sonrojarme y eso le gustó más aún.

Pronto comenzamos con las insinuaciones, me decía que no llevaba sostén y yo me moría por ver si eso era cierto o no, debió notarlo en mis gestos cuando me pregunto si no me lo creía. Con una sonrisa le respondí que me gustaría ver si eso era cierto o no.

Acto seguido se quitó la camiseta de tirantes de color azul que llevaba puesta y dejo sus senos al aire, completamente desnudos. Eran muy redondos y tersos, me gustaban sus formas, deseaba poder acariciarlos.

Ella los tomo entre sus manos con delicadeza y los acaricio suavemente, yo no podía apartar la mirada de la pantalla, se hizo el silencio y como si de telepatía se tratase ambas sabíamos lo que hacer.

Yo me quite mi camiseta y acaricie la tela de mi sostén, cerca de mis pezones, con la punta de los dedos, muy despacio, dibujando cada puntillaza del encaje que los cubría.

Ella continuaba con sus caricias, apretando con cuidado sus pezones y masajeándolos hasta que estos estuvieron erectos. Yo me desabroche el mío y muy despacio fui desnudando mis senos, poco a poco, disfrutando de cada caricia que mis dedos les dedicaban.

Mi piel se erizaba cada vez que la miraba acariciarse, mi lengua ansiaba poder deslizarse por su piel, sentir su sabor y escucharla gemir de placer.

Ella fue más lejos, inclino su cámara hacia su entrepierna y pude ver que apenas llevaba un diminuto tanga de color blanco. Sus dedos comenzaron a rondar su ingle, sus uñas largas y bien cuidadas arañaban con cuidado la tela de aquel tanga.

Mis ojos seguían sin cesar el movimiento de sus dedos, pronto estos se metieron por debajo de la tela y la apartaron, pude ver con claridad su clítoris y no pude evitar imaginándome lamiéndolo y besándolo.

Estaba muy excitada y por lo que podía ver, ella también. Se llevó uno de sus dedos a la boca y así, humedecido, se dispuso a introducirlo en su vagina, mientras que con la otra mano, continuaba acariciando su clítoris.

La visión de aquel dedo, dentro de ella, hizo que mi entrepierna se humedeciera de excitación. Lo introducía con suma delicadeza y su cuerpo se estremecía cada vez que lo hacia.

Su sexo húmedo tenia un aspecto jugoso y apetecible, acariciaba sus labios menores y volvía a introducirlo dentro, realmente ella estaba disfrutando y yo también.

De repente la pantalla se volvió negra y toda la luz de la casa se apagó, había sido un apagón en todo el edificio. Me puse nerviosa, no quería que pensara que me había largado sin más.

Durante media hora estuve allí sentada esperando, hasta que por fin la luz volvió. Inmediatamente conecte el msn esperando verla, pero por desgracia ella ya no estaba.

Por suerte tenia su dirección de correo electrónico y le envié uno explicando lo sucedido. Espero que algún día lo lea y pueda verla de nuevo. No dejo de pensar en sus preciosos senos y en lo excitada que estaba al verlos.



Leer Más...

27 jul 2008

Amor en la oscuridad

Una vez al mes, voy al campo de mis abuelos, para ayudarlos, tienen un terreno, con cultivos y unos pocos animales, cabritas y cerditos. Y como ya son mayores pues una ayuda de vez en cuando no les viene mal.

Además, aprovecho para ver al hijo de los vecinos, un chico de mí edad, alto y moreno, con unos profundos ojos negros y su tez tostada por el sol, tiene una sonrisa casi angelical, que te invita a soñar.

La granja de mis abuelos es un lugar precioso, todo rodeado de verde, incluso tienen una parcela de trigo donde de pequeña me gustaba jugar y donde acababa durmiéndome agotada, recuerdo las veces que mi abuelo me recogía en brazos y me llevaba a la cama, cuando despertaba en mí pelo aún quedaban espigas del trigo enredadas, que bellos recuerdos.

Pero aquel día todo iba a ser muy diferente de lo que yo había esperado, pero muy similar a lo que había imaginado, os explicaré por qué.

Como de costumbre cuando llegué mi abuela me esperaba para cenar, y me había preparado sus deliciosas galletas echas al horno, para el postre. Pero la sorpresa fue, que aquella noche teníamos un invitado más en la mesa. Era el hijo de los vecinos, por lo visto había estado todo el día ayudando a mí abuelo con los animales y en agradecimiento mi abuela lo invitó a cenar.

Comimos un guiso de carne y patatas, delicioso, mi abuela es una gran cocinera. Durante la cena todo fue muy bien, mis abuelos y el vecino me comentaban lo bien que había crecido el trigo estos meses, y que los animales estaban muy bien. Mi vecino me invito a ir al trigal después de la cena, a lo que acepté encantada.

Todo transcurrió sin contratiempos, y antes de irnos al trigal, mi abuela nos dio una cestita, con refrescos y las galletas aun calentitas. Salimos de la casa y nos encaminamos hacia el campo, una ligera brisa nos refrescaba. Él iba con una toalla en la mano, para no mancharnos la ropa con la hierba.

Llegamos y nos sentamos en medio del trigal. Cobijados por la profunda oscuridad que nos proporcionaba la noche sin luna, y maravillados por la cantidad de estrellas que se vislumbraban en el cielo, nos tumbamos sobre la toalla y comenzamos a recordar cuando éramos niños y jugábamos en aquel mismo campo.

Las carreras, cuando llevábamos a las cabras más pequeñas y corríamos tras de ellas para asustarlas, las miles de trastadas que hicimos siendo niños, mientras yo hablaba de aquella vez que me caí y me partí un diente y el me abrazaba para que no llorara, me di cuenta de que sus brillantes ojos se habían clavado en mí, y sus labios habían dejado de emitir sonido alguno.

Le miré sorprendida por el silencio que se había creado sin aviso y entonces él se acercó a mí lentamente, cuando cerró sus ojos, supe que me iba a besar y no hice nada por evitarlo. Sus labios tiernos y dulces, aún sabían a las galletas de mí abuela, le besé con intensidad y disfrute cada segundo que nuestros labios estuvieron unidos.

Su cuerpo fuerte y musculoso despertaba en mí el deseo de acariciar su torso y así lo hice, mis manos ansiosas se deslizaron por debajo de su camiseta, y con una inusual timidez dibuje el contorno de sus abdominales marcados, mientras mi lengua jugaba con la suya.

Él era un chico de pueblo y bastante tímido a pesar de que fue el quien comenzó el beso, sus manos rodeaban mi cintura, pero no se atrevía a ir más allá, le dije con sensualidad que me acariciara y muy despacio, liberó mi cintura para desabrocharme la camisa.

Sus manos temblaban y mis mejillas se sonrojaban cada vez más, me encantaba que lo hiciera con esa delicadeza, no había brusquedad en sus movimientos, todo era tan romántico, la noche cerrada, las estrellas, aquel trigal, los dos solos en aquella inmensidad. Nadie sabía lo que allí estaba ocurriendo.

Le ayude a desabotonar mi camisa, mientras aún besaba sus dulces labios, cuando mis senos quedaron al descubierto, él se quedó sin saber que hacer, yo comencé a reír y mis manos guiaron a las suyas hasta ellos. Dibujó con sus dedos los suaves encajes que formaban mi sostén, y besó mi cuello con cariño y dedicación.

La situación era tan excitante que mi deseo por él crecía por momentos, le empuje con cuidado hasta que se puso boca arriba y me senté sobre su cintura, inclinándome hasta que mis senos casi rozaban sus labios, invitándolo a besarlo y así lo hizo.

Podía notar en mí pubis, que su pene erecto luchaba por salir del pantalón, pero no quería romper su inocencia de esa forma, así que me limite a mover mi cintura suavemente sobre él. Sus manos rápidamente se acomodaron en mis nalgas, ayudándome con el contoneo que tanto le estaba excitando.

Yo misma me desabroche el sostén, y deje caer mis tersos senos sobre sus labios, él los recibió con ansia y los besó y lamió como si ya fuera todo un experto.

Yo gemía de placer cada vez que su tibia lengua tocaba mi piel. Si hubiera podido le habría hecho el amor allí mismo, pero cuando más excitada estaba, recordé que pronto mi abuelo vendría a buscarnos, y no sólo eso, no quería ser el primer amor de aquel chico de pueblo que no había conocido mujer hasta ese momento.

Me incline de nuevo y bese sus labios, le miré con cariño y le dije que debíamos irnos, el se negaba, pero insistí lo suficiente para que entendiera que no podía ocurrir lo que seguramente ocurriría si seguíamos allí.

Nos sentamos y me ayudo a ponerme el sostén y abrocharme la camisa, acto seguido nos abrazamos y nos tumbamos de nuevo a contemplar las estrellas, para tratar de calmar el deseo que a ambos nos consumía por dentro.

Leer Más...

Tres no son multitud

Los que me leéis, ya sabéis que me gusta salir con las amigas de fiesta, una cena, un paseo y la discoteca.

Allí suelen ocurrir cosas muy curiosas, no siempre es así, pero yo debo ser una chica con suerte. Aquel día yo y una amiga estábamos muy aburridas y decidimos salir esa noche a tomar algo.

Fuimos a una discoteca nueva, ya que la de siempre empezaba a ser muy monótona. El ambiente que encontramos era muy diferente al que estábamos acostumbradas, pero nos gustó desde el primer momento.

La música moderna, mucha gente pero sin ser agobiante, la sala bien repartida, había sillones para descansar y que las parejas tuvieran sus momentos de intimidad, mesas a un lado para no estar de pie en la barra, el local era bastante grande y amplio.

Comenzamos a bailar muy animadas, junto a un grupo de chicos, a cual más atractivo, el local estaba lleno de lo que se conoce como gente guapa, y a pesar de eso nos sentíamos muy a gusto allí.

Uno de los chicos se acercó a mí y me tomó por la cintura para bailar conmigo, yo miré a mi compañera, la cual me guiñó un ojo, en señal de que disfrutara del momento.

Rodeé su cuello con mis brazos y moví mi cadera al ritmo de la música, el me sonreía sin parar, mientras me sujetaba firmemente por la cintura. El chico sabía moverse muy bien. Como pudimos entablamos una conversación, el se llamaba Alejandro y era un joven empresario, estuvimos hablando de nuestros gustos y de todo un poco.

La conversación se volvió tensa, al menos para mí, cuando me mencionó a su prometida, ya no era simplemente su novia, si no que en menos de dos años se casaban.

En ese momento, me sentí tan incomoda que quise soltarme y volver con mi compañera, pero el no me lo permitió. Le pedí, por favor, que me soltara, pero se negó en rotundo.

Entonces apareció una chica alta, rubia de pelo largo y rizado, era preciosa, tenía un cuerpo de escándalo, posó una de sus manos, sobre el hombro del chico y le besó con cariño en la mejilla, supuse que era su novia, pero me extrañó que no montará un espectáculo al verle bailando con una desconocida.

Ambos me invitaron a subir a la parte de arriba, donde los sofás, yo me quede un poco extrañada, pero accedí.
Una vez allí nos sentamos y pudimos hablar tranquilamente, la música no era tan fuerte y podíamos oírnos bien al hablar.

Ella se llamaba Amanda, y efectivamente era su prometida, la chica no dejaba de mirarme los pechos y yo cada vez estaba más confusa.
De pronto él le comentó algo al oído y ella afirmó sonriendo con la cabeza, ambos me miraron pícaramente y yo sentí algo de miedo, tanto misterio me ponía nerviosa.

Ellos sin previo aviso comenzaron a besarse y a acariciarse delante de mí, yo decidí dejarlos a solas, pero ella me miró y me dijo, que aquello era una fiesta para tres. Entonces lo entendí todo, querían hacer un trío, y la verdad ambos despertaban en mi un deseo irrefrenable, pero no sabía cómo entrar en el juego.

Entonces ella se sentó entre nosotros y sin mediar la palabra deslizo su mano sobre mis muslos desnudos, su pulso firme y su actitud atrevida me hacían temblar de deseo.

Mientras el chico le desabrochaba la camiseta y dejaba al aire sus desnudos senos, no pude evitar fijarme, en que en uno de sus pezones, portaba un pendiente, al que Alejandro le prestaba mucha atención. Su lengua jugaba con él, y ella llegó hasta mi pubis, me hizo abrir las piernas y con sus dedos dibujó círculos sobre él.

Yo me incliné y la besé en los labios, nuestras lenguas jugaron como si de un pulso se tratara, sus dedos se introdujeron por debajo del tanga y fueron directos hacia mi vagina.

Me parecía que todo iba muy deprisa, yo soy amante de la sensualidad y el erotismo, pero esta pareja prefería el sexo fuerte. El chico pronto se puso de rodillas y le quitó las bragas a ella, para hundir su lengua en su entrepierna.

Yo estaba muy excitada pero no me sentía realmente cómoda, por como estaban sucediendo las cosas, todo iba muy deprisa, tras esto, él se levantó, se desabrochó los pantalones y sacó su miembro erecto, invitándonos a lamerlo.

Yo ya no quería seguir, todo era muy frío, ni siquiera podía creer que eran pareja, ella me soltó y comenzó a lamer el miembro de Alex, en ese momento en que los dos se sumergieron en una marea de éxtasis y placer, yo me levanté y salí apresuradamente de allí.

Cuando encontré a mi compañera, esta me notó algo nerviosa, pero no quise contarle lo sucedido para no estropearle la noche.

Por suerte para mí, no ocurrió nada más, no volví a verlos en todo el tiempo que estuvimos allí, y pude disfrutar de una agradable noche de baile y risas con mi compañera.

La verdad que la experiencia fue excitante, pero tengo mis limites y si algo no me gusta, pues mejor me retiro.

Leer Más...

6 jul 2008

Despedida de soltera 2ª parte

Como ya os comente anteriormente, Helenita se casaba y nos fuimos de fiesta para despedir su soltería, ocurrieron muchas cosas, pero la historia no quedó allí.

Como compañeras suyas y buenas amigas que somos, nos pidió que fuésemos sus damas de honor y claro esta aceptamos con ilusión.
Lo que ocurrió antes de la boda fue lo siguiente.

Los preparativos se hicieron en la casa de campo de su hermana, las chicas y yo nos encargamos de vestirla, estaba preciosa con aquel vestido, era el tradicional blanco perla, con bordados en la falda y un escote precioso sin mangas que realzaba sus esplendidos pechos. La cola era medianamente corta y el velo se mantenía en una diadema de brillantes muy elegante. Los guantes blancos de medio brazo le daban un aspecto muy distinguido, en definitiva, le quedaba perfecto.

Mientras las chicas le atusaban el velo y acomodaban la cola, yo estaba terminando de adornar el ramo, cuando de repente, nos pidió que la dejáramos a solas. Todas nos sorprendimos un poco, pero nos imaginamos que con los nervios era algo normal. Cuando todas salieron y yo me disponía a hacer lo mismo, me paró en seco y me pidió que me quedara.

Yo no salía de mi asombro inicial, no estaba muy segura de que es lo que quería de mí, pero imaginé que sería para hablar de lo que ocurrió en la fiesta de la semana anterior. Me senté sobre la cama y la miré esperando a ver que me decía.

De repente ella se giró hacia la puerta y puso el pestillo, yo empecé a ponerme nerviosa, me miró con una cara de deseo que pocas veces había visto antes y como si de una fiera salvaje se tratara, se abalanzó sobre mí, con vestido incluido.

Caímos sobre la cama y empezó besarme con pasión, en los labios, el cuello y mi pecho. Yo no podía reaccionar entre la sorpresa y el susto. Como pude me la quite de encima y le pedí que parase.

Ella se contuvo y le pedí una explicación, comenzamos a hablar. Me dijo que siempre me había deseado pero que igualmente estaba muy enamorada de su futuro marido y que tras la boda jamás volvería a insinuarse, pero no podía olvidar lo que ocurrió el día de la fiesta y no quería casarse teniendo ese deseo aún en mente.

Yo no sabía que hacer, la deseaba tanto como ella a mí pero la imagen de su novio no se me iba de la cabeza y así se lo dije, ella se rió a carcajadas y me dijo que su novio ya lo sabia y que tenía su permiso, yo no me lo creía y ella viendo mi cara de incredulidad cogió su móvil, dispuesta a llamar a su novio.

En ese momento la creí por completo, rápidamente me levante y le quite el móvil de las manos, lo deje encima de la silla y la hice acompañarme hasta la cama.

Nos sentamos y la bese suavemente en los labios mientras la rodeaba con mis brazos para desabrocharle el vestido, no quería que se estropease, ella me ayudo en todo el proceso, con cuidado le quite la falda y el can can dejándola semi desnuda, sólo con la ropa interior.

Estaba impresionante, los pantis blancos sujetos deliciosamente por un liguero y debajo de este un tanga a juego, totalmente de encaje que no dejaba lugar a la imaginación.

La liga era sumamente tentadora, se puso en pie y apoyo la pierna con la liga sobre el borde la cama, entre mis piernas. Mientras ella se quitaba el liguero, yo apreté con mis labios la liga y la hice descender hacia sus tobillos.

Mis manos ascendieron por su pierna aun cubierta con el panti y cuando llegaron hasta su muslo a medida que iba bajándolo mi lengua lamía su piel desnuda.

En ese momento, ella suavemente me empujó sobre la cama con su pie ya desnudo y se sentó sobre mí, se quitó el sostén dejando sus preciosos y tersos senos al aire y se inclinó sobre mí. Muy despacio me quitó el corsé que formaba parte de mi vestido de dama de honor y se sorprendió al ver que no llevaba sostén.

Nuestros senos desnudos se rozaron suavemente y todo mi cuerpo tembló, posé mis manos en su trasero y lo apreté contra mí. Ella me besó en los labios y después se centró en mis senos, los acarició con sus dedos y pronto su lengua ya se paseaba por mis pezones haciéndolos endurecer de placer.

Yo gemí y en un arrebato me la quité de encima y la puse boca arriba en la cama. Con mi lengua tracé un camino desde su cuello hasta su ombligo, donde me detuve mientras mis manos le quitaban aquel diminuto tanga.

Ella mantenía los ojos cerrados disfrutando de mi tacto sobre su piel, una vez que la tenía allí completamente desnuda, besé sus muslos hasta llegar a su pubis. Mi lengua se introdujo entre los pliegues de su sexo buscando su jugoso clítoris, estaba húmedo y era muy cálido. Con la punta de mi lengua lo acaricie una y otra vez y ella se contoneaba con cada una de mis caricias.

Sentí como su vagina desprendía un calor ya conocido y supe que era el momento. Humedecí uno de mis dedos y suavemente acaricie los pliegues que protegen su vagina antes de introducirlo con cuidado.

A medida que mi dedo entraba en ella sus mejillas tomaban un color rosado muy excitante, entonces me incline para besarla, nuestras lenguas jugaron en su boca con ansía.

Mi mano seguía en su entrepierna buscando su punto G, quería hacerla gritar de placer y ver como se sumía en un orgasmo, por lo que introduje un segundo dedo, ella me agarró fuerte del brazo dándome a entender que había llegado a mi destino.

Mi lengua descendió hasta sus senos y lamí sus pezones al tiempo que los apretaba con los labios, su cadera no dejaba de moverse y mis dedos entraban y salían cada vez con más brío.

Cuando noté que por mis dedos se escurría una sustancia tibia, su cuerpo comenzó a temblar y ella gimió de una forma que casi me produce a mí un orgasmo, no quería llamar la atención de las chicas que rondarían cerca de la habitación y la bese para acallarla.

Pero las chicas ya la habían oído y golpeaban la puerta esperando una respuesta, nos miramos y nos reímos a carcajadas mientras gritábamos que no pasaba nada.

Ella sudaba y aún temblaba por lo que decidió darse una ducha, yo me vestí y me quedé arreglando el vestido. Cuando salió de la ducha me dio las gracias por haberla dejado cumplir uno de sus más eróticos deseos y yo me sentí abrumada.

Dejamos entrar a las chicas que no dejaban de preguntar que demonios había pasado y nosotras entre risas sólo decíamos que nada.
Sé que muchas de ellas sospecharon lo que sólo nosotras y esas cuatro paredes habíamos vivido momentos antes, pero ninguna se atrevió jamás a insinuar nada.

La boda ocurrió sin problemas y después de aquello ella cumplió su promesa, seguimos siendo amigas y compañeras en el salón, pero nos une aquella experiencia que nunca olvidaremos.

Leer Más...

17 jun 2008

SALÓN DE MASAJES: El chico misterioso

Aquel día andaba un poco baja de ánimos, había sido una dura jornada y aunque no me apetecía mucho ir al salón, no podía dejar de cumplir con mí trabajo.

Una vez allí me dispuse a acondicionar la sala, hoy tenía un nuevo cliente, un chico con él que nunca había tratado, eso me alegraba, siempre me ha gustado conocer gente nueva.

Por lo que me había comentado mi jefa, era un chico joven, con problemas de espalda, hijo de una amiga suya. Así debía tener un trato algo más especial con él.

Cuando le vi entrar me quede asombrada, su rostro era muy dulce, sus ojos grandes y verdes eran muy llamativos ya que su tez blanca y su pelo negro como él carbón, resaltaba él color verde de sus preciosos ojos. Era de mediana estatura, un poco más alto que yo, de constitución normal, pero fuertes hombros, era muy atractivo.

Me comentó que es lo que le dolía, que no podía hacer movimientos muy exagerados y que sentía mucha carga sobre sus hombros. Le pedí que se quitara la ropa y se tumbara sobre la camilla para comenzar con él masaje.

Unte mis manos con aceite de romero, que es muy bueno y relajante, y lo esparcí con mucha suavidad por su piel, a pesar del aceite podía notar lo suave y calidad que era, él suspiró. Parecía estar muy cómodo y eso hacia todo más fácil.

Me centre en sus hombros, si era cierto que los músculos de esa zona estaban muy tensos, y lleno de nudos. Con mis dedos trate de relajar toda la zona y deshacer esa tensión que seguro era muy dolorosa.

Una vez que conseguí relajar esa zona, me centre en su columna, amase con ganas toda la dorsal y mientras baja hasta su cintura mi mirada no pudo pasar por alto su trasero, cuando me di cuenta me sonroje, no tengo por costumbre fijarme en los traseros de los hombres, pero él suyo era tan firme que no pude evitarlo.

De lo que no me di cuenta es de que había cesado de darle él masaje y él se había girado para ver que ocurría. Me encontré con su sonrisa, era preciosa y me volví a sonrojar.

Él se puso boca arriba y yo no sabia que hacer, ni que pretendía, hasta que me pregunto si me gustaba, me quede en silencio, no sabia muy bien a que se refería ni que debía decir. Entonces me cogió de la mano y me atrajo hacia él, me sentía hipnotizada por sus ojos, ni siquiera me di cuenta de que había deslizado una de sus manos por debajo de mí bata y me estaba acariciando la pierna.

Era muy sensual su tacto, me gustaba mucho y me deje llevar.

Me incline sobre su pecho y lo bese con suavidad, su piel era muy cálida, volvió a suspirar, mientras su mano seguía en su camino ascendente hacia mí entrepierna, me estremecía a cada centímetro que avanzaba por mí piel.

Estaba llena de deseo hacia aquel chico, mi lengua recorrió su pecho hasta su cuello, y comece a besarle, él con la otra mano me desabrocho la bata y comenzó a acariciar mis senos, estaba muy excitada, y en su entrepierna comenzaba a notarse también su excitación.

Mientras seguía besando su cuello, sintiendo su aliento sobre mí pelo y sus manos en mis senos, deslicé una de las mías aun untadas en aceite, hasta su cinturón. Acaricie la hebilla antes de desabrocharla, y metí uno de mis dedos por debajo de los botones, acariciando su vello púbico.

Mientras tanto él ya me había desabrochado la blusa, dejando al aire mis senos, me agarro del trasero y los acerco hacia su boca, hundió su cara en ellos, y comenzó a besarlos con dulzura.

Con los dientes aparto la tela de uno de ellos dejándolo prácticamente al descubierto, y se introdujo en la boca mi pezón, una sensación húmeda comenzó a formarse en mí entrepierna, estaba muy excitada y deseando subirme encima y dejar que me penetrara, pero decidí seguir con las caricias.

Desabroché su pantalón y metí mi mano dentro, su sexo era firme y cálido, tenia ganas de besarlo, pero no podía porque él seguía jugando con mis senos, así que me dispuse a acariciarlo, saque su miembro fuera de los calzoncillos y acaricie su pene que se erguía con fuerza. Debía serle muy placentero pues sus piernas temblaban con cada caricia.

Yo no aguantaba más, quería lamerlo y besarlo, y se lo dije, entonces me cogió de la cintura y me hizo subirme a la camilla, poniendo su cabeza entre mis piernas y la mia entre las suyas. Mientras yo seguía acariciando su pene él se deshizo de mí tanga y con su lengua empezó a recorrer uno de mis muslos hasta llegar a mí pubis.

Una vez allí mientras lamia mí clítoris uno de sus dedos se introdujo suavemente dentro de mí, gemí de placer, y no pude más, besé su pene con suavidad, una y otra vez, lo acaricie con mí lengua y me lo metí en la boca, apretando mis labios contra él, pude oír como gemía de placer y eso me excitó aún más.

Él sacó su dedo e introdujo su lengua, estaba caliente y se movía frenéticamente dentro de mí, yo no aguantaba tanto placer y no dejaba de moverme, él me sujeto por él trasero e introdujo más aún su lengua, aquello me volvía loca, yo seguía lamiendo su pene, lo introducía una y otra vez en mí boca hasta que me pidió que parase.

Pero no lo hice, quería que eyaculará allí mismo, y seguí jugando con su sexo, a pesar de que yo estaba apunto de llegar al clímax aguanté todo lo que pude, pero en ese momento, introdujo dos de sus dedos dentro de mí y no pude más, comencé a temblar entre gemidos de sumo placer y él orgasmo se apoderó de mí.

En ese momento sentí como su pene también temblaba y descargaba en mí boca su cálido líquido, mientras me agarraba con fuerza del trasero.

Creí morirme de placer, no podía mantenerme sobre mis piernas, me temblaban aún después del orgasmo, yo seguí lamiéndole mientras él seguía gimiendo.

Cuando ya no pudo más me aparto suavemente y allí echados los dos sobre la camilla, comenzamos a hablar. Nos contamos cosas sobre nuestras vidas y lo excitante que había sido lo que acababa de ocurrir.

Pasada la hora del masaje, ambos nos vestimos y nos despedimos, pero me prometio volver, aquello me hizo sonreír. Me despedí de él, aun con temblor en mis piernas y cuando me disponía a ponerme la bata para la siguiente cita, me di cuenta de que había dinero en uno de sus bolsillos, por un momento me sentí sucia, pues sólo se paga a las prostitutas, pero en ese momento él volvió a entrar y al verme con él dinero en las manos, me dijo que no me ofendiera, que sólo había sido un favor, ya que sabía que estaba pasando por un mal momento economico.

Aquello me tranquilizó y le di las gracias, él me respondió con un hasta pronto y una sonrisa que jamás olvidaré.


Leer Más...

16 jun 2008

SALÓN DE MASAJES: La sensual nadadora



Como ya dije anteriormente, en el salón de quiromasaje suelen ocurrirme cosas muy curiosas, hoy me acordé de otra situación.

Aquel día como otro cualquiera, fui al salón después de mi jornada como secretaria, y como de costumbre me dispuse a preparar mi sala para la clienta de ese día.

Era Susana, una joven nadadora profesional, que venía una vez por semana para relajarse un poco de tanta presión. Es una chica alta muy esbelta, de una piel clara que maravillaba por lo tersa que es. Tiene el pelo largo y rubio natural, y sus ojos color gris, están llenos de energía, una energía que se contagia.

Es tímida y poco habladora, pero con su mirada es capaz de transmitir lo que piensa y siente a la perfección, me fascina esa chica, parece un ángel, un ángel terrenal.

Le gusta mucho el olor a jazmín y por eso siempre uso aromaterapia de jazmín, para ella. Disfruto tocando su piel en mis masajes, y sé que a ella también le gusta.

Como iba diciendo, llegó puntual a la cita, iba preciosa, con un pantalón vaquero, que le sentaba genial, y una fina blusa blanca que dibujaba el contorno de sus senos de una forma muy sensual. Le prepare la camilla mientras ella se desvestía y cubría con la toalla tras el biombo. Normalmente, no se suelen hacer estas cosas, pero al tratarse de un masaje de espalda, es lo más cómodo para ambos, paciente y masajista.

Se tumbó suavemente sobre la camilla, y yo unté mis manos con esencia, comencé a esparcirla por toda su espalda y a masajear sus tensos músculos. Su piel es perfecta, tersa, suave y luminosa, es increíble como el cloro de las piscinas no hizo mella en ella.

No podía dejar de mirar sus hombros, tan bien formados, me entretuve un buen rato en ellos, mientras me imaginaba besándolos y oliendo su perfume, bajé hasta su cintura, trabajando toda la columna, tenía un lunar muy gracioso cerca de la axila, siempre me había fijado en él, me resultaba algo erótico incluso.

Como de costumbre, cada vez que tenía cita con Susana, mi imaginación volaba, deseaba besar su piel y acariciar sus pechos, lamer cada centímetro de ellos... Ella de vez en cuando giraba su rostro y me miraba dulcemente, como si agradeciera cada gesto mío.

Aquel día no pude más, me dejé llevar y prácticamente no me importo lo que pudiera pasar, me incline sobre su espalda y la bese con suavidad, para mi sorpresa ella ni se inmutó, si no que se puso más cómoda y sólo dijo, sigue, por favor.

Continué besándola, despacio y deleitándome cada vez que mis labios tocaban su piel, ella se dio la vuelta y yo acaricié su abdomen, la miré a los ojos y ella me respondió con una tímida sonrisa, extendió su mano y acarició mi pelo, me atrajo hasta sus labios y me besó.

Un escalofrío de placer recorrió mi columna, ella se acercó a mis oídos y me dijo, soy lesbiana y me gustas mucho. Realmente aquello me sorprendió mucho, no me esperaba aquella sorpresa, pero lejos de desagradarme, me pareció perfecto.

Acto seguido bese su cuello y deslicé mi lengua hasta sus pechos, tan firmes y suaves, me temblaban las piernas, había estado deseando poder acariciarlos desde hacía ya mucho tiempo y por fin podía hacerlo.

Mi lengua acarició sus erguidos pezones, y mi atención se fijó en su excitada respiración, las dos estábamos muy a gusto y yo me sentía con libertad para hacer lo que quisiera. Mis manos acariciaron sus senos al compás de mi lengua, me deleite con su contorno mientras tímidamente una de mis manos, se deslizaba hasta su pubis.

Ella abrió sus piernas invitándome a acariciarla, y así lo hice, mis dedos acariciaron toda la zona, con una suavidad extrema, jugué con su clítoris y mientras la besaba introduje uno de mis dedos dentro de ella, estaba húmedo y calentito, era una sensación sumamente agradable.

Ella gimió y yo me excite aún más, metí mi cabeza entre sus piernas, y comencé a lamer su pubis con cuidado, mi dedo seguía dentro de ella, comenzó a acariciarse los senos, mientras mi lengua se deslizaba por todos los rincones.

Estaba disfrutando ese momento como nunca, pero para mala suerte nuestra las citas tienen un horario que cumplir, y el de esta ya se había terminado, saque mi mano dulcemente de su entrepierna, y la tape de nuevo con la toalla, ella se levantó y agarrándome por la cintura me acercó a ella y me besó.

Acto seguido fue a vestirse tras el biombo y comenzó a hablar, me dijo que la experiencia había sido increíble y que si yo quería, podría ir a darle masajes a su casa, por un módico precio. En cierta manera la idea me resultaba agradable, por un lado necesitaba el dinero extra y por otro en la intimidad de su casa, nada ni nadie nos molestarían.

Acepte gustosa su oferta, me moría de ganas por continuar donde lo habíamos dejado, aún estaba muy excitada por lo sucedido y sabía que no podría dejar de pensar en ella durante todo el día.

Antes de irse me dejó una tarjeta con su teléfono, para que la llamara cuando yo tuviera libre y concertar la cita para sus masajes a domicilio. Sé que si el salón se entera de esto puedo perder mi empleo, pero creo y sigo pensando que vale la pena, ninguna de las dos se sintió obligada a nada y ambas estábamos de acuerdo en lo que allí sucedió.

Se fue con una amplia sonrisa y yo guarde con recelo su tarjeta a la espera de ese nuevo encuentro...

Leer Más...






Mis VideoClips preferidos




BubbleShare: Share photos - Play some Online Games.


COMENTARIOS DE MIS AMIG@S