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9 sept 2008

Mi buena amiga Alicia ( VideoRelato )



Como ya dije en varias ocasiones, hace poco que comencé a moverme por el apasionante mundo de internet y los chats. Mientras viajaba en el crucero, pude conectarme desde allí y conocí a una chica muy simpática, nos dimos los messenger y hace un par de días volví a contactar con ella.

Nos enviamos las fotos de nuestras vacaciones y nos contamos las pequeñas aventuras que vivimos en ellas.

Mientras charlábamos, cada vez me entraba más curiosidad por ver como era, por escuchar su voz, ya que desde el crucero no podíamos porque no teníamos webcam allí.

No sabía como pedírselo ni en que momento de la conversación encajaría, pero me moría de ganas por verla.

Fue como si me leyera la mente, cuando de repente ella misma me pidió la cam. Me alegró mucho esa coincidencia y no dude en decirle que sí. Las conectamos y cuando su imagen apareció en mi pantalla me quedé alucinada. Era preciosa, muy linda, una chica no muy delgadita, su cara era redonda con unas mejillas sonrojadas que le daban un aspecto delicioso, sus ojos grandes de color miel eran muy vivos y alegres. Su piel tan blanca sin llegar a parecer mortecina resaltaba
Sus rosados labios, grandes y jugosos.

Me deshice en halagos con ella y ella conmigo, me costaba seguir la conversación pues sus ojos me tenían hipnotizada y su cuerpo despertaba en mí unos deseos muy sensuales.

Mientras chateamos en mi imaginación, desnudaba lentamente su cuerpo, acariciaba su piel y besaba su cuello, con suavidad y dedicación. Sus ojos me observaban con detenimiento y sus manos jugaban con mi cabello.

Pero algo me sacó de aquel sensual pensamiento, Alicia se había levantando y me daba la espalda en la cam., en el Chat me había dejado escrito algo: Tengo una sorpresa para ti.

Me sorprendió tal cosa, pues no tenía ni la menor idea de a que se podía referir, así que me mantuve atenta a la cam., ella seguía de espaldas y entonces comenzó a desnudarse.

Muy despacio se quitó la camiseta de tirantes color salmón y dejó su espalda al aire, tenía unos hombros bien formados, rectos y finos, su espalda me invitaba a recorrer su columna con la lengua.

Sus manos se dirigieron hacia su cintura y desabrocharon su pantalón, ella se lo quitó muy despacio, podía ver sus nalgas, redondas y prietas, cubiertas a duras penas por un tanga muy fino que dejaba muy poco a la imaginación.

Sus muslos tersos y contorneados eran preciosos, se dio la vuelta y pude ver su tanga por delante, tan transparente que parecía no llevar nada. Yo estaba muy excitada contemplando aquel maravilloso regalo, sus piernas interminables y su cintura perfecta, deseaba tanto tenerla a mi lado y poder hacerla mía.

Comenzó a acariciar sus ingles y a meter su mano por debajo de la tela del tanga, acariciando su suave pubis. Acto seguido tomó asiento de nuevo, y enfoco la cam. hacia sus senos aún cubiertos por el sostén.

Los acarició con delicadeza y posó sus manos en la espalda para quitarse el ya mencionado sostén. Sus pechos desafiaban las leyes de la gravedad, grandes y firmes se contoneaban con cada movimiento suyo. Se metió los dedos en la boca, los humedeció y comenzó a pasarlos por los senos, mojándolos cada vez más.

Sus pezones ya comenzaban a endurecerse y eso me excitaba cada vez más, quería poder acariciarlos y lamerlos con mi lengua, la cual estaba deseosa de sentir su piel.

Le había prometido que sólo observaría y me contuve las ganas de acariciarme en muchas ocasiones. Pero cuando la cam dirigió su objetivo hacía su entrepierna y pude ver como sus dedos traviesos apartaban el tanga, dejando a la vista su pubis, los sudores comenzaron a recorrer mi cuello.

Estaba tan excitada que el calor que mi propio cuerpo desprendía, me hizo sudar. Ella no se dio cuenta y siguió con su juego.

Acarició vivamente su clítoris, de su rosada vagina emergía un brillo causado por la segregación de fluidos debidos a la excitación que ella también sentía.

Inmediatamente introdujo con suavidad uno de sus dedos, lo mantuvo dentro unos segundos y continuó con el movimiento. Podía ver como su cuerpo se estremecía con cada entrada y salida.

Yo apenas podía aguantar el deseo de acariciarme, pero una promesa era una promesa.

Ella cada vez embestía sus dedos con más fuerza, casi podía escuchar en mi imaginación sus gemidos de placer, trataba de imaginar la sensación con la cual ella estaba disfrutando en ese momento.

Entonces su cuerpo comenzó a temblar, sus piernas se encogieron y su mano se detuvo. Había llegado al orgasmo y yo no había perdido detalle.

Pero no quiso mostrarme su húmedo sexo tras el orgasmo. Se enfocó de nuevo al rostro y con una sonrisa me preguntó si me había gustado el regalo. Yo no tenía palabras para describirlo, pero ella supo leerlo en mi expresión.

Antes de despedirnos, le prometí que algún día yo también le haría un regalo.
Mi amiga Alicia, preciosa, encantadora, sensual y sublime... Mi amiga Alicia.

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3 ago 2008

Sexo en la oficina

Hace unos días me ocurrió algo muy excitante en la oficina. Muchas veces me quedo a última hora para dejar el trabajo adelantado, y aquel día parecía ser como otro cualquiera, pero no fue así.

Me encontraba en la habitación donde guardamos los archivadores y estaba buscando una carpeta de clientes que mi jefe parecía haber extraviado. Allí envuelta de papeles por todos lados y de archivadores metálicos, no me di cuenta de que no era la única que quedaba en la oficina.

Tras más de media hora buscando, por fin logré encontrar lo que buscaba, salí de la sección y me dirigí a la maquina de café, necesitaba un poco de cafeína. Para llegar a ella tengo que pasar por el salón central, donde se encuentran la mayoría de los ordenadores que usan mis compañeros, para dirigir las transacciones y demás tareas.

En primera instancia no me di cuenta, pero cuando volvía, ya camino del despacho del jefe y café en mano, por el rabillo del ojo pude ver una figura entre las sombras. Casi dejé caer el vaso al suelo por el susto, me quedé inmóvil tratando de averiguar que era y cuando me acostumbre un poco a la penumbra, pude ver que era uno de mis compañeros que estaba usando uno de los ordenadores.

Pero, lo que no entendía es porque, quizás estaba adelantando trabajo o quizás terminando algo que dejó a medias. No quise molestarle pero la curiosidad pudo conmigo. Despacio y sin hacer mucho ruido me fui acercando, pero un sonido peculiar detuvo mi marcha, del ordenador salían unos gemidos, al estilo de las películas porno.

Me tape la boca para no reírme y llamar su atención, pues enseguida supe que estaba pasando, mi compañero estaba viendo un vídeo pornográfico en el ordenador, por un lado pensé en la vergüenza que él sentiría si lo pillaba y por otro lado me hacia gracia imaginar la cara que pondría.

Me acerque un poco más y no puede evitar sorprenderme cuando la luz de la pantalla se iluminó y vi. Que estaba masturbándose. Aquella visión me excitó mucho, mi compañero era un chico muy agrádale y bastante atractivo, alto fornido, pelo castaño y ojos pardos, muy simpático y gracioso.

No savia que hacer, por un momento se me ocurrió la idea de acercarme y jugar con él, y por el otro irme como si nada hubiera pasado, pero mientras decidía mi siguiente paso, el ya se había percatado de mi presencia.

Me miró sorprendido y no hizo nada por ocultar lo que estaba haciendo, nuestras miradas se cruzaron durante unos segundos que se hicieron eternos. Acto seguido extendió su mano, pidiéndome la mía. Reaccioné por inercia, me acerqué a él, se levantó apartó el teclado de la mesa y me sentó en ella.

De fondo seguían escuchándose los gemidos de los protagonistas de la película, él se sentó de nuevo en la silla, quedando entre mis piernas, las cuales me hizo apoyarlas en los posabrazos de la silla.

Sin dejar de mirarme, posó sus manos sobre mis muslos y remango mi falda hasta la ingle, acarició mi piel con sus dedos avanzando hasta mi entrepierna, donde se detuvo en mi tanga. Con uno de sus dedos fue deslizándolo por el centro de mi pubis. Sentí como presionaba mi clítoris y eso me hizo encogerme de placer.

Al notar mi reacción continua con sus dedos hasta pasarlos por debajo del tanga, estiro y me hizo levantarme un poco para quitármelos. Una vez que mi sexo estaba desnudo frente a su rostro, hundió su lengua en él, sujetándome firmemente de los muslos.

Lamió con pasión mi pubis y mi clítoris, y jugo con mis labios vaginales como si de un caramelo se tratase, ya mis gemidos podían confundirse con los de la película.

Yo no podía ni moverme del placer que su lengua estaba produciéndome, acariciaba su pelo con una de mis manos invitándole a seguir, entonces se detuvo y se metió lo dedos en la boca, así humedecidos, los introdujo suavemente en mi vagina.

Me mordí los labios para evitar gritar de placer, su lengua seguía paseándose y jugando con mi clítoris mientras sus dedos, entraban y salían.

La película ya había terminado y ahora mis gemidos eran los protagonistas, su lengua tan jugosa me hacia temblar cada vez que se deslizaba por mi piel.

Sus movimientos comenzaron a ser más rápidos y constantes, yo apenas podía aguantar más, ya empezaba a notar como mi cuerpo se estremecía y entonces llegó el orgasmo. Me puse a temblar gimiendo muy alto, pero él seguía lamiéndome y penetrándome con sus dedos.

La sensación era increíble, muy placentera. Cuando terminé él se separó suavemente y me miro sonriente, yo me sonroje aunque con la poca luz que había no podía percatarse de ello.

Por suerte para nosotros, ya nos habíamos vestido, cuando apareció el guarda de seguridad, algo alarmado pues había escuchado unos extraños ruidos. Nos miramos y soltamos una carcajada que el guarda no logró entender.

Nos acompañó hasta la puerta para irnos, una vez a solas, mi compañero me guiñó un ojo y me dijo con un susurro, me encantaría repetirlo.

Me volví a sonrojar y me quede allí viéndolo como se alejaba, sinceramente a mí también me gustaría repetirlo.

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