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30 sept 2008
Amateur Striptease
Noche apasionada ( VideoRelato )
Este fin de semana pasado yo y las chicas, aburridas de las lluvias y el frío, decidimos recordar nuestra infancia y reunirnos en mi casa, para celebrar una fiesta de pijamas.
Sé que suena a niñería, pero lo importante era pasarlo bien y aquí carecemos de vergüenza.
Fuimos a comprar todo lo necesario, algo de picar, algo para cenar, refrescos y una botella de tequila, para tomar algún chupito.
El sábado por la noche a eso de las ocho de la tarde, fueron llegando las chicas. Entre todas acomodamos el salón, apartamos los sofás y echamos un par de colchones y mantas en el suelo. En total éramos cinco y podríamos dormir cómodas en ellos.
Cuando todo estuvo preparado, nos pusimos los pijamas y dejamos la cena echa. Mientras llegaba la hora de cenar, nos pusimos una película y picoteamos un poco de patatas.
Entre risas y buen ambiente, recordamos las aventuras que vivimos siendo niñas, muchas de nosotras nos conocíamos desde pequeñas y compartimos colegio, instituto y demás.
Las historias se sucedían y ninguna hacia caso de la película, todas estaban inmersas en aquellos recuerdos, excepto yo, desde que las chicas llegaron a casa, mi pensamiento sólo se había fijado en Vanesa.
Ella era una amiga de la infancia, que fue muy importante para mí, en mis recuerdos guardaba un día, nosotras dos juntas, en el patio del colegio. Escondidas tras un banco, allí descubrimos el primer beso, días antes nos prometimos que descubriríamos juntas como era aquello, y así lo hicimos.
Desde entonces nuestra amistad se hizo más fuerte, había mucha complicidad, pero con el tiempo nos fuimos distanciando, ella se cambió de colegio y aunque teníamos los números de teléfono, poco a poco nos alejamos más.
Hasta que no hace mucho, coincidimos en el cumpleaños de un amigo en común y volvimos a retomar nuestra amistad.
Aquella noche estaba preciosa, su pijama, tan fino como la seda, semi transparente y de color de crema, le sentaba muy bien.
Mientras cenábamos no dejaba de mirar sus carnosos labios, me daba igual que las chicas se dieran cuenta, no me daba vergüenza admirar su precioso rostro.
Lo mejor comenzaba después, cogimos la botella de tequila, la sal y el limón y nos fuimos al salón. Llenamos la mesa de velas para que nos alumbrara y bajo esa semi oscuridad empezamos a jugar al juego de los secretos.
Consistía en hacer preguntas personales, si se negaban a responder debían beber tequila, al principio todas bebimos dos o tres veces, pero a medida que el alcohol hacia efecto, la vergüenza desaparecía.
En un punto del juego, una de ellas le pregunto a Vanesa, como y con quien fue su primer beso, yo me quedé a la expectativa y ella no me defraudó, contó con todo lujo de detalles lo que hicimos aquel día en el patio del colegio. Todas las chicas me miraron sorprendidas.
Yo esperaba una mala reacción por parte de ellas, pero no fue así, las bromas se sucedieron tras aquella respuesta, con indirectas y risas pícaras.
Un par de horas después, todas medio borrachas, estábamos agotadas y decidimos irnos a dormir, pero las chicas se las ingeniaron para quedarse todas en un colchón y dejarnos a mí y a Vanesa en el otro.
Ella y yo nos echamos y nos abrazamos, más por el frío que por otra cosa, las demás hicieron lo mismo. Su pelo olía genial, y el tacto era muy sedoso, siempre había envidiado su melena.
Sin darme cuenta me puse a jugar con sus negros rizos, eso la hizo despertar, trate de pedirle perdón, pero su penetrante mirada me dejaba sin habla, se acercó muy despacio y sus labios rozaron los míos. Me volvió a mirar esperando una respuesta por mi parte, la besé y la volví a besar, como si fuera la primera vez, con una pasión que me sorprendía a mí misma.
Mientras nos besábamos recordaba todo lo que sentí aquel día, incluso podía oír el canto de los pájaros en aquel árbol que nos daba sombra.
De un tierno beso, pasamos a las caricias, sus manos desabrocharon mi pijama con mucho cuidado, estaban frías, pero su tacto era cálido, pronto alcanzaron mis senos desnudos, acariciándolos con la yema de sus dedos.
Yo había hundido mis labios en su cuello y la besaba sin parar, mi lengua tímidamente se acercó al escote que aún escondían sus senos, lamí su piel, que estaba caliente, ella suspiraba.
Nos cubrimos con la sabana y ambas desnudas de cintura para arriba, acariciamos nuestros cuerpos con delicadeza, entre besos y abrazos, la noche se hizo eterna.
Ella jugaba con mis senos con tanto cariño... todo era muy dulce y suave.
Debido al alcohol ingerido, creo que nos quedamos durmiendo, abrazadas y medio desnudas, por suerte las chicas no nos despertaron, pues nos habrían descubierto.
Lo que ocurrió a lo largo del domingo, os lo contaré en otro momento, os aseguro que no tiene desperdicio.
27 sept 2008
Relajación excitante
Como ya explique en mi descripción, soy una persona a la que le gusta la relajación, el yoga y todas esas cosas. Hace tiempo asistía a un curso de este tipo, pero por falta de tiempo, lo dejé.
Hasta hace unas semanas que una amiga, me recomendó un nuevo curso, que se hacía por las noches, y pensé que aunque terminaba muy cansada del salón de masajes, me vendría bien.
Así que, allí me presenté dispuesta a disfrutar de la música relajante y los aromas del incienso. En la clase éramos cinco personas, por norma general, estos cursos se hacen con poca gente o de lo contrario sería muy difícil conseguir un ambiente relajado y sin tensiones ni alborotos.
Éramos dos chicas y tres chicos,.de diferentes edades, no me fijé muy bien en mis compañeros, pues en cuanto la vi entrar, a la profesora, ya no pude apartar la vista de ella.
Era una chica de pelo rizado, muy largo, de color calabaza, su tez era blanquecina, y sus ojos color azul cielo. Sobre sus mejillas jugueteaban unas simpáticas pequitas y sus labios eran finos y muy rosados. De cuerpo esbelto y bien proporcionado, piernas largas cubiertas por una falda suelta y larga, que a pesar de taparlas, dibujaban bien el contorno de sus caderas. Llevaba una camisa muy suelta de finos bordados y semi transparete, se podía apreciar sin ningún problema que no llevaba sostén.
Es de todos sabido, que para relajarse hay que llevar ropa suelta y cómoda pero no sabía que eso podía incluir el sostén, pero bueno para mí era algo maravilloso de ver y sabía que para el resto de mis compañeros también.
Echas las presentaciones, nos adjudicaron unas esteras de goma a cada uno y formando un círculo alrededor de ella, comenzó a explicarnos todas las técnicas que íbamos a aprender.
Mientras lo hacía, yo empezaba a imaginarme como sería su personalidad, gesticulaba mucho con las manos, aunque parecía muy segura de sí misma, sobretodo porque te miraba a los ojos cuando se dirigía a ti.
Cuando terminó la explicación, puso en marcha la mini cadena y una música puramente instrumental comenzó a sonar por el hilo musical del local. Con una cerilla prendió los bastones de incienso y se sentó en medio del circulo que los demás habíamos formado.
Comenzamos con algo sencillo, todos estirados boca arriba, relajados, tratando de soltar los músculos y dejándonos inundar por las suaves notas musicales. Ella nos revisaba uno a uno, comprobando que nuestras piernas y hombros estaban realmente sueltos. Cuando se acercó a mí y sentí su tacto sobre mis piernas, me estremecí.
Ella desprendía una energía que te envolvía sólo con mirarte, era tan sumamente sensual, que cualquiera caería rendido a sus encantos.
Una vez que nos revisó a todos, durante cinco minutos guardó silencio dejando que nos relajáramos por nosotros mismos, pasado ese tiempo, nos pidió que nos sentáramos, con la espalda bien recta pero sin tensarla.
Nos explicó que en esta postura se podía alcanzar un grado mayor de relajación y teníamos que aprender a hacerlo. De nuevo una vez que todos cerramos los ojos y nos concentramos en su voz y en sus indicaciones, ella fue uno por uno revisando nuestro estado de relajación.
Yo estaba tan centrada en los aromas y la música, que no la sentí acercarse hasta que sus firmes manos se posaron sobre mis hombros, debo reconocer que en cualquier otra situación me habría sobresaltado, pero esta vez no.
Sus finos dedos se deslizaron por mis hombros de una forma muy sensual, supuse que era parte de la tarea de tratar de relajarme, pero me di cuenta de que no era así, cuando me susurró algo al oído. Me dijo que se había dado cuenta en como la miraba desde el primer momento y que y también le resultaba atractiva.
Yo sonreí y ella me besó en la nuca, era muy excitante saber, que estábamos bajo el cobijo y la seguridad de que todos los demás permanecían con los ojos cerrados.
Su aliento seguía acariciando mi nuca y yo me empezaba a poner algo nerviosa, pero pronto sus manos pasaron a la acción y comenzaron a acariciarme el cuello y los hombros.
Ella se sentó detrás de mí, y pude notar sus pechos sobre mi espalda, eran tersos y firmes. Sus manos se deslizaron hacia las mías, que reposaban cerca de mi vientre y de allí pasaron a mis piernas. Con las puntas de sus dedos acarició mis desnudas rodillas, mientras sus labios me besaban en el cuello y los hombros.
Podía diferenciar su perfume de jazmín entre los fuertes olores de los inciensos, esa mezcla junto con la musica y sus caricias, empezaba a excitarme mucho. Trataba de disimular mi excitación, mordiéndome los labios para no dejar escapar ningún gemido delatador.
Pero cuando sus manos se acercaron a mi entrepierna pensé que ya no podría aguantar más. Jugaron con la tela de mi falda y con la piel de mis muslos.
En un susurro le pedí que desistiera en esa zona, pues terminarían por descubrirnos. Me hizo caso y apartó sus manos, para posarlas sobre mis senos.
Los apretó y acarició, suavemente, sus labios seguían besando mi cuello y mi mandíbula, suavemente me tumbó y giró mi cara, para besarme en los labios. Su sabor era dulce, como a manzana, y fresco como la menta.
Yo apenas podía reaccionar, sólo me dejaba llevar.
En esa posición, ella metió su mano por debajo de mi camisa, tocando la piel de mis senos. Mis pezones se endurecieron tan sólo con la idea de que ella me estaba tocando. Su pelo me hacia cosquillas en las mejillas y podía oler el jazmín más de cerca.
Su mano seguía acariciando mis senos, jugando con mis pezones, yo deseaba tocarla pero no quería que nos descubriesen.
En ese momento la música finalizó y yo me asusté, pero ella fue rápida y pidió a todos que mantuvieran los ojos cerrados y siguieran en ese estado.
Muy despacio me levanto, ella se arrodilló y nuevamente volvió a besar mis labios. Volvió a su posición y poco a poco nos hizo salir del estado de relajación. Tras esto todos compartimos impresiones y nos despedimos de ella hasta la próxima clase.
Estoy deseando volver...
24 sept 2008
Las chicas Playboy ponen los cuernos a Hefner
Parece que Hugh Hefner es cada vez más objeto de exclusión por parte de sus chicas. La semana pasada diversos informes revelaron que una de las chicas de Hefner, Holly Madison, ha sido vista con el reconocido ilusionista Criss Angel, según Transworld Notice.
Además, otras de las novias de Hefner, Kendra Wilkinson fue vista en una cena romántica con Hans Baskett, que juega en el equipo de fútbol americano Aguilas de Filadelfia.
Kendra publicó en su página de My Space indicios sobre flamante romance con el jugador. “HB3 in Loooooooveeeee” escribió la conejita en su página web. Además, explica en su perfil su fanatismo por las Aguilas de Filadelfia.
Kendra es una estrella del programa The Girls Next Door, la serie que sigue las aventuras de Hugh y sus tres novias en el universo Playboy.
17 sept 2008
Lo prometido es deuda
Si os acordáis hace unos días os conté una experiencia con cam, con una chica que conocí por Internet en el crucero, y que días después me dedicó un sensual desnudo por cam.
Como le dije qué le pagaría con la misma moneda, ayer por la tarde me decidí a ello. Contacté con ella y comenzamos a charlar de cosas triviales y poco importantes.
Conforme avanzaba la conversación, fui insinuándole con sutileza el ponernos la cam, ella lo captó enseguida y nos la pusimos. Ella estaba preciosa, se había recogido el pelo, en dos graciosas coletas altas, como si de una colegiala se tratara.
Yo llevaba una camiseta de tirantes, sin sostén y el pelo suelto y mojado, pues aún hace un poco de calor aquí. Empezó a deshacerse en halagos conmigo y yo no hacía más que sonrojarme, siempre he sido muy vergonzosa aunque no lo parezca.
Ella no hacía más que hablar de lo mucho que le gustaba mi larga melena negra, y lo dulce que parecen mis ojos. Yo estaba deseando comenzar a desnudarme para ella, y pagarle lo que hizo el otro día por mí.
Mordí mis labios, por los nervios y ella lo encontró muy excitante e inocente. Ya no quise esperar más y enfoqué la cam a mis piernas. Me había puesto unos finos pantis de color blanco para darle más morbo. Mis piernas cruzadas se abrieron lentamente y una de ellas se apoyó con el pie en una leja del escritorio, así en alto, con mis manos acaricie mi muslo semi desnudo, introduje mis dedos por debajo del panti y empecé a bajarlo por mi rodilla y mi pantorrilla muy despacio.
Con la lengua lamí mi rodilla, cuando ya me había bajado el panti hasta el tobillo, donde lo dejé para continuar con el otro, repetí el proceso hasta tener los dos en los tobillos. Me levanté mostrándole la diminuta falda que me había puesto para ese momento, de color azul claro con pliegues y muy corta.
Mis manos se posaron sobre mi trasero, acariciándolo y apretándolo, mientras mi cadera se contoneaba al ritmo de una sensual música imaginaria.
Lentamente me fui bajando la falda, mostrándole el diminuto tanga que me había puesto. Jugué un poco con el, enredándolo con mis dedos. Me di la vuelta y con mucho cuidado me quité el tanga, tapando mi pubis, con los dedos de una mano.
Poco a poco fui quitándolos, mis mejillas se sonrojaron, cuando por fin deje ver mi entrepierna. Me acaricie con cuidado y dulzura, me sentía muy excitada, y por la mirada de ella, podía ver que también lo estaba.
Deje que observara mi pubis durante unos minutos, mientras lo acariciaba con la punta de los dedos. Entonces me senté de nuevo, y comencé a acariciarme los senos, con las dos manos, una de ellas la metí por debajo de la camiseta, no sabía cómo hacer esto más morboso hasta que, fijé mi vista en una pequeña botella de agua que tenía sobre el escritorio.
Sin pensarlo la destapé y me la tiré por encima, mojando toda la camiseta, la cual se transparentó, pude ver su cara de agradable sorpresa y una pícara sonrisa floreció de sus labios.
Seguí jugando con mis pechos y mis pezones que podían verse claramente a través de mi mojada camiseta. Cuando me di cuenta, que ella también se estaba acariciando, por lo visto no pudo reprimirse.
Me encantaba ver que ella disfrutaba con mi show. Me bajé los tirantes, acariciando mis hombros y apoyando mi mejilla en uno de ellos, con cara de inocente, me quité la camiseta por debajo, dejando al aire mis senos húmedos.
Los acerqué a la cam para que pudiera ver con detalles, como los acariciaba, como jugaba con mis pezones, ella no dejaba de escribirme, lo mucho que deseaba lamerlos y morderlos.
Yo cada vez, estaba más excitada, se podría decir que es igual de excitante verlo y hacerlo.
Bajé de nuevo mi cam, enfocando mi pubis, mis manos se dirigieron allí, para colmar de caricias mi entrepierna. Separé los labios de mi vagina, muy despacio, cuando se pudo ver mi clítoris, lo apreté como si de un botón se tratara, lo acaricié, humedecí mis dedos y continué jugando con el.
Con la otra mano me tocaba la parte interior de los muslos, lo cual me producía un gran placer.
Durante un buen rato estuve así, alternando mis caricias entre mi clítoris y la entrada a mi vagina. Cuando sentí que necesitaba introducirme los dedos, decidió dar por terminado el show. Apenas tenía tiempo, pues había quedado con una amiga, y esto se había alargado demasiado.
Me despedí de ella, con la sensación de haber pasado un rato sumamente agradable, y con la ilusión de que quizás con el tiempo, llegásemos a más. Quizás una cita de verdad...
16 sept 2008
En el crucero
Como ya os conté, me han pasado muchas cosas durante las vacaciones en el crucero. Me acompañaban dos amigas mías, María y Montse.
Amigas de la infancia y muy divertidas.
Pasamos muchas divertidas en el crucero, normalmente teníamos una rutina a seguir, por la mañana nos duchábamos y nos íbamos al Spa, jacuzzi, masajes y después la piscina.
Luego desayunábamos, después a la sala de juegos, donde echábamos un ping pong o cualquier otro juego ligero. Así hasta medio día, comíamos y nos íbamos a la piscina toda la tarde, por la noche tocaba cena y baile. Esa era nuestra rutina excepto los días que salíamos a visitar los diferentes lugares de la ruta del viaje.
En una ocasión mientras visitábamos el coliseo de roma, empecé a sentirme mal, algo mareada, y me llevaron de nuevo al crucero, tenía una pequeña insolación. Montse se quedó conmigo, mientras que María se quedó con el grupo en Roma.
Me tumbé en la cama y me quedé dormida, me sentía agotada por la insolación. No sé cuánto tiempo pasó pero me desperté sin más de un pequeño sobresalto. Sentía un suave tacto sobre mis piernas.
Abrí los ojos y me sorprendió al ver que Montse, desnuda, estaba acariciándome las piernas. Ella se percató de que me había despertado y cuando quise preguntarle, selló mi voz con sus labios. Me besó tiernamente, yo aún no salía de mi asombro, nunca había sospechado que Montse se sintiera atraída por mí.
Es una chica realmente atractiva, de cabellos rizados y dorados, ojos color negro y una tez morena muy sensual. Era la primera vez que la veía desnuda y su cuerpo era perfecto. De grandes pechos bien formados y tersos, su cuerpo poseía unas curvas de vértigo y unas piernas largas y delgadas.
Nuestros ojos se miraban fijamente, pero mis labios no podían emitir palabra alguna, sentía un extraño placer con cada centímetro que sus dedos recorrían sobre mi piel. Me sonrió y se posó sobre mí con delicadeza, comenzó a besar mi cuello, despacio, con ternura, avanzando lentamente hacía mis senos,donde se detuvo a contemplarlos durante unos segundos, a continuación con una de sus manos, los acarició como si de oro se tratara.
Había una extraña fascinación en su mirada, lo cual me excitaba cada vez más. Su tímida lengua, por fin se posó sobre mis senos, yo gemí de placer tan sólo con el contacto de esta sobre mis pezones. Se endurecieron, ella me sonrió de nuevo, y se metió uno en la boca, jugó con el cómo si de un caramelo se tratará, yo le acariciaba los hombros, deseaba besarlos, sentir el sabor de su piel, pero ella tenía el mando de la situación.
De repente se inclinó, y me susurró al oído que había tenido una idea, con su ropa interior, me ató las manos a la cabecera de la cama, dejándome así a su completa merced, aquello me excitó más aún.
Con su lengua recorrió mis senos y se dirigió hacía mi ombligo, donde se detuvo unos minutos para quitarme el tanga dejando mi sexo al descubierto, fue entonces cuando mis mejillas se sonrojaron, por la vergüenza, eso pareció gustarle, pues dejó mi pubis y volvió para besarme en los labios.
Yo le pedí que desistiera, pues no sabía cuando volvería María de la excursión, pero ella hizo oídos sordos a mi comentario. Sacó un consolador de su mesita de noche, lo encendió y comenzó a pasármelo desde los senos hasta mi cintura, el suave cosquilleo de aquel aparato me producía un placer delicioso, mi sexo ya humedecido se preparaba para recibirlo.
Ella posó sus labios sobre mi pubis, besándolo una y otra vez con suavidad y cariño, con mucho cuidado como si temiera que se fuera a romper. Su atrevida lengua pronto se adentró en él, lamiendo mi clítoris y todo mi sexo, ella me miraba de vez en cuando, sonriéndome y yo gemía de placer.
Empezaba a desear que usara aquel juguete conmigo, estaba muy excitada. Pero ella aún no tenía pensamiento de hacerlo, con uno de sus dedos, estimuló nuevamente mi clítoris, y acto seguido lo introdujo dentro de mí.
Mordí mis labios ahogando un grito de placer y mi cuerpo tembló durante un segundo. Ella dejó escapar una pícara risa que hizo que mi piel se erizara. Cogió de nuevo aquel juguete y empezó a pasarlo por mi clítoris, mientras que su dedo seguía en mi interior.
Yo ya no podía más, deseaba besarla, lamer sus senos y su sexo, quería hacerla mía como fuera, pero no podía, aún seguía atada a la cama.
En ese momento, su dedo abandonó mi cuerpo para dar paso al juguete.
Empecé a gemir de placer, trataba de no hacerlo, pero no podía evitarlo, ella se inclinó sobre mí y me besó repetidas veces, mordió mi barbilla y lamió mi cuello, mientras que con la mano mantenía el juguete dentro de mi sexo.
Creí morirme de placer, mi cadera se contoneaba de un lado a otro, dejándome llevar por la situación, su lengua siguió en mis senos, mordiendo mis pezones.
Cuando estaba cerca del clímax, la puerta del camarote se habría de repente, era María que se había regresado para ver como me encontraba. La pobre no salía de su asombro, Montse ni se inmutó, simplemente me soltó con cuidado, se levantó y se fue a la ducha.
Yo hice lo propio, me levanté y tapé mi cuerpo desnudo y sudoroso, María quiso preguntarme, pero entendió que todo estaba muy claro, por suerte para todas, no fue algo que le resultara desagradable, simplemente no volvimos a mencionar el tema, y el resto de día continuaron como siempre.
Fue una experiencia que tardaré en olvidar, pues el resto del tiempo que pasamos allí, estaba cargado de miradas llenas de complicidad, que hicieron el viaje más ameno y divertido.
13 sept 2008
10 sept 2008
La ex de Güiza muestra sus encantos en Interviú
Rocío Aranda, jerezana de 30 años, conoció al futbolista Dani Güiza, delantero del Fenerbahce turco y de la selección española, en Mallorca hace siete años. Se enamoraron, tuvieron un hijo en marzo de 2003, se casaron un año después y se separaron en febrero de 2006.
El divorcio definitivo llegó en mayo de 2007. Para cobrar la pensión alimenticia de su hijo, Rocío tuvo que pedir el embargo de la nómina del futbolista, mientras Dani empezaba una relación con la controvertida Nuria Bermúdez, con quien tiene otro hijo.
Mientras tanto esta semana la espectacular Rocío es la tapa de la revista española Interviú.
9 sept 2008
Mi buena amiga Alicia ( VideoRelato )
Como ya dije en varias ocasiones, hace poco que comencé a moverme por el apasionante mundo de internet y los chats. Mientras viajaba en el crucero, pude conectarme desde allí y conocí a una chica muy simpática, nos dimos los messenger y hace un par de días volví a contactar con ella.
Nos enviamos las fotos de nuestras vacaciones y nos contamos las pequeñas aventuras que vivimos en ellas.
Mientras charlábamos, cada vez me entraba más curiosidad por ver como era, por escuchar su voz, ya que desde el crucero no podíamos porque no teníamos webcam allí.
No sabía como pedírselo ni en que momento de la conversación encajaría, pero me moría de ganas por verla.
Fue como si me leyera la mente, cuando de repente ella misma me pidió la cam. Me alegró mucho esa coincidencia y no dude en decirle que sí. Las conectamos y cuando su imagen apareció en mi pantalla me quedé alucinada. Era preciosa, muy linda, una chica no muy delgadita, su cara era redonda con unas mejillas sonrojadas que le daban un aspecto delicioso, sus ojos grandes de color miel eran muy vivos y alegres. Su piel tan blanca sin llegar a parecer mortecina resaltaba
Sus rosados labios, grandes y jugosos.
Me deshice en halagos con ella y ella conmigo, me costaba seguir la conversación pues sus ojos me tenían hipnotizada y su cuerpo despertaba en mí unos deseos muy sensuales.
Mientras chateamos en mi imaginación, desnudaba lentamente su cuerpo, acariciaba su piel y besaba su cuello, con suavidad y dedicación. Sus ojos me observaban con detenimiento y sus manos jugaban con mi cabello.
Pero algo me sacó de aquel sensual pensamiento, Alicia se había levantando y me daba la espalda en la cam., en el Chat me había dejado escrito algo: Tengo una sorpresa para ti.
Me sorprendió tal cosa, pues no tenía ni la menor idea de a que se podía referir, así que me mantuve atenta a la cam., ella seguía de espaldas y entonces comenzó a desnudarse.
Muy despacio se quitó la camiseta de tirantes color salmón y dejó su espalda al aire, tenía unos hombros bien formados, rectos y finos, su espalda me invitaba a recorrer su columna con la lengua.
Sus manos se dirigieron hacia su cintura y desabrocharon su pantalón, ella se lo quitó muy despacio, podía ver sus nalgas, redondas y prietas, cubiertas a duras penas por un tanga muy fino que dejaba muy poco a la imaginación.
Sus muslos tersos y contorneados eran preciosos, se dio la vuelta y pude ver su tanga por delante, tan transparente que parecía no llevar nada. Yo estaba muy excitada contemplando aquel maravilloso regalo, sus piernas interminables y su cintura perfecta, deseaba tanto tenerla a mi lado y poder hacerla mía.
Comenzó a acariciar sus ingles y a meter su mano por debajo de la tela del tanga, acariciando su suave pubis. Acto seguido tomó asiento de nuevo, y enfoco la cam. hacia sus senos aún cubiertos por el sostén.
Los acarició con delicadeza y posó sus manos en la espalda para quitarse el ya mencionado sostén. Sus pechos desafiaban las leyes de la gravedad, grandes y firmes se contoneaban con cada movimiento suyo. Se metió los dedos en la boca, los humedeció y comenzó a pasarlos por los senos, mojándolos cada vez más.
Sus pezones ya comenzaban a endurecerse y eso me excitaba cada vez más, quería poder acariciarlos y lamerlos con mi lengua, la cual estaba deseosa de sentir su piel.
Le había prometido que sólo observaría y me contuve las ganas de acariciarme en muchas ocasiones. Pero cuando la cam dirigió su objetivo hacía su entrepierna y pude ver como sus dedos traviesos apartaban el tanga, dejando a la vista su pubis, los sudores comenzaron a recorrer mi cuello.
Estaba tan excitada que el calor que mi propio cuerpo desprendía, me hizo sudar. Ella no se dio cuenta y siguió con su juego.
Acarició vivamente su clítoris, de su rosada vagina emergía un brillo causado por la segregación de fluidos debidos a la excitación que ella también sentía.
Inmediatamente introdujo con suavidad uno de sus dedos, lo mantuvo dentro unos segundos y continuó con el movimiento. Podía ver como su cuerpo se estremecía con cada entrada y salida.
Yo apenas podía aguantar el deseo de acariciarme, pero una promesa era una promesa.
Ella cada vez embestía sus dedos con más fuerza, casi podía escuchar en mi imaginación sus gemidos de placer, trataba de imaginar la sensación con la cual ella estaba disfrutando en ese momento.
Entonces su cuerpo comenzó a temblar, sus piernas se encogieron y su mano se detuvo. Había llegado al orgasmo y yo no había perdido detalle.
Pero no quiso mostrarme su húmedo sexo tras el orgasmo. Se enfocó de nuevo al rostro y con una sonrisa me preguntó si me había gustado el regalo. Yo no tenía palabras para describirlo, pero ella supo leerlo en mi expresión.
Antes de despedirnos, le prometí que algún día yo también le haría un regalo.
Mi amiga Alicia, preciosa, encantadora, sensual y sublime... Mi amiga Alicia.
6 sept 2008
Deliciosas vacaciones
Siento no haber escrito este tiempo, pero como ya os imaginaréis he estado de vacaciones. Claro esta tengo que dar gracias por tener una vida llena de situaciones tan deliciosas como la que os voy a contar.
Junto a un par de amigas, decidimos irnos de crucero este verano, una ruta por el mediterráneo, Roma, Grecia, Cerdeña, etc, etc. Pudimos ver las ruinas griegas, el coliseo romano y la torre inclinada, además estuvimos en Mónaco y en el vaticano. Lugares preciosos con una rica arquitectura. Hicimos miles de fotos que pronto colgaré en el blog.
Pero estos maravillosos paisajes no fue lo único increíble del viaje, lo mejor ocurrió en el barco.
Normalmente, las estancias en el barco las pasábamos entre la piscina, el jacuzzi y el buffet, pero aquel día me fui yo sola a la biblioteca, si tienen una, y escoger un par de libros para leer en el camarote. Mientras buscaba absorta fijándome en los títulos de los libros, no me di cuenta de que mi mano se cruzó con la de un desconocido. Nos miramos con sorpresa, era un chico joven algo menor que yo, pelo castaño y largo el cual le daba ese aspecto tan juvenil, con unos ojos verdes preciosos, como el mar al atardecer.
Me regaló una tímida sonrisa y yo le respondí de igual manera, al parecer nos habíamos fijado en el mismo libro, el siendo muy caballeroso me cedió el libro, pero a cambio me pidió una cita. Por un momento no quise aceptar, pero pensé que estábamos en un crucero, lleno de gente, que podía pasar...
Me cito a media noche, en la cubierta, en la piscina. Me moría de ganas de contárselo a las chicas, pero era mejor guardarlo en secreto hasta pasada la velada.
Me puse mi mejor traje de baño, un precioso bikini de color plateado que unía las dos piezas con una cadena sobre mí estómago, me tape la cintura con un pareo ya que hacia algo de fresco en alta mar.
Mientras las chicas se duchaban y preparaban para irse a la sala de fiesta, yo salí a escondidas del camarote y me fui hacia la piscina, aún no eran las 12 así que me senté en el borde de la piscina a esperar.
Mis pies tocaban la fresca agua y mi cuerpo empezó a temblar de frío, entonces sentí como una cálida y fina manta se posaba sobre mis hombros. Era el chico de la biblioteca que me abrigaba con ella.
Se sentó a mi lado y comenzamos a charlar, me contó que todos los años hacia un crucero el sólo, me pregunté por qué solo, siempre es mejor viajar en compañía, pero no me quiso contestar, siguió explicándome la cantidad de sitios que había visitado.
Mientras el me describía lo bello que es Florencia, la magia de Egipto y mil lugares más, yo miraba las estrellas. Era precioso, a pesar de las luces de cubierta el cielo se podía contemplar de maravilla el cielo estrellado.
De repente el dejo de hablar, yo le miré y con una sonrisa me invitó a meternos en la piscina. Aunque hacia algo de frío, me apetecía realmente darme un baño.
Él se metió primero y extendió su mano para ayudarme a entrar. El agua estaba realmente fría pero la compañía empezaba a resultar realmente agrádale.
Apoye mi espalda en el borde de la piscina y extendí mis piernas, el suavemente las sujeto para ayudarme a flotar. Sus ojos recorrieron mi cuerpo con lentitud y eso hizo ponerme la piel de gallina. Su mirada era profunda e intrigante y me excitaba la idea de que le gustara mi cuerpo.
Todo era muy excitante, solos en aquella enorme piscina con el manto estrellado de la noche cubriéndonos, la musica de la sala de fiesta llegaba suave a nuestros oídos, parecía la noche perfecta.
Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas, con mucha suavidad, se detuvo en mis rodillas, las separó lentamente y se metió en medio. Se acercó a mí y me hizo rodearle la cintura con ellas. Me miró fijamente y me regalo un delicioso abrazo.
Su cuerpo era cálido en comparación con el agua de la piscina que seguía muy fría. Sus fuertes brazos me rodeaban con una increíble suavidad, nuestros ojos se cruzaron, los suyos brillaban con el reflejo de la luna y no puede esperar más, mis labios se acercaron a los suyos, fundiéndose ambos en un largo beso.
Apreté su cintura contra mí, con mis piernas, y pude notar como su sexo erecto empujaba mi pubis, aquello me excitó más aún y nuestras lenguas comenzaron un masaje privado lleno de calidez y una humedecida pasión.
Sus manos apretaron mis muslos con firmeza, y sus labios besaron mi pecho, yo me aferraba a sus hombros mientras disfrutaba cuando su lengua se adentró en mis senos. Con una de sus manos me desato la parte de arriba del bikini dejando libres mis pechos.
Soltó mis muslos y agarró mis pechos con firmeza, su lengua resbaló sobre la piel humedecida por el agua y se detuvo en mis pezones, los mordió con cuidado, yo acariciaba su pelo rizado y mojado y arqueaba mi espalda de placer.
Se arrodilló quedando su cara frente a mi pubis, estábamos en las escaleras de la piscina. Con las manos acarició mi cintura y sus dedos jugaban con la tela del tanga del bikini, hundió su cabeza en el agua y me lo quitó con cuidado, beso tímidamente mi pubis desnudo bajo el agua.
Me preparaba para tener una de las mejores experiencias sexuales del verano, cuando unas voces familiares me llamaron la atención. Eran las chicas que me buscaban. Con prisas y las mejillas sonrojadas de la vergüenza, me puse de nuevo el bikini y disimulamos todo lo posible.
Las chicas llegaron entre risas hasta la piscina, y me riñeron por no haberlas avisado. Total que las chicas se metieron en la piscina con nosotros y no pudimos hacer nada más. Pasamos el resto de la velada entre juegos y risas.
Cuando llegó la hora de despedirnos, volví a quedar con aquel chico, pero esto os lo contaré en otra ocasión.
4 sept 2008
Un desfile de mujeres en topless divide a los neozelandeses
Decenas de miles de personas se concentraron en el centro de Wellington, la mayor ciudad de Nueva Zelanda, para contemplar un anunciado desfile de hasta treinta mujeres en topless.
Las mujeres, montadas en motocicletas o coches descapotables, estaban promocionando la celebración durante el fin de semana de un espectáculo erótico, informaron los medios neozelandeses.
El acto fue calificado de "pornografía" por algunos activistas conservadores, que acusaron a los organizadores de fomentar el tratamiento de la mujer como un objeto sexual.
Ajenos a esa consideración, la mayoría de los asistentes tomaron fotografías a las mujeres que participaron en la iniciativa Boobs on Bikes (Tetas sobre Bicicletas) y se apostaron en balconadas o sobre cabinas telefónicas y paradas de autobuses para tener una visión más panorámica del espectáculo.
Steve Crow lleva cinco años organizando el desfile para promocionar su muestra Erotica Lifestyles, donde las empresas del sector pornográfico exhiben las últimas novedades en juguetes sexuales y material audiovisual.
Primeras experiencias sexuales
Era una nueva etapa en mi vida, empezaba el instituto, nuevos amigos, nuevo ambiente, nuevos profesores todo un desafío para una chica de 14 años.
Estaba muy ilusionada con todas las novedades que iban a acontecer en mi vida.
Los profesores parecían muy amables y respetuosos, los compañeros eran muy divertidos y todo era perfecto.
A las dos semanas de haber empezado las clases, nuestra profesora de gimnasia se puso enferma y llamaron a un sustituto.
Todos esperábamos en el gimnasio, cuando el apareció. Era un chico joven de unos 28 años, su pelo era negro como el azabache, tez morena, ojos color miel, cuerpo atlético y una cara de ángel...
Me quedé impactada, no sabía que me estaba pasando, pero mi cuerpo desprendía un calor, era como si de repente tuviera fiebre, pero no estaba enferma.
Su voz era cálida y muy agradable. Desde ese día no podía dejar de pensar en el, soñaba con él, deseaba que llegaran sus clases para poder verle.
Hablaba constantemente de él en mi diario, me imaginaba paseando a su lado, cogidos de la mano, imaginé mi primer beso disfrutando de sus labios.
Y un día no pude aguantar más, esperé al final de la clase a que todos se hubieran marchado para quedarme a solas con él.
Entramos en su despacho y me ofreció asiento.
No sabía cómo decirle que estaba loca por él, que mis sueños eran suyos.
Pero me armé de valor y se lo dije, el me miró con cara de asombro y me pidió que me callará, me dijo que no podía ser, que yo solo era una niña con demasiada imaginación.
Salí destrozada de allí, lloré días y días, porque no podía entender que lo que sentía era de verdad?
Porque él no podía quererme como yo le quería?
Hasta que un día en clase de gimnasia me pidió que me quedará para hablar con él. Volvimos a su despacho donde días antes me había roto el corazón.
Para mi sorpresa comenzó a decirme que sentía mucho lo que me había dicho días antes, pero que él debía tener cuidado con estas cosas, pues su carrera estaba en juego.
Me dijo que también estaba enamorado de mí, que se había fijado en mí desde el primer día.
No podía creerlo, mis sueños se estaban cumpliendo.
Se acercó a mi e intentó besarme, a mi me entró miedo, pero me explico que cuando dos personas se quieren hacen esas cosas.
Así que le seguí el juego, quería demostrarle cuanto le quería.
Durante una semana entera seguía visitándole a escondidas de todos en su despacho.
El me tumbaba en su mesa, y mientras me besaba y acariciaba mis pechos, me decía que todo era normal, que esto es lo que hacían las parejas.
Yo me sentía privilegiada, el me veía como una mujer adulta.
Un día me propuso quedar fuera del colegio, me recogió con su coche y fuimos hasta las afueras.
Tenía una sorpresa para mí, me había comprado un regalo.
Lo abrí y era un precioso reloj, era increíble todo lo que me estaba pasando y yo me sentía la más feliz del mundo.
Me dijo que sabía la forma en que le podía agradecer ese regalo, me pidió que me quitara las braguitas y aunque estaba nerviosa, lo hice, quería que el fuese feliz conmigo.
Comenzó a tocarme, suave al principio, sus dedos estaban fríos pero enseguida se calentaron.
Yo me sentía algo perdida, no sabía por qué esto le gustaba tanto, pero si así le hacía feliz...
Mientras seguía tocando mi entrepierna, se desabrochó el pantalón y sacó su pene, era muy grande comenzó a tocárselo con la otra mano, entonces me miró y me dijo que lo hiciera yo.
Me insistió en que si de verdad le quería tenía que hacerlo.
Lo cogí suavemente con la mano y empecé a acariciarlo como él me había pedido.
Debía gustarle mucho, porque no dejaba de besarme y susurrarme que siguiera, que no parará.
Me levantó la camisa y lamió mis pechos con ansía, sentí un dolor de repente, en mi vagina, el estaba introduciendo uno de sus dedos dentro de mí, le pedí que parara.
No lo hizo, me dijo que pronto se pasaría que solo ocurría la primera vez, que él me quería y así me lo demostraba.
Todo acabó cuando él se corrió encima de mí, me besó dulcemente y tras vestirnos me llevó a casa.
Una vez allí mis abuelos me interrogaron, de donde había salido aquel reloj, tenía que inventarme una buena excusa, lo nuestro era un secreto.
Esa misma noche, cuando todos dormían, comencé a tocarme tal y como lo hacia él, quería adquirir experiencia para él, no podía defraudarle o dejar que perdiera su interés por mí.
Me masturbé introduciendo mis dedos dentro, dolía y era algo incomodo, pero tenía razón el dolor dio paso a una sensación realmente agradable.
Estaba descubriendo mi sexualidad, y lo que era más fascinante, la estaba descubriendo a su lado.
Nuestras citas a escondidas eran cada vez más seguidas, me llenaba de regalos y yo a cambio dejaba que me demostrara su amor, en el asiento trasero de su coche.
Un día quiso ir a más, cuando sacó su pene, en vez de pedirme que lo acariciará como de costumbre, me pidió que me lo metiera en la boca.
Yo no quería hacerle daño y a la vez se me hacia algo un poco repugnante, pero volvió a explicarme que era algo normal entre las parejas, que todos lo hacían y que si yo no se lo hacía era porque no le quería tanto como le hacía creer.
No lo pensé más y me puse a lamerlo, con mucho cuidado y siguiendo sus indicaciones, me gustaba ver su cara de placer, y repetía sin parar que me quería, eso me motivaba más a seguir obedeciendo a sus peticiones.
Pero no todo podía ser de color de rosa, en mi habitación se amontonaban sus regalos y mis abuelos comenzaron a indagar, un día nos siguieron y cuando me disponía a volver a practicarle sexo oral, apareció mi abuela histérica, gritando y golpeando el coche, detrás de ella llegó mi abuelo con un palo, el cual descargo sobré el capó abollándolo.
Yo no entendía que pasaba, me puse a llorar desorientada, el gritaba que se apartaran del coche.
Me sacó a empujones y se marchó, mi abuela lloraba, mientras me abrazaba y mi pobre abuelo no cabía en sí de rabia.
Una vez en casa trataron de hacerme entender, pero yo no quería ver la verdad, para mi ellos se estaban entrometiendo en mi historia de amor.
La cosa no pudo acabar peor, le denunciaron. El abogado no me dejo declarar pues decía que yo no era consciente de lo que estaba pasando.
No supe más de él, no me dijeron que ocurrió. Sólo sabía que me habían arrebatado lo que más quería.
A día de hoy agradezco a mis abuelos que velaran por mí, que me sacarán de todo aquello, soy consciente de que era una niña y me deje llevar por una fantasía, que él nunca me quiso y que se aprovechó de mi inocencia.
Sólo guardo un recuerdo agradable de todo aquello, y es como me sentía con el primer amor, independientemente de quien fuera el.
2 sept 2008
Gemma Mengual luce tipo en Interviú
Gemma Mengual ha regresado de Pekín con la misión cumplida, dos merecidas medallas de plata en sincronizada que saben a oro. Y con la satisfación del trabajo bien hecho, la nadadora ha cambiado el bañador de competición por el bikini, y ha puesto rumbo a Ibiza.
Allí la han descubierto los fotógrafos de la revista Interviú, que abre esta semana su portada con una imagen de la nadadora catalana haciendo topless en uno de los arenales de la isla ibicenca.
30 jul 2008
MASAJE SENSUAL.Recomendado.VideoClip
Es un masaje muy sensual, te relaja mucho y el aceite provoca que sea tan sensitivo y plancentero.Te lo recomiendo
29 jul 2008
En las "redes" de la pasión
Tras mi primera experiencia en los chats y aunque no fue tal y como esperaba, decidí probar suerte de nuevo. Pero esta vez no fui al mismo Chat, anduve buscando por la red, hasta que encontré uno que resultaba muy llamativo.
Me colé en la sala principal y estaba tan animada como la anterior, el tema principal eran las relaciones a distancia a través de Internet. Todos opinaban de forma muy respetuosa y ordenada, resulta difícil encontrar chats así.
La mayoría de las chicas opinaban que es difícil mantener una relación así, pero que puede resultar muy satisfactorio si se posee la suficiente paciencia y existe un gran amor entre ambos. Sin embargo, los hombres opinaban más que, una relación así solo lleva a la posibilidad de que las infidelidades sean más asiduas.
Pero me llamo la atención el comentario de un chico, el cual exponía que este tipo de relaciones, pueden llegar muy lejos, siempre que la sinceridad y la confianza sean completas, a lo que respondí que estaba totalmente de acuerdo con él.
Acto seguido me apareció un privado suyo, donde directamente me preguntaba quien era yo y que nunca me había visto por aquel chat, le explique que era principiante en esto de los chats y que me había llamado mucho la atención el tema principal que se estaba tratando.
Me comentó que para el ya se hacía monótono y algo aburrido, demasiado tiempo en chats similares y que ya comenzaba a perder el interés. Continuamos charlando de todo un poco, hasta que me pregunto que tal habían sido mis otras experiencias en otros chats.
Aunque me daba vergüenza le conté lo que me ocurrió con aquel chico, detalle a detalle le relaté como acabamos haciendo cibersexo, y para mi asombro, el no se sorprendió. Me dijo que aquello era más habitual de lo que yo me podía imaginar.
Me contó que el también lo había hecho en alguna que otra ocasión y que normalmente no volvía a saber nada de esas personas, aquello me alivio en cierta manera, ya que empezaba a darle muchas vueltas a la extraña desaparición de aquel chico.
La conversación tomó entonces un tono más picantón y divertido, ambos comenzamos a contarnos, que es lo que más nos gustaba en la cama, pero noté algo extraño en sus palabras, eran algo ambiguas.
Conforme avanzaba la conversación, tenia la sensación de que había algo que no me cuadraba, la curiosidad por aquella persona empezó a ser tan fuerte, que pocos minutos después le pedí la Web cam. El no se negó y nos mandamos los messenger, entonces conectó su cam y pude descubrir que era aquello que no me cuadraba, no era un hombre, si no una chica.
No salía de mi asombro, pero tampoco podía reclamarle nada, pues en ningún momento le pregunte su sexo ni su nombre y di por sentado que era un chico. Le conté mis ideas y empezó a reírse.
Era muy guapa, tenía unos labios gruesos y muy sensuales, rubia de pelo corto y ojos claros, azules o grises, no alcanzaba a distinguirlo bien. Me enamoro su carita angelical, con esa tez tan clara y sus pómulos rosaditos por la vergüenza, supuse.
Ella me pidió mi Web cam y yo encantada la conecté. Cuando me vio, dijo que era realmente bonita, le gustaba mi pelo largo y sedoso y mis ojos pardos, casi achinados. No pude evitar sonrojarme y eso le gustó más aún.
Pronto comenzamos con las insinuaciones, me decía que no llevaba sostén y yo me moría por ver si eso era cierto o no, debió notarlo en mis gestos cuando me pregunto si no me lo creía. Con una sonrisa le respondí que me gustaría ver si eso era cierto o no.
Acto seguido se quitó la camiseta de tirantes de color azul que llevaba puesta y dejo sus senos al aire, completamente desnudos. Eran muy redondos y tersos, me gustaban sus formas, deseaba poder acariciarlos.
Ella los tomo entre sus manos con delicadeza y los acaricio suavemente, yo no podía apartar la mirada de la pantalla, se hizo el silencio y como si de telepatía se tratase ambas sabíamos lo que hacer.
Yo me quite mi camiseta y acaricie la tela de mi sostén, cerca de mis pezones, con la punta de los dedos, muy despacio, dibujando cada puntillaza del encaje que los cubría.
Ella continuaba con sus caricias, apretando con cuidado sus pezones y masajeándolos hasta que estos estuvieron erectos. Yo me desabroche el mío y muy despacio fui desnudando mis senos, poco a poco, disfrutando de cada caricia que mis dedos les dedicaban.
Mi piel se erizaba cada vez que la miraba acariciarse, mi lengua ansiaba poder deslizarse por su piel, sentir su sabor y escucharla gemir de placer.
Ella fue más lejos, inclino su cámara hacia su entrepierna y pude ver que apenas llevaba un diminuto tanga de color blanco. Sus dedos comenzaron a rondar su ingle, sus uñas largas y bien cuidadas arañaban con cuidado la tela de aquel tanga.
Mis ojos seguían sin cesar el movimiento de sus dedos, pronto estos se metieron por debajo de la tela y la apartaron, pude ver con claridad su clítoris y no pude evitar imaginándome lamiéndolo y besándolo.
Estaba muy excitada y por lo que podía ver, ella también. Se llevó uno de sus dedos a la boca y así, humedecido, se dispuso a introducirlo en su vagina, mientras que con la otra mano, continuaba acariciando su clítoris.
La visión de aquel dedo, dentro de ella, hizo que mi entrepierna se humedeciera de excitación. Lo introducía con suma delicadeza y su cuerpo se estremecía cada vez que lo hacia.
Su sexo húmedo tenia un aspecto jugoso y apetecible, acariciaba sus labios menores y volvía a introducirlo dentro, realmente ella estaba disfrutando y yo también.
De repente la pantalla se volvió negra y toda la luz de la casa se apagó, había sido un apagón en todo el edificio. Me puse nerviosa, no quería que pensara que me había largado sin más.
Durante media hora estuve allí sentada esperando, hasta que por fin la luz volvió. Inmediatamente conecte el msn esperando verla, pero por desgracia ella ya no estaba.
Por suerte tenia su dirección de correo electrónico y le envié uno explicando lo sucedido. Espero que algún día lo lea y pueda verla de nuevo. No dejo de pensar en sus preciosos senos y en lo excitada que estaba al verlos.
27 jul 2008
UN BUEN MASAJE RELAJANTE
Deberiamos cada semana como minimo hacernos un buen masaje, va bien para el cuerpo y la mente. Hay semanas que me hacen hasta 3 masajes.
Amor en la oscuridad
Una vez al mes, voy al campo de mis abuelos, para ayudarlos, tienen un terreno, con cultivos y unos pocos animales, cabritas y cerditos. Y como ya son mayores pues una ayuda de vez en cuando no les viene mal.
Además, aprovecho para ver al hijo de los vecinos, un chico de mí edad, alto y moreno, con unos profundos ojos negros y su tez tostada por el sol, tiene una sonrisa casi angelical, que te invita a soñar.
La granja de mis abuelos es un lugar precioso, todo rodeado de verde, incluso tienen una parcela de trigo donde de pequeña me gustaba jugar y donde acababa durmiéndome agotada, recuerdo las veces que mi abuelo me recogía en brazos y me llevaba a la cama, cuando despertaba en mí pelo aún quedaban espigas del trigo enredadas, que bellos recuerdos.
Pero aquel día todo iba a ser muy diferente de lo que yo había esperado, pero muy similar a lo que había imaginado, os explicaré por qué.
Como de costumbre cuando llegué mi abuela me esperaba para cenar, y me había preparado sus deliciosas galletas echas al horno, para el postre. Pero la sorpresa fue, que aquella noche teníamos un invitado más en la mesa. Era el hijo de los vecinos, por lo visto había estado todo el día ayudando a mí abuelo con los animales y en agradecimiento mi abuela lo invitó a cenar.
Comimos un guiso de carne y patatas, delicioso, mi abuela es una gran cocinera. Durante la cena todo fue muy bien, mis abuelos y el vecino me comentaban lo bien que había crecido el trigo estos meses, y que los animales estaban muy bien. Mi vecino me invito a ir al trigal después de la cena, a lo que acepté encantada.
Todo transcurrió sin contratiempos, y antes de irnos al trigal, mi abuela nos dio una cestita, con refrescos y las galletas aun calentitas. Salimos de la casa y nos encaminamos hacia el campo, una ligera brisa nos refrescaba. Él iba con una toalla en la mano, para no mancharnos la ropa con la hierba.
Llegamos y nos sentamos en medio del trigal. Cobijados por la profunda oscuridad que nos proporcionaba la noche sin luna, y maravillados por la cantidad de estrellas que se vislumbraban en el cielo, nos tumbamos sobre la toalla y comenzamos a recordar cuando éramos niños y jugábamos en aquel mismo campo.
Las carreras, cuando llevábamos a las cabras más pequeñas y corríamos tras de ellas para asustarlas, las miles de trastadas que hicimos siendo niños, mientras yo hablaba de aquella vez que me caí y me partí un diente y el me abrazaba para que no llorara, me di cuenta de que sus brillantes ojos se habían clavado en mí, y sus labios habían dejado de emitir sonido alguno.
Le miré sorprendida por el silencio que se había creado sin aviso y entonces él se acercó a mí lentamente, cuando cerró sus ojos, supe que me iba a besar y no hice nada por evitarlo. Sus labios tiernos y dulces, aún sabían a las galletas de mí abuela, le besé con intensidad y disfrute cada segundo que nuestros labios estuvieron unidos.
Su cuerpo fuerte y musculoso despertaba en mí el deseo de acariciar su torso y así lo hice, mis manos ansiosas se deslizaron por debajo de su camiseta, y con una inusual timidez dibuje el contorno de sus abdominales marcados, mientras mi lengua jugaba con la suya.
Él era un chico de pueblo y bastante tímido a pesar de que fue el quien comenzó el beso, sus manos rodeaban mi cintura, pero no se atrevía a ir más allá, le dije con sensualidad que me acariciara y muy despacio, liberó mi cintura para desabrocharme la camisa.
Sus manos temblaban y mis mejillas se sonrojaban cada vez más, me encantaba que lo hiciera con esa delicadeza, no había brusquedad en sus movimientos, todo era tan romántico, la noche cerrada, las estrellas, aquel trigal, los dos solos en aquella inmensidad. Nadie sabía lo que allí estaba ocurriendo.
Le ayude a desabotonar mi camisa, mientras aún besaba sus dulces labios, cuando mis senos quedaron al descubierto, él se quedó sin saber que hacer, yo comencé a reír y mis manos guiaron a las suyas hasta ellos. Dibujó con sus dedos los suaves encajes que formaban mi sostén, y besó mi cuello con cariño y dedicación.
La situación era tan excitante que mi deseo por él crecía por momentos, le empuje con cuidado hasta que se puso boca arriba y me senté sobre su cintura, inclinándome hasta que mis senos casi rozaban sus labios, invitándolo a besarlo y así lo hizo.
Podía notar en mí pubis, que su pene erecto luchaba por salir del pantalón, pero no quería romper su inocencia de esa forma, así que me limite a mover mi cintura suavemente sobre él. Sus manos rápidamente se acomodaron en mis nalgas, ayudándome con el contoneo que tanto le estaba excitando.
Yo misma me desabroche el sostén, y deje caer mis tersos senos sobre sus labios, él los recibió con ansia y los besó y lamió como si ya fuera todo un experto.
Yo gemía de placer cada vez que su tibia lengua tocaba mi piel. Si hubiera podido le habría hecho el amor allí mismo, pero cuando más excitada estaba, recordé que pronto mi abuelo vendría a buscarnos, y no sólo eso, no quería ser el primer amor de aquel chico de pueblo que no había conocido mujer hasta ese momento.
Me incline de nuevo y bese sus labios, le miré con cariño y le dije que debíamos irnos, el se negaba, pero insistí lo suficiente para que entendiera que no podía ocurrir lo que seguramente ocurriría si seguíamos allí.
Nos sentamos y me ayudo a ponerme el sostén y abrocharme la camisa, acto seguido nos abrazamos y nos tumbamos de nuevo a contemplar las estrellas, para tratar de calmar el deseo que a ambos nos consumía por dentro.
Tres no son multitud
Los que me leéis, ya sabéis que me gusta salir con las amigas de fiesta, una cena, un paseo y la discoteca.
Allí suelen ocurrir cosas muy curiosas, no siempre es así, pero yo debo ser una chica con suerte. Aquel día yo y una amiga estábamos muy aburridas y decidimos salir esa noche a tomar algo.
Fuimos a una discoteca nueva, ya que la de siempre empezaba a ser muy monótona. El ambiente que encontramos era muy diferente al que estábamos acostumbradas, pero nos gustó desde el primer momento.
La música moderna, mucha gente pero sin ser agobiante, la sala bien repartida, había sillones para descansar y que las parejas tuvieran sus momentos de intimidad, mesas a un lado para no estar de pie en la barra, el local era bastante grande y amplio.
Comenzamos a bailar muy animadas, junto a un grupo de chicos, a cual más atractivo, el local estaba lleno de lo que se conoce como gente guapa, y a pesar de eso nos sentíamos muy a gusto allí.
Uno de los chicos se acercó a mí y me tomó por la cintura para bailar conmigo, yo miré a mi compañera, la cual me guiñó un ojo, en señal de que disfrutara del momento.
Rodeé su cuello con mis brazos y moví mi cadera al ritmo de la música, el me sonreía sin parar, mientras me sujetaba firmemente por la cintura. El chico sabía moverse muy bien. Como pudimos entablamos una conversación, el se llamaba Alejandro y era un joven empresario, estuvimos hablando de nuestros gustos y de todo un poco.
La conversación se volvió tensa, al menos para mí, cuando me mencionó a su prometida, ya no era simplemente su novia, si no que en menos de dos años se casaban.
En ese momento, me sentí tan incomoda que quise soltarme y volver con mi compañera, pero el no me lo permitió. Le pedí, por favor, que me soltara, pero se negó en rotundo.
Entonces apareció una chica alta, rubia de pelo largo y rizado, era preciosa, tenía un cuerpo de escándalo, posó una de sus manos, sobre el hombro del chico y le besó con cariño en la mejilla, supuse que era su novia, pero me extrañó que no montará un espectáculo al verle bailando con una desconocida.
Ambos me invitaron a subir a la parte de arriba, donde los sofás, yo me quede un poco extrañada, pero accedí.
Una vez allí nos sentamos y pudimos hablar tranquilamente, la música no era tan fuerte y podíamos oírnos bien al hablar.
Ella se llamaba Amanda, y efectivamente era su prometida, la chica no dejaba de mirarme los pechos y yo cada vez estaba más confusa.
De pronto él le comentó algo al oído y ella afirmó sonriendo con la cabeza, ambos me miraron pícaramente y yo sentí algo de miedo, tanto misterio me ponía nerviosa.
Ellos sin previo aviso comenzaron a besarse y a acariciarse delante de mí, yo decidí dejarlos a solas, pero ella me miró y me dijo, que aquello era una fiesta para tres. Entonces lo entendí todo, querían hacer un trío, y la verdad ambos despertaban en mi un deseo irrefrenable, pero no sabía cómo entrar en el juego.
Entonces ella se sentó entre nosotros y sin mediar la palabra deslizo su mano sobre mis muslos desnudos, su pulso firme y su actitud atrevida me hacían temblar de deseo.
Mientras el chico le desabrochaba la camiseta y dejaba al aire sus desnudos senos, no pude evitar fijarme, en que en uno de sus pezones, portaba un pendiente, al que Alejandro le prestaba mucha atención. Su lengua jugaba con él, y ella llegó hasta mi pubis, me hizo abrir las piernas y con sus dedos dibujó círculos sobre él.
Yo me incliné y la besé en los labios, nuestras lenguas jugaron como si de un pulso se tratara, sus dedos se introdujeron por debajo del tanga y fueron directos hacia mi vagina.
Me parecía que todo iba muy deprisa, yo soy amante de la sensualidad y el erotismo, pero esta pareja prefería el sexo fuerte. El chico pronto se puso de rodillas y le quitó las bragas a ella, para hundir su lengua en su entrepierna.
Yo estaba muy excitada pero no me sentía realmente cómoda, por como estaban sucediendo las cosas, todo iba muy deprisa, tras esto, él se levantó, se desabrochó los pantalones y sacó su miembro erecto, invitándonos a lamerlo.
Yo ya no quería seguir, todo era muy frío, ni siquiera podía creer que eran pareja, ella me soltó y comenzó a lamer el miembro de Alex, en ese momento en que los dos se sumergieron en una marea de éxtasis y placer, yo me levanté y salí apresuradamente de allí.
Cuando encontré a mi compañera, esta me notó algo nerviosa, pero no quise contarle lo sucedido para no estropearle la noche.
Por suerte para mí, no ocurrió nada más, no volví a verlos en todo el tiempo que estuvimos allí, y pude disfrutar de una agradable noche de baile y risas con mi compañera.
La verdad que la experiencia fue excitante, pero tengo mis limites y si algo no me gusta, pues mejor me retiro.
26 jul 2008
Sensualidad en la red
Cuando llegó a casa y no ando muy cansada, me gusta ponerme en él ordenador y chatear con mis amistades. Pero aquel día, una compañera de la oficina, me había comentado algo sobre un chat con web cam, muy animado y divertido, y decidí probar a ver.
Me metí en él chat y observe la conversación de la pantalla general, realmente era muy divertida, y mucha gente intervenía. Yo me mantenía al margen tratando de adivinar que clase de persona era cada uno de ellos, hasta que de repente se abrió una ventana, era un mensaje privado de alguien de la sala.
En él me saludaba alegremente y me preguntaba si era la primera vez que pasaba por allí. Le dije que sí y continuamos una agradable charla. Me explicó que era muy asiduo a este tipo de chats y que conocía a mucha gente nueva.
También hablamos sobre nuestros trabajos y sobre nuestra afición, hasta que llegado un punto de la conversación me ofreció ponerme su cam. Soy una persona muy curiosa y como ya os imaginaréis acepte la oferta.
Él era un chico muy atractivo, fornido, de espalda ancha, tenia él pelo largo y negro como él azabache, sus ojos grandes y oscuros, le daban un aspecto algo malvado, pero la suavidad de sus rasgos faciales, le otorgaban un encanto extraño.
Ya sabéis que a mi me gusta poner mi cam, por lo que no tardé mucho en ofrecérselo y él aceptó encantado. Me llenó de piropos y yo no pude evitar sonrojarme, eso le hizo mucha gracia.
Resultaba un poco incomodo estar mirando la pantalla y tener que escribir, así que nos pusimos los micrófonos, su voz a pesar de estar un poco distorsionada, era profunda y tranquilizadora.
Yo al principio me mostraba algo cohibida a la hora de hablar, no estaba acostumbrada.
Pero pronto me tranquilicé y pude sonreír con sus bromas y comentarios. No sé cómo llegamos a un punto muy excitante en la conversación. Él me contó sus más íntimas fantasías sexuales, y yo hice lo mismo. Cada vez que nos adentrábamos más y más en nuestros secretos íntimos, y empezó a ocurrir algo que nunca hubiera imaginado.
Me sentía excitada y la situación me producía un morbo increíble, comencé a describirle una de mis experiencias en él salón y cuando estaba en lo más interesante me pidió que parase. Yo no entendía porque y le pregunte que ocurría, entonces enfoco su cámara hacia su entrepierna, y pude ver como su entrepierna se abultaba, su sexo erecto presionaba él pantalón con fuerza.
Aquella visión me excitó aún más y sin pensarlo mucho, le pedí que me mostrara aquello que escondían sus pantalones, me sorprendió que él no se negara a hacerlo. Se desabrochó con cuidado los pantalones y tímidamente dejo asomar su sexo, entonces me habló y me dijo que él también quería ver algo de mí.
Enfoque la cam. Hacia mis senos y muy despacio fui desabotonando mi camisa, acariciando mi piel con la punta de los dedos, aun sentía él calor en mis mejillas, pero todo era tan excitante que no podía parar. Una vez que mi camisa quedó abierta y mis senos eran captados por la cam., pude ver como él comenzaba a acariciar su pene.
Me pidió que me quite él sostén, pero en vez de eso, comencé a acariciarme los senos con las dos manos. Los apretaba y masajeaba con suavidad sin dejar de mirar su cam., él aumentó él ritmo de sus caricias y yo metí una de mis manos por debajo de la tela, hasta llegar a mi pezón, el cual acaricie y apreté con la yema de mis dedos.
A través de los auriculares podía escuchar su respiración entrecortada, y la visión de su pene erecto seguía excitándome cada vez más.
Él me pedía una y otra vez que le mostrara mis pechos, y al final decidí hacerlo. Tímidamente los fui despojando del sostén. A través de mi cam. Parecían incluso más grandes, mis pezones rosados resaltaban por la luz del flexo del escritorio.
Comencé a acariciarlos con suavidad, apretando, ahora al descubierto, mis pezones ya erizados por la excitación. Sus gemidos se hacían cada vez más sonoros y continuos.
Yo no pude evitarlo y una de mis manos se deslizó hacia mi entrepierna. Cuando él se dio cuenta, me insistió para que le mostrara como me acariciaba él pubis, pero yo me negué, tenía suficiente con mis pechos.
Lamí uno de mis dedos y con este, mojé mis pezones, húmedos era más fácil acariciarlos. Él ya no podía más, apenas entendía lo que me decía entre gemido y gemido.
Entonces sus piernas comenzaron a temblar y se detuvo en seco, alzó su cam. Y no me dejó ver como eyaculaba, yo continué acariciándome él clítoris con una mano y mis pechos con la otra, estaba tan excitada que aunque él, me hablaba diciéndome cuanto había disfrutado, yo seguía inmersa en mis caricias.
Fue cuando se puso a decirme que le encantaría estar aquí para lamer mi sexo, para introducir sus dedos dentro de mi húmeda vagina, yo me imaginaba todo aquello y estallé de placer, mis dedos se impregnaron de mi esencia y mi cara reflejaba por la cam., la satisfacción que aquella experiencia me había proporcionado.
Entonces recordé, que durante él orgasmo él me había estado viendo la cara y me sonrojé por completo, se puso a reír y me pidió que no sintiera vergüenza, pues según él, no hay nada más bonito que una mujer satisfecha. Aquello me hizo reír mucho.
Me levante para asearme y cuando volví él ya no estaba. Aún no sé que le ocurrió, quizás para él solo fue eso, un poco de cibersexo, pero para mí fue algo más, descubrí que a pesar de la distancia y de no poder tocar ala otra persona, se puede conseguir una complicidad y un placer similar a un encuentro intimo de verdad.
12 jul 2008
En los probadores de una tienda
Como a toda mujer me encanta ir de tiendas y aunque la costumbre es ir con la compañía de las amigas, yo prefiero ir sola, no tengo opinión más objetiva que la mía.
Como decía, me gusta mucho ir a una tienda de ropa cerca de casa, la cual considero una de las más modernas de la ciudad y de la cual omitiré el nombre.
Y allí me ocurrió algo digno de contar.
Cuando entre por la puerta salude a Lorena, la joven dependienta que siempre me atendía, era menuda, tenía el pelo teñido de color rojo, un rojo fuego muy llamativo, ojos claros de un color entre verde y almendra, y tenia un pendiente en el labio inferior en forma de brillante. Era muy guapa a pesar de su aspecto un poco macarra.
Mis ojos se clavaron en un precioso conjunto de blusa y pantalón, color blanco, y le pedí mi talla para probármelo. Me dirigí hacia el probador y ella me lo entrego enseguida.
Con cuidado me desnude, protegida por la cortinilla y me dispuse a probarme aquel conjunto, me quedaba genial y aunque era un poco caro decidí quedármelo.
En ese momento entró Lorena sin avisar, yo me sentí bastante cohibida, pero ella se mostraba muy natural, me miro de arriba abajo y me dijo, que no le gustaba como me quedaba.
Me sorprendió muchísimo la reacción de esta y no pude evitar preguntar el porqué, ella comenzó a hacer círculos a mi alrededor y sin dejar de mirarme, se plantó justo enfrente mía y poso sus manos sobre los botones de la blusa, mi primera reacción fue la de rechazo, conocía de hace tiempo a Lorena, pero nunca había tenido ese tipo de acercamientos con ella.
Sonrió y me dijo que me tranquilizara, aparte mis manos y la deje hacer, ella me abrió la blusa con suma delicadeza, botón a botón, debió notar como mis mejillas se sonrojaron pues me miro y las acaricio con una de sus manos en ese momento supe cuales eran sus intenciones, y tras meditarlo un poco decidí seguirle el juego.
Mientras ella aún peleaba con los botones, yo acaricie su pelo de fuego, sus ojos se abrieron de par en par, le sorprendió bastante mi reacción y esta vez fui yo quien le regalo una picara sonrisa.
Mi blusa ya casi estaba abierta, mis pechos semi desnudos comenzaban a vislumbrarse y ella se percató de ello, con uno de sus dedos dibujo círculos sobre ellos, yo la tenia cogida por la cintura, mientras ella seguía admirando y acariciando mis pechos.
Yo no quería ser la parte pasiva y le quite la apretada camiseta que llevaba, sus tersos senos rebotaron al quitarle la camiseta, no tenía sostén eran pequeños pero muy redondos, sus pezones rosados te invitaban a lamerlos y acariciarlos.
Ambas nos acariciamos, ella me quito el sostén y me abrazo, nuestros senos ya desnudos se aplastaron los unos contra los otros, sentí sus pezones erectos sobre mi piel y no pude evitar acercarme a sus labios para besarlos.
Su pendiente me hacia cosquillas, nuestras lenguas jugaban animadamente y nuestras manos nos daban mutuo placer, podía cubrir sus pechos con mis manos abiertas, abarcando toda su superficie.
Me senté en el taburete y la hice sentarse sobre mis rodillas, desde esa posición mis labios tenían contacto directo con sus senos, mi lengua se deslizó sobre sus pezones tímidamente, ella inclinó su cabeza hacia atrás de placer, yo hundí mi cara en ellos.
Desprendían un olor a body milk muy agrádale, su piel sabia a dulce, mi lengua se volvió a deslizar por en medió de sus pechos mientras mis manos los apretaban contra mis mejillas. Ella no dejaba de gemir y contonear su cadera sobre mis piernas.
Mis manos bajaron hasta su falda y se colaron por debajo de esta, quería acariciar su sexo, sentir su calor y su humedad, y jugar con preciado botón del placer.
La hice levantarse y baje su diminuto tanga hasta los tobillos y en esa posición mis dedos se adentraron en entrepierna su sexo estaba bastante húmedo y cálido la mire y ella abrió más las piernas dándole vía libre a mis juguetonas manos.
Pero en ese momento una clienta entró en la tienda, ella se asustó y con rapidez se volvió a vestir, me pidió que la esperara que pronto despachara a la clienta.
Yo comencé a vestirme y pensé que lo mejor seria que me marchara la experiencia había sido sumamente placentera, pero si nos pillaban ella podía perder su empleo, y no merecía la pena.
Con la mirada fija en el suelo salí del probador y me encamine hacia la puerta, la miré y me despedí de ella, trato de detenerme pero le insinué que habría más oportunidades y que me lo había pasado genial.
Una vez que ya estuve en la calle, respire hondo, estaba muy excitada, me fui a casa y en la intimidad de mi habitación recordé paso a paso todo lo sucedido mientras me acariciaba desnuda sobre la cama.
