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30 sept 2008

Amateur Striptease

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28 sept 2008

Pagar por mirar mientras se hace sexo

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21 sept 2008

LA MUJER DE ROJO

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20 sept 2008

Los polvos rapiditos son el mejor tipo de sexo

El cineasta británico Guy Ritchie, esposo de Madonna, confesó en una entrevista que el sexo rápido es lo mejor. Ritchie estaba hablando en una cadena de radio británica sobre su nueva película, RocknRolla, cuando explicó su preferencia por las relaciones sexuales veloces, según informa página News.com.au.
La escena de sexo en la película, explicó Ritchie, fue grabada en sólo cuatro segundos, porque los "rapidines" en la vida real y en la pantalla "son el mejor tipo de sexo".
Pese a los rumores que indicaban un inminente divorcio de Madonna, Ritchie ha mantenido su relación con la cantante, quien estuvo presente en la presentación de RocknRolla.

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19 sept 2008

Modelo italiana Raffaella Fico vende su virginidad a un millón de dólares



Raffaella Fico Fico, de 20 años, aseguró que quiere juntar un millón de euros para poder comprarse una casa en Roma y poder pagar las clases de actuación, según publica el sitio Telegraph.co.uk. "No sé lo que significa tener relaciones sexuales" aseguró la modelo a la revista y añadió que si el hombre que pone el dinero es feo intentará hacer todo más rápido.

La modelo y ex participante de la edición italiana de Gran hermano Raffaella Fico subasta su virginidad y expresa "no veo la hora de ver quién es el hombre que pagó por tenerme". "Si él no me gusta, entonces tomaré un vaso de vino para hacerlo y olvidarme del asunto" agregó la aspirante a actriz, nacida en Nápoles. Su familia insistió en que, a pesar de su buena apariencia y la imagen sexy, ella seguía siendo virgen.

"Ella nunca tuvo un novio, lo juro por mi madre que está grave. Ella es una devota católica y ora para el Padre Pío todas las noches", afirmó su hermano a la revista.

Raffaella Fico no es la primera mujer que subasta su virginidad en una gran suma. Una joven norteamericana de 18 años, Natalie Dylan, dijo recientemente que quiere cobrar 1 millón de dólares por tener sexo por primera vez, para poder pagar los honorarios de su colegio.

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14 sept 2008

Tal vez amistad sincera....

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13 sept 2008

Webcam de Susana

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12 sept 2008

Volviendo al trabajo

Ya se acabaron las vacaciones y de vuelta al trabajo en la oficina y el salón de masajes. Ando un poco oxidada y el primer día le pedí a mi jefa que me dejará practicar un poco con alguna compañera.

Y así lo hicimos, Conchi se ofreció para ayudarme a coger práctica de nuevo, nos metimos en una de las salas y nos pusimos a ello.
Decidí que comenzaría con un masaje completo, para no perder mucho tiempo, así que la mande a desnudar detrás del biombo y que se tapara con la toalla.

Se tumbó en la camilla, puse la música y me prepare para untarle los aceites, enrollé su toalla hasta sus nalgas, donde se quedó cubriéndolas, unté mis manos con los aceites y los esparcí desde sus piernas, pasando por su espalda hasta sus hombros.

Una vez que toda su piel se embadurnó de aceites, comencé con el masaje. Sus hombros estaban realmente tensos y me centré mucho en ellos. Su cuello fino pero bien formado también acumulaba mucha tensión. No había perdido mucha práctica, ya que recordaba todos y cada uno de los movimientos necesarios para un masaje relajante.

Descendí hasta sus omoplatos desde donde me dirigí hacia su columna. Revisé cada vértebra con cuidado y atención, y después de un buen rato relajando la zona, me dediqué a sus piernas. Con eso ayudaría a que su circulación y drenaje fuera más eficaz.

No me había dado cuenta antes, pero Conchi tenía unas piernas preciosas, largas y contorneadas, morenas por el sol. Sus tobillos eran realmente sensuales, llevaba una de esas modernas pulseras de tobillo que decidí quitarle para no incomodar mi trabajo.

Mientras me centraba en sus piernas, un suave sopor me inundó, el hecho de acariciarlas me estaba excitando y mi pulso tembló por unos segundos, debía disimular como fuera para que ella no lo notará.

Pero me costaba mucho, las curvas de sus piernas me hipnotizaban de tal forma, que por un momento me quedé inmóvil observándola. Ella se inclinó y me miró sorprendida, me preguntó por qué hacía parado y sin pensar le respondí, que sus piernas eran tan sensuales que me había excitado.

Cuando me di cuenta de la metedura de pata, ya era un poco tarde, Conchi se había sentado sobre la camilla, de un salto y cubría su cuerpo con la toalla, parecía algo asustada.

Yo traté de explicarle que había sido un pequeño error, pero ella me interrumpió. Cogió mi mano y me acercó a ella. Ahora es cuando la que empezaba a asustarse era yo.

Me puse a temblar, pues esperaba una regañina por su parte, pero para sorpresa, no fue así. Me miró fijamente a los ojos, me acercó más a ella y me besó. La curiosidad pudo conmigo y le pregunté, por qué hacía eso y ella estaba felizmente casada.

Su respuesta fue contundente, quería probar cosas nuevas, y sinceramente, yo no era quien para negárselo. Ella con una seguridad en sí misma, que me sorprendía, me quitó la bata. Debajo de esta llevaba una blusa, ella me besó el cuello mientras uno a uno me los iba desabrochando.

Yo acariciaba sus muslos desnudos, suaves por los aceites y tan deseables... Ella me desnudó de cintura para arriba, mis senos aun cubiertos por el sostén, le resultaron muy apetecibles y no dudó en acariciarlos y besarlos con ansía. Casi me hacía daño, pero me gustaba.

Me quité el sostén despacio y con algo de vergüenza, para facilitarle las cosas. Hundió su cara en mis senos desnudos, su lengua lamió mi piel, con cierta timidez, pero resultaba muy erótico, verla, sus mejillas rosadas por la vergüenza, pero con esas ansías de probar nuevas experiencias.

Mis manos ya habían llegado hasta sus nalgas, y las acariciaba y apretaba con pasión, eran redondas y duras, muy jugosas.

Ella empezó a lamer mis pezones, haciendo que estos se endurecieran, jugó con ellos un buen rato, de mi boca ya comenzaban a escapar unos suaves gemidos cuando un toqué en la puerta nos sobresaltó.

Nuestra jefa ya nos reclamaba para empezar los turnos, ambas nos miramos con cara de inconformidad, y asentimos para levantarnos y vestirnos.

Le prometí que nunca contaría lo que allí había ocurrido y ella me pidió que algún día se volviera a repetir.



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10 sept 2008

La ex de Güiza muestra sus encantos en Interviú

Rocío Aranda, jerezana de 30 años, conoció al futbolista Dani Güiza, delantero del Fenerbahce turco y de la selección española, en Mallorca hace siete años. Se enamoraron, tuvieron un hijo en marzo de 2003, se casaron un año después y se separaron en febrero de 2006.
El divorcio definitivo llegó en mayo de 2007. Para cobrar la pensión alimenticia de su hijo, Rocío tuvo que pedir el embargo de la nómina del futbolista, mientras Dani empezaba una relación con la controvertida Nuria Bermúdez, con quien tiene otro hijo.
Mientras tanto esta semana la espectacular Rocío es la tapa de la revista española Interviú.

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9 sept 2008

Mi buena amiga Alicia ( VideoRelato )



Como ya dije en varias ocasiones, hace poco que comencé a moverme por el apasionante mundo de internet y los chats. Mientras viajaba en el crucero, pude conectarme desde allí y conocí a una chica muy simpática, nos dimos los messenger y hace un par de días volví a contactar con ella.

Nos enviamos las fotos de nuestras vacaciones y nos contamos las pequeñas aventuras que vivimos en ellas.

Mientras charlábamos, cada vez me entraba más curiosidad por ver como era, por escuchar su voz, ya que desde el crucero no podíamos porque no teníamos webcam allí.

No sabía como pedírselo ni en que momento de la conversación encajaría, pero me moría de ganas por verla.

Fue como si me leyera la mente, cuando de repente ella misma me pidió la cam. Me alegró mucho esa coincidencia y no dude en decirle que sí. Las conectamos y cuando su imagen apareció en mi pantalla me quedé alucinada. Era preciosa, muy linda, una chica no muy delgadita, su cara era redonda con unas mejillas sonrojadas que le daban un aspecto delicioso, sus ojos grandes de color miel eran muy vivos y alegres. Su piel tan blanca sin llegar a parecer mortecina resaltaba
Sus rosados labios, grandes y jugosos.

Me deshice en halagos con ella y ella conmigo, me costaba seguir la conversación pues sus ojos me tenían hipnotizada y su cuerpo despertaba en mí unos deseos muy sensuales.

Mientras chateamos en mi imaginación, desnudaba lentamente su cuerpo, acariciaba su piel y besaba su cuello, con suavidad y dedicación. Sus ojos me observaban con detenimiento y sus manos jugaban con mi cabello.

Pero algo me sacó de aquel sensual pensamiento, Alicia se había levantando y me daba la espalda en la cam., en el Chat me había dejado escrito algo: Tengo una sorpresa para ti.

Me sorprendió tal cosa, pues no tenía ni la menor idea de a que se podía referir, así que me mantuve atenta a la cam., ella seguía de espaldas y entonces comenzó a desnudarse.

Muy despacio se quitó la camiseta de tirantes color salmón y dejó su espalda al aire, tenía unos hombros bien formados, rectos y finos, su espalda me invitaba a recorrer su columna con la lengua.

Sus manos se dirigieron hacia su cintura y desabrocharon su pantalón, ella se lo quitó muy despacio, podía ver sus nalgas, redondas y prietas, cubiertas a duras penas por un tanga muy fino que dejaba muy poco a la imaginación.

Sus muslos tersos y contorneados eran preciosos, se dio la vuelta y pude ver su tanga por delante, tan transparente que parecía no llevar nada. Yo estaba muy excitada contemplando aquel maravilloso regalo, sus piernas interminables y su cintura perfecta, deseaba tanto tenerla a mi lado y poder hacerla mía.

Comenzó a acariciar sus ingles y a meter su mano por debajo de la tela del tanga, acariciando su suave pubis. Acto seguido tomó asiento de nuevo, y enfoco la cam. hacia sus senos aún cubiertos por el sostén.

Los acarició con delicadeza y posó sus manos en la espalda para quitarse el ya mencionado sostén. Sus pechos desafiaban las leyes de la gravedad, grandes y firmes se contoneaban con cada movimiento suyo. Se metió los dedos en la boca, los humedeció y comenzó a pasarlos por los senos, mojándolos cada vez más.

Sus pezones ya comenzaban a endurecerse y eso me excitaba cada vez más, quería poder acariciarlos y lamerlos con mi lengua, la cual estaba deseosa de sentir su piel.

Le había prometido que sólo observaría y me contuve las ganas de acariciarme en muchas ocasiones. Pero cuando la cam dirigió su objetivo hacía su entrepierna y pude ver como sus dedos traviesos apartaban el tanga, dejando a la vista su pubis, los sudores comenzaron a recorrer mi cuello.

Estaba tan excitada que el calor que mi propio cuerpo desprendía, me hizo sudar. Ella no se dio cuenta y siguió con su juego.

Acarició vivamente su clítoris, de su rosada vagina emergía un brillo causado por la segregación de fluidos debidos a la excitación que ella también sentía.

Inmediatamente introdujo con suavidad uno de sus dedos, lo mantuvo dentro unos segundos y continuó con el movimiento. Podía ver como su cuerpo se estremecía con cada entrada y salida.

Yo apenas podía aguantar el deseo de acariciarme, pero una promesa era una promesa.

Ella cada vez embestía sus dedos con más fuerza, casi podía escuchar en mi imaginación sus gemidos de placer, trataba de imaginar la sensación con la cual ella estaba disfrutando en ese momento.

Entonces su cuerpo comenzó a temblar, sus piernas se encogieron y su mano se detuvo. Había llegado al orgasmo y yo no había perdido detalle.

Pero no quiso mostrarme su húmedo sexo tras el orgasmo. Se enfocó de nuevo al rostro y con una sonrisa me preguntó si me había gustado el regalo. Yo no tenía palabras para describirlo, pero ella supo leerlo en mi expresión.

Antes de despedirnos, le prometí que algún día yo también le haría un regalo.
Mi amiga Alicia, preciosa, encantadora, sensual y sublime... Mi amiga Alicia.

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6 sept 2008

Deliciosas vacaciones

Siento no haber escrito este tiempo, pero como ya os imaginaréis he estado de vacaciones. Claro esta tengo que dar gracias por tener una vida llena de situaciones tan deliciosas como la que os voy a contar.

Junto a un par de amigas, decidimos irnos de crucero este verano, una ruta por el mediterráneo, Roma, Grecia, Cerdeña, etc, etc. Pudimos ver las ruinas griegas, el coliseo romano y la torre inclinada, además estuvimos en Mónaco y en el vaticano. Lugares preciosos con una rica arquitectura. Hicimos miles de fotos que pronto colgaré en el blog.

Pero estos maravillosos paisajes no fue lo único increíble del viaje, lo mejor ocurrió en el barco.

Normalmente, las estancias en el barco las pasábamos entre la piscina, el jacuzzi y el buffet, pero aquel día me fui yo sola a la biblioteca, si tienen una, y escoger un par de libros para leer en el camarote. Mientras buscaba absorta fijándome en los títulos de los libros, no me di cuenta de que mi mano se cruzó con la de un desconocido. Nos miramos con sorpresa, era un chico joven algo menor que yo, pelo castaño y largo el cual le daba ese aspecto tan juvenil, con unos ojos verdes preciosos, como el mar al atardecer.

Me regaló una tímida sonrisa y yo le respondí de igual manera, al parecer nos habíamos fijado en el mismo libro, el siendo muy caballeroso me cedió el libro, pero a cambio me pidió una cita. Por un momento no quise aceptar, pero pensé que estábamos en un crucero, lleno de gente, que podía pasar...

Me cito a media noche, en la cubierta, en la piscina. Me moría de ganas de contárselo a las chicas, pero era mejor guardarlo en secreto hasta pasada la velada.

Me puse mi mejor traje de baño, un precioso bikini de color plateado que unía las dos piezas con una cadena sobre mí estómago, me tape la cintura con un pareo ya que hacia algo de fresco en alta mar.

Mientras las chicas se duchaban y preparaban para irse a la sala de fiesta, yo salí a escondidas del camarote y me fui hacia la piscina, aún no eran las 12 así que me senté en el borde de la piscina a esperar.

Mis pies tocaban la fresca agua y mi cuerpo empezó a temblar de frío, entonces sentí como una cálida y fina manta se posaba sobre mis hombros. Era el chico de la biblioteca que me abrigaba con ella.

Se sentó a mi lado y comenzamos a charlar, me contó que todos los años hacia un crucero el sólo, me pregunté por qué solo, siempre es mejor viajar en compañía, pero no me quiso contestar, siguió explicándome la cantidad de sitios que había visitado.

Mientras el me describía lo bello que es Florencia, la magia de Egipto y mil lugares más, yo miraba las estrellas. Era precioso, a pesar de las luces de cubierta el cielo se podía contemplar de maravilla el cielo estrellado.

De repente el dejo de hablar, yo le miré y con una sonrisa me invitó a meternos en la piscina. Aunque hacia algo de frío, me apetecía realmente darme un baño.

Él se metió primero y extendió su mano para ayudarme a entrar. El agua estaba realmente fría pero la compañía empezaba a resultar realmente agrádale.

Apoye mi espalda en el borde de la piscina y extendí mis piernas, el suavemente las sujeto para ayudarme a flotar. Sus ojos recorrieron mi cuerpo con lentitud y eso hizo ponerme la piel de gallina. Su mirada era profunda e intrigante y me excitaba la idea de que le gustara mi cuerpo.

Todo era muy excitante, solos en aquella enorme piscina con el manto estrellado de la noche cubriéndonos, la musica de la sala de fiesta llegaba suave a nuestros oídos, parecía la noche perfecta.

Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas, con mucha suavidad, se detuvo en mis rodillas, las separó lentamente y se metió en medio. Se acercó a mí y me hizo rodearle la cintura con ellas. Me miró fijamente y me regalo un delicioso abrazo.

Su cuerpo era cálido en comparación con el agua de la piscina que seguía muy fría. Sus fuertes brazos me rodeaban con una increíble suavidad, nuestros ojos se cruzaron, los suyos brillaban con el reflejo de la luna y no puede esperar más, mis labios se acercaron a los suyos, fundiéndose ambos en un largo beso.

Apreté su cintura contra mí, con mis piernas, y pude notar como su sexo erecto empujaba mi pubis, aquello me excitó más aún y nuestras lenguas comenzaron un masaje privado lleno de calidez y una humedecida pasión.

Sus manos apretaron mis muslos con firmeza, y sus labios besaron mi pecho, yo me aferraba a sus hombros mientras disfrutaba cuando su lengua se adentró en mis senos. Con una de sus manos me desato la parte de arriba del bikini dejando libres mis pechos.

Soltó mis muslos y agarró mis pechos con firmeza, su lengua resbaló sobre la piel humedecida por el agua y se detuvo en mis pezones, los mordió con cuidado, yo acariciaba su pelo rizado y mojado y arqueaba mi espalda de placer.

Se arrodilló quedando su cara frente a mi pubis, estábamos en las escaleras de la piscina. Con las manos acarició mi cintura y sus dedos jugaban con la tela del tanga del bikini, hundió su cabeza en el agua y me lo quitó con cuidado, beso tímidamente mi pubis desnudo bajo el agua.

Me preparaba para tener una de las mejores experiencias sexuales del verano, cuando unas voces familiares me llamaron la atención. Eran las chicas que me buscaban. Con prisas y las mejillas sonrojadas de la vergüenza, me puse de nuevo el bikini y disimulamos todo lo posible.

Las chicas llegaron entre risas hasta la piscina, y me riñeron por no haberlas avisado. Total que las chicas se metieron en la piscina con nosotros y no pudimos hacer nada más. Pasamos el resto de la velada entre juegos y risas.

Cuando llegó la hora de despedirnos, volví a quedar con aquel chico, pero esto os lo contaré en otra ocasión.

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25 ago 2008

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24 ago 2008

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3 ago 2008

Sexo en la oficina

Hace unos días me ocurrió algo muy excitante en la oficina. Muchas veces me quedo a última hora para dejar el trabajo adelantado, y aquel día parecía ser como otro cualquiera, pero no fue así.

Me encontraba en la habitación donde guardamos los archivadores y estaba buscando una carpeta de clientes que mi jefe parecía haber extraviado. Allí envuelta de papeles por todos lados y de archivadores metálicos, no me di cuenta de que no era la única que quedaba en la oficina.

Tras más de media hora buscando, por fin logré encontrar lo que buscaba, salí de la sección y me dirigí a la maquina de café, necesitaba un poco de cafeína. Para llegar a ella tengo que pasar por el salón central, donde se encuentran la mayoría de los ordenadores que usan mis compañeros, para dirigir las transacciones y demás tareas.

En primera instancia no me di cuenta, pero cuando volvía, ya camino del despacho del jefe y café en mano, por el rabillo del ojo pude ver una figura entre las sombras. Casi dejé caer el vaso al suelo por el susto, me quedé inmóvil tratando de averiguar que era y cuando me acostumbre un poco a la penumbra, pude ver que era uno de mis compañeros que estaba usando uno de los ordenadores.

Pero, lo que no entendía es porque, quizás estaba adelantando trabajo o quizás terminando algo que dejó a medias. No quise molestarle pero la curiosidad pudo conmigo. Despacio y sin hacer mucho ruido me fui acercando, pero un sonido peculiar detuvo mi marcha, del ordenador salían unos gemidos, al estilo de las películas porno.

Me tape la boca para no reírme y llamar su atención, pues enseguida supe que estaba pasando, mi compañero estaba viendo un vídeo pornográfico en el ordenador, por un lado pensé en la vergüenza que él sentiría si lo pillaba y por otro lado me hacia gracia imaginar la cara que pondría.

Me acerque un poco más y no puede evitar sorprenderme cuando la luz de la pantalla se iluminó y vi. Que estaba masturbándose. Aquella visión me excitó mucho, mi compañero era un chico muy agrádale y bastante atractivo, alto fornido, pelo castaño y ojos pardos, muy simpático y gracioso.

No savia que hacer, por un momento se me ocurrió la idea de acercarme y jugar con él, y por el otro irme como si nada hubiera pasado, pero mientras decidía mi siguiente paso, el ya se había percatado de mi presencia.

Me miró sorprendido y no hizo nada por ocultar lo que estaba haciendo, nuestras miradas se cruzaron durante unos segundos que se hicieron eternos. Acto seguido extendió su mano, pidiéndome la mía. Reaccioné por inercia, me acerqué a él, se levantó apartó el teclado de la mesa y me sentó en ella.

De fondo seguían escuchándose los gemidos de los protagonistas de la película, él se sentó de nuevo en la silla, quedando entre mis piernas, las cuales me hizo apoyarlas en los posabrazos de la silla.

Sin dejar de mirarme, posó sus manos sobre mis muslos y remango mi falda hasta la ingle, acarició mi piel con sus dedos avanzando hasta mi entrepierna, donde se detuvo en mi tanga. Con uno de sus dedos fue deslizándolo por el centro de mi pubis. Sentí como presionaba mi clítoris y eso me hizo encogerme de placer.

Al notar mi reacción continua con sus dedos hasta pasarlos por debajo del tanga, estiro y me hizo levantarme un poco para quitármelos. Una vez que mi sexo estaba desnudo frente a su rostro, hundió su lengua en él, sujetándome firmemente de los muslos.

Lamió con pasión mi pubis y mi clítoris, y jugo con mis labios vaginales como si de un caramelo se tratase, ya mis gemidos podían confundirse con los de la película.

Yo no podía ni moverme del placer que su lengua estaba produciéndome, acariciaba su pelo con una de mis manos invitándole a seguir, entonces se detuvo y se metió lo dedos en la boca, así humedecidos, los introdujo suavemente en mi vagina.

Me mordí los labios para evitar gritar de placer, su lengua seguía paseándose y jugando con mi clítoris mientras sus dedos, entraban y salían.

La película ya había terminado y ahora mis gemidos eran los protagonistas, su lengua tan jugosa me hacia temblar cada vez que se deslizaba por mi piel.

Sus movimientos comenzaron a ser más rápidos y constantes, yo apenas podía aguantar más, ya empezaba a notar como mi cuerpo se estremecía y entonces llegó el orgasmo. Me puse a temblar gimiendo muy alto, pero él seguía lamiéndome y penetrándome con sus dedos.

La sensación era increíble, muy placentera. Cuando terminé él se separó suavemente y me miro sonriente, yo me sonroje aunque con la poca luz que había no podía percatarse de ello.

Por suerte para nosotros, ya nos habíamos vestido, cuando apareció el guarda de seguridad, algo alarmado pues había escuchado unos extraños ruidos. Nos miramos y soltamos una carcajada que el guarda no logró entender.

Nos acompañó hasta la puerta para irnos, una vez a solas, mi compañero me guiñó un ojo y me dijo con un susurro, me encantaría repetirlo.

Me volví a sonrojar y me quede allí viéndolo como se alejaba, sinceramente a mí también me gustaría repetirlo.

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27 jul 2008

Amor en la oscuridad

Una vez al mes, voy al campo de mis abuelos, para ayudarlos, tienen un terreno, con cultivos y unos pocos animales, cabritas y cerditos. Y como ya son mayores pues una ayuda de vez en cuando no les viene mal.

Además, aprovecho para ver al hijo de los vecinos, un chico de mí edad, alto y moreno, con unos profundos ojos negros y su tez tostada por el sol, tiene una sonrisa casi angelical, que te invita a soñar.

La granja de mis abuelos es un lugar precioso, todo rodeado de verde, incluso tienen una parcela de trigo donde de pequeña me gustaba jugar y donde acababa durmiéndome agotada, recuerdo las veces que mi abuelo me recogía en brazos y me llevaba a la cama, cuando despertaba en mí pelo aún quedaban espigas del trigo enredadas, que bellos recuerdos.

Pero aquel día todo iba a ser muy diferente de lo que yo había esperado, pero muy similar a lo que había imaginado, os explicaré por qué.

Como de costumbre cuando llegué mi abuela me esperaba para cenar, y me había preparado sus deliciosas galletas echas al horno, para el postre. Pero la sorpresa fue, que aquella noche teníamos un invitado más en la mesa. Era el hijo de los vecinos, por lo visto había estado todo el día ayudando a mí abuelo con los animales y en agradecimiento mi abuela lo invitó a cenar.

Comimos un guiso de carne y patatas, delicioso, mi abuela es una gran cocinera. Durante la cena todo fue muy bien, mis abuelos y el vecino me comentaban lo bien que había crecido el trigo estos meses, y que los animales estaban muy bien. Mi vecino me invito a ir al trigal después de la cena, a lo que acepté encantada.

Todo transcurrió sin contratiempos, y antes de irnos al trigal, mi abuela nos dio una cestita, con refrescos y las galletas aun calentitas. Salimos de la casa y nos encaminamos hacia el campo, una ligera brisa nos refrescaba. Él iba con una toalla en la mano, para no mancharnos la ropa con la hierba.

Llegamos y nos sentamos en medio del trigal. Cobijados por la profunda oscuridad que nos proporcionaba la noche sin luna, y maravillados por la cantidad de estrellas que se vislumbraban en el cielo, nos tumbamos sobre la toalla y comenzamos a recordar cuando éramos niños y jugábamos en aquel mismo campo.

Las carreras, cuando llevábamos a las cabras más pequeñas y corríamos tras de ellas para asustarlas, las miles de trastadas que hicimos siendo niños, mientras yo hablaba de aquella vez que me caí y me partí un diente y el me abrazaba para que no llorara, me di cuenta de que sus brillantes ojos se habían clavado en mí, y sus labios habían dejado de emitir sonido alguno.

Le miré sorprendida por el silencio que se había creado sin aviso y entonces él se acercó a mí lentamente, cuando cerró sus ojos, supe que me iba a besar y no hice nada por evitarlo. Sus labios tiernos y dulces, aún sabían a las galletas de mí abuela, le besé con intensidad y disfrute cada segundo que nuestros labios estuvieron unidos.

Su cuerpo fuerte y musculoso despertaba en mí el deseo de acariciar su torso y así lo hice, mis manos ansiosas se deslizaron por debajo de su camiseta, y con una inusual timidez dibuje el contorno de sus abdominales marcados, mientras mi lengua jugaba con la suya.

Él era un chico de pueblo y bastante tímido a pesar de que fue el quien comenzó el beso, sus manos rodeaban mi cintura, pero no se atrevía a ir más allá, le dije con sensualidad que me acariciara y muy despacio, liberó mi cintura para desabrocharme la camisa.

Sus manos temblaban y mis mejillas se sonrojaban cada vez más, me encantaba que lo hiciera con esa delicadeza, no había brusquedad en sus movimientos, todo era tan romántico, la noche cerrada, las estrellas, aquel trigal, los dos solos en aquella inmensidad. Nadie sabía lo que allí estaba ocurriendo.

Le ayude a desabotonar mi camisa, mientras aún besaba sus dulces labios, cuando mis senos quedaron al descubierto, él se quedó sin saber que hacer, yo comencé a reír y mis manos guiaron a las suyas hasta ellos. Dibujó con sus dedos los suaves encajes que formaban mi sostén, y besó mi cuello con cariño y dedicación.

La situación era tan excitante que mi deseo por él crecía por momentos, le empuje con cuidado hasta que se puso boca arriba y me senté sobre su cintura, inclinándome hasta que mis senos casi rozaban sus labios, invitándolo a besarlo y así lo hizo.

Podía notar en mí pubis, que su pene erecto luchaba por salir del pantalón, pero no quería romper su inocencia de esa forma, así que me limite a mover mi cintura suavemente sobre él. Sus manos rápidamente se acomodaron en mis nalgas, ayudándome con el contoneo que tanto le estaba excitando.

Yo misma me desabroche el sostén, y deje caer mis tersos senos sobre sus labios, él los recibió con ansia y los besó y lamió como si ya fuera todo un experto.

Yo gemía de placer cada vez que su tibia lengua tocaba mi piel. Si hubiera podido le habría hecho el amor allí mismo, pero cuando más excitada estaba, recordé que pronto mi abuelo vendría a buscarnos, y no sólo eso, no quería ser el primer amor de aquel chico de pueblo que no había conocido mujer hasta ese momento.

Me incline de nuevo y bese sus labios, le miré con cariño y le dije que debíamos irnos, el se negaba, pero insistí lo suficiente para que entendiera que no podía ocurrir lo que seguramente ocurriría si seguíamos allí.

Nos sentamos y me ayudo a ponerme el sostén y abrocharme la camisa, acto seguido nos abrazamos y nos tumbamos de nuevo a contemplar las estrellas, para tratar de calmar el deseo que a ambos nos consumía por dentro.

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Tres no son multitud

Los que me leéis, ya sabéis que me gusta salir con las amigas de fiesta, una cena, un paseo y la discoteca.

Allí suelen ocurrir cosas muy curiosas, no siempre es así, pero yo debo ser una chica con suerte. Aquel día yo y una amiga estábamos muy aburridas y decidimos salir esa noche a tomar algo.

Fuimos a una discoteca nueva, ya que la de siempre empezaba a ser muy monótona. El ambiente que encontramos era muy diferente al que estábamos acostumbradas, pero nos gustó desde el primer momento.

La música moderna, mucha gente pero sin ser agobiante, la sala bien repartida, había sillones para descansar y que las parejas tuvieran sus momentos de intimidad, mesas a un lado para no estar de pie en la barra, el local era bastante grande y amplio.

Comenzamos a bailar muy animadas, junto a un grupo de chicos, a cual más atractivo, el local estaba lleno de lo que se conoce como gente guapa, y a pesar de eso nos sentíamos muy a gusto allí.

Uno de los chicos se acercó a mí y me tomó por la cintura para bailar conmigo, yo miré a mi compañera, la cual me guiñó un ojo, en señal de que disfrutara del momento.

Rodeé su cuello con mis brazos y moví mi cadera al ritmo de la música, el me sonreía sin parar, mientras me sujetaba firmemente por la cintura. El chico sabía moverse muy bien. Como pudimos entablamos una conversación, el se llamaba Alejandro y era un joven empresario, estuvimos hablando de nuestros gustos y de todo un poco.

La conversación se volvió tensa, al menos para mí, cuando me mencionó a su prometida, ya no era simplemente su novia, si no que en menos de dos años se casaban.

En ese momento, me sentí tan incomoda que quise soltarme y volver con mi compañera, pero el no me lo permitió. Le pedí, por favor, que me soltara, pero se negó en rotundo.

Entonces apareció una chica alta, rubia de pelo largo y rizado, era preciosa, tenía un cuerpo de escándalo, posó una de sus manos, sobre el hombro del chico y le besó con cariño en la mejilla, supuse que era su novia, pero me extrañó que no montará un espectáculo al verle bailando con una desconocida.

Ambos me invitaron a subir a la parte de arriba, donde los sofás, yo me quede un poco extrañada, pero accedí.
Una vez allí nos sentamos y pudimos hablar tranquilamente, la música no era tan fuerte y podíamos oírnos bien al hablar.

Ella se llamaba Amanda, y efectivamente era su prometida, la chica no dejaba de mirarme los pechos y yo cada vez estaba más confusa.
De pronto él le comentó algo al oído y ella afirmó sonriendo con la cabeza, ambos me miraron pícaramente y yo sentí algo de miedo, tanto misterio me ponía nerviosa.

Ellos sin previo aviso comenzaron a besarse y a acariciarse delante de mí, yo decidí dejarlos a solas, pero ella me miró y me dijo, que aquello era una fiesta para tres. Entonces lo entendí todo, querían hacer un trío, y la verdad ambos despertaban en mi un deseo irrefrenable, pero no sabía cómo entrar en el juego.

Entonces ella se sentó entre nosotros y sin mediar la palabra deslizo su mano sobre mis muslos desnudos, su pulso firme y su actitud atrevida me hacían temblar de deseo.

Mientras el chico le desabrochaba la camiseta y dejaba al aire sus desnudos senos, no pude evitar fijarme, en que en uno de sus pezones, portaba un pendiente, al que Alejandro le prestaba mucha atención. Su lengua jugaba con él, y ella llegó hasta mi pubis, me hizo abrir las piernas y con sus dedos dibujó círculos sobre él.

Yo me incliné y la besé en los labios, nuestras lenguas jugaron como si de un pulso se tratara, sus dedos se introdujeron por debajo del tanga y fueron directos hacia mi vagina.

Me parecía que todo iba muy deprisa, yo soy amante de la sensualidad y el erotismo, pero esta pareja prefería el sexo fuerte. El chico pronto se puso de rodillas y le quitó las bragas a ella, para hundir su lengua en su entrepierna.

Yo estaba muy excitada pero no me sentía realmente cómoda, por como estaban sucediendo las cosas, todo iba muy deprisa, tras esto, él se levantó, se desabrochó los pantalones y sacó su miembro erecto, invitándonos a lamerlo.

Yo ya no quería seguir, todo era muy frío, ni siquiera podía creer que eran pareja, ella me soltó y comenzó a lamer el miembro de Alex, en ese momento en que los dos se sumergieron en una marea de éxtasis y placer, yo me levanté y salí apresuradamente de allí.

Cuando encontré a mi compañera, esta me notó algo nerviosa, pero no quise contarle lo sucedido para no estropearle la noche.

Por suerte para mí, no ocurrió nada más, no volví a verlos en todo el tiempo que estuvimos allí, y pude disfrutar de una agradable noche de baile y risas con mi compañera.

La verdad que la experiencia fue excitante, pero tengo mis limites y si algo no me gusta, pues mejor me retiro.

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6 jul 2008

Obsesionadas por sus cuerpos

Todas, unas más, otras menos, nos encontramos algún defectillo corporal que nos gustaría mejorar. Eso está muy bien, siempre y cuando el "defectillo" no se convierta en una obsesión que veas y sufras cada vez que te miras en el espejo. Así comenzaron algunas de nuestras famosas, y ahora no saben parar...

* Madonna. ¿Os habéis fijado en la increíble forma física que luce a su edad?. La cantante consigue sus brazos de acero y su tipo de infarto gracias a sus cinco horas diarias de ejercicio y a su dieta estricta. Está claro que el esfuerzo vale la pena.

* Sarah Jessica Parker. La prota de Sexo en Nueva York está mucho mejor ahora que hace diez años. ¿El secreto? Muchas clases de yoga, dieta de proteínas, y ¡¡atención!!, subir y bajar escaleras continuamente. Chicas, desde hoy mismo olvidaos del ascensor.

* Hillary Swank. Desde que dió vida a la boxeadora Maggie Fitzgerald, la oscarizada actriz ha hecho de este deporte su modo de vida. Lo practica a diario, y reconoce que no puede vivir sin él. Como recompensa, Hillary luce orgullosa unos brazos musculosos y torneados que para sí quisiera más de una quinceañera... Con razón todos los modelitos que luce llevan escote palabra de honor.


* Pamela Anderson. A sus 40 primaveras sigue cautivando a los hombres de medio mundo con sus curvas de infarto. La vigilante de la playa más famosa tiene todo en su sitio, y lo consigue a base de cadio-striptease, una modalidad deportiva que combina el cardio con el baile...

* Reneé Zelwegger. Otra de las más musculadas celebrities. Tanto subir y bajar de peso le habría pasado factura a cualquiera, pero no a ella. El yoga y la natación siete días a la semana han sido sus armas para no caer en las garras de las estrías y la temida flacidez. Sus hombros, grandes y cuadrados, son la envidia de cualquier modelo que se precie.

¿ Con cuál os quedáis de todas ellas?


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14 jun 2008

En el despacho del Jefe...

No soy asidua de leer lo que yo catalogo como prensa rosa, pero una compañera me prestó hace tiempo el libro de la tan conocida Mónica Lewinsky.

En el cuál relata, el escándalo que produjeron hace años, sus encuentros sexuales con el ex presidente Bill Clinton.
Inmersa en la lectura, tengo que decir que lo único que me atrajo fue el morbo que desprenden sus líneas, me pregunté cómo se debió sentir al ser consciente de que el hombre con el que compartía la cama, era el presidente de un enorme país.

Me imaginé en su lugar, en cada uno de sus encuentros íntimos con Clinton, disfrutando de una relación sumamente secreta, cuidando cada detalle, para no ser descubiertos.
Pensé en como debió ser la tan famosa felación en el despacho oval, como llegaron a esa situación, y el enorme deseo que sentían mutuamente, para no importarles la posibilidad de ser descubiertos en una posición tan incómoda.

En como ella le protegió ante los medios y el país, y con qué cariño hablaba de él en las grabaciones que le hizo su compañera del pentágono a escondidas.
Debió ser excitante, parece que valió la pena arriesgarse.

Me sobresalté cuando escuché a mi jefe llamarme a la oficina, me levanté, arregle mi blusa, emparejé mi pelo y me dirigí hacia su despacho.
Me senté en una silla y esperé instrucciones. Me pidió que redactara una circular.
Mientras tomaba apuntes me di cuenta que la pequeña papelera que había a un lado de su escritorio, se había tumbado y los papeles se esparcían por el suelo.

Sin pensarlo mucho, me arrodille y me puse a recogerlos, no me di cuenta de que mi blusa era demasiado holgada, hasta que levante la vista y vi a mi jefe mirándome los pechos, desde su posición, tenía una amplia vista de todo mi pecho.
Me ruboricé al instante y más cuando el no dejó de mirarme.

Desde mi posición pude observar como de su pantalón sobresalía un sugerente bulto, y comprendí que se había excitado mucho sólo con verme el escote.
En ese momento recordé el libro que había estado leyendo sobre el caso Lewinsky y me hizo gracia pensar en la similitud de ambas situaciones.
Pero lo que me sorprendió de mi misma es que yo también me estaba excitando.

Mi jefe era un hombre bien parecido, de mediana edad, rondaba los 40, pelo algo canoso que le daba un aspecto más atractivo, alto, constitución media y cara de buena persona.
Era un hombre que aún podía despertar el deseo en las mujeres y en mi lo estaba haciendo.

Nunca antes me había planteado ni por asomo, tener una aventura con mi jefe, no porque este no me atrajera, si no porque en ningún momento pensé que yo le podría gustar.
Pero viendo su reacción instintiva, me equivocaba. Y eso me atrajo más a él.

Me acerqué gateando y sin dejar de mirarle hasta su silla, y me arrodillé ante él. Se inclinó hacia mí y olió mi cabello, profundamente.
Un escalofrío delicioso recorrió mi espalda, apartó el pelo que cubría mi cuello, y me besó, muy lentamente.
Me desabroché un par de botones más de mi blusa, y el introdujo su mano, acariciando mis pechos, con firmeza.

Besé su mano, me mostré totalmente sumisa ante sus caricias. Mientras seguía acariciándome y besándome el cuello, con la otra mano, desabrocho su pantalón.
Me miró y no necesitó mediar palabra. Terminé de bajar la cremallera y con cuidado saque su pene a través de la abertura.
Para ser un hombre de mediana edad, esa parte de su cuerpo se conservaba bastante bien.

Comencé a besarlo, despacio, con deseo y con la punta de mi lengua, recorrí su tronco hasta la punta, donde me lo introduje en la boca y apreté mis labios con suavidad.
El dejó escapar un tímido gemido, que hizo crecer más mi deseo.

Jugué con mi lengua, aún con su pene dentro de mi boca, cosa que le gustaba pues sus gemidos dejaron de ser tan tímidos, y con la mano me acariciaba el pelo.
Continué lamiéndolo con cuidado pero sin pausa, a la vez que lo estimulaba acariciándolo con las manos.

La dureza de su miembro viril, creaba en mí el deseo de sentirlo en mi interior, notar cómo me penetra, y escucharlo jadear de placer.
Pero era demasiado arriesgado, incluso en la situación que estábamos cualquiera podía descubrirnos.
Me sentía como la autentica Mónica Lewinsky y muy lejos de avergonzarme de mi misma, quería más.

Me instó a mirarle y me besó en los labios, su lengua se entrelazó con la mía, bajó hasta mi cuello lamiéndome, el calor que desprendía, erizaba mi pelo de placer.
Pero yo quería seguir lamiendo su pene, y volví a meterlo en mi boca, para mí era como una piruleta, la cual devorar con ansia, como cuando era pequeña.

Entonces noté los espasmos de su pene, propios de un inminente orgasmo y eyaculación. Me apartó con delicadeza, para evitar mancharme.
Cuando terminó me hizo levantarme y acercarme a él, desabrochó mi blusa por completo y dejando al aire mis pezones erectos, los besó y lamió. Yo quería seguir, pero era la hora de salir y tuvimos que dejarlo.

Recompuse mi ropa y recogí todos los papeles del suelo. No me arrepentía de lo que había hecho, ambos lo deseamos y ninguno se sintió obligado.
Supuse que es lo mismo que sintió Mónica en cada uno de sus encuentros con Clinton.
Nos despedimos y antes de irme me dijo que había sido alucinante, salí de su despacho con una amplia sonrisa de complicidad.




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Masaje relajante japones.VideoClip

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