Como ya os conté, me han pasado muchas cosas durante las vacaciones en el crucero. Me acompañaban dos amigas mías, María y Montse.
Amigas de la infancia y muy divertidas.
Pasamos muchas divertidas en el crucero, normalmente teníamos una rutina a seguir, por la mañana nos duchábamos y nos íbamos al Spa, jacuzzi, masajes y después la piscina.
Luego desayunábamos, después a la sala de juegos, donde echábamos un ping pong o cualquier otro juego ligero. Así hasta medio día, comíamos y nos íbamos a la piscina toda la tarde, por la noche tocaba cena y baile. Esa era nuestra rutina excepto los días que salíamos a visitar los diferentes lugares de la ruta del viaje.
En una ocasión mientras visitábamos el coliseo de roma, empecé a sentirme mal, algo mareada, y me llevaron de nuevo al crucero, tenía una pequeña insolación. Montse se quedó conmigo, mientras que María se quedó con el grupo en Roma.
Me tumbé en la cama y me quedé dormida, me sentía agotada por la insolación. No sé cuánto tiempo pasó pero me desperté sin más de un pequeño sobresalto. Sentía un suave tacto sobre mis piernas.
Abrí los ojos y me sorprendió al ver que Montse, desnuda, estaba acariciándome las piernas. Ella se percató de que me había despertado y cuando quise preguntarle, selló mi voz con sus labios. Me besó tiernamente, yo aún no salía de mi asombro, nunca había sospechado que Montse se sintiera atraída por mí.
Es una chica realmente atractiva, de cabellos rizados y dorados, ojos color negro y una tez morena muy sensual. Era la primera vez que la veía desnuda y su cuerpo era perfecto. De grandes pechos bien formados y tersos, su cuerpo poseía unas curvas de vértigo y unas piernas largas y delgadas.
Nuestros ojos se miraban fijamente, pero mis labios no podían emitir palabra alguna, sentía un extraño placer con cada centímetro que sus dedos recorrían sobre mi piel. Me sonrió y se posó sobre mí con delicadeza, comenzó a besar mi cuello, despacio, con ternura, avanzando lentamente hacía mis senos,donde se detuvo a contemplarlos durante unos segundos, a continuación con una de sus manos, los acarició como si de oro se tratara.
Había una extraña fascinación en su mirada, lo cual me excitaba cada vez más. Su tímida lengua, por fin se posó sobre mis senos, yo gemí de placer tan sólo con el contacto de esta sobre mis pezones. Se endurecieron, ella me sonrió de nuevo, y se metió uno en la boca, jugó con el cómo si de un caramelo se tratará, yo le acariciaba los hombros, deseaba besarlos, sentir el sabor de su piel, pero ella tenía el mando de la situación.
De repente se inclinó, y me susurró al oído que había tenido una idea, con su ropa interior, me ató las manos a la cabecera de la cama, dejándome así a su completa merced, aquello me excitó más aún.
Con su lengua recorrió mis senos y se dirigió hacía mi ombligo, donde se detuvo unos minutos para quitarme el tanga dejando mi sexo al descubierto, fue entonces cuando mis mejillas se sonrojaron, por la vergüenza, eso pareció gustarle, pues dejó mi pubis y volvió para besarme en los labios.
Yo le pedí que desistiera, pues no sabía cuando volvería María de la excursión, pero ella hizo oídos sordos a mi comentario. Sacó un consolador de su mesita de noche, lo encendió y comenzó a pasármelo desde los senos hasta mi cintura, el suave cosquilleo de aquel aparato me producía un placer delicioso, mi sexo ya humedecido se preparaba para recibirlo.
Ella posó sus labios sobre mi pubis, besándolo una y otra vez con suavidad y cariño, con mucho cuidado como si temiera que se fuera a romper. Su atrevida lengua pronto se adentró en él, lamiendo mi clítoris y todo mi sexo, ella me miraba de vez en cuando, sonriéndome y yo gemía de placer.
Empezaba a desear que usara aquel juguete conmigo, estaba muy excitada. Pero ella aún no tenía pensamiento de hacerlo, con uno de sus dedos, estimuló nuevamente mi clítoris, y acto seguido lo introdujo dentro de mí.
Mordí mis labios ahogando un grito de placer y mi cuerpo tembló durante un segundo. Ella dejó escapar una pícara risa que hizo que mi piel se erizara. Cogió de nuevo aquel juguete y empezó a pasarlo por mi clítoris, mientras que su dedo seguía en mi interior.
Yo ya no podía más, deseaba besarla, lamer sus senos y su sexo, quería hacerla mía como fuera, pero no podía, aún seguía atada a la cama.
En ese momento, su dedo abandonó mi cuerpo para dar paso al juguete.
Empecé a gemir de placer, trataba de no hacerlo, pero no podía evitarlo, ella se inclinó sobre mí y me besó repetidas veces, mordió mi barbilla y lamió mi cuello, mientras que con la mano mantenía el juguete dentro de mi sexo.
Creí morirme de placer, mi cadera se contoneaba de un lado a otro, dejándome llevar por la situación, su lengua siguió en mis senos, mordiendo mis pezones.
Cuando estaba cerca del clímax, la puerta del camarote se habría de repente, era María que se había regresado para ver como me encontraba. La pobre no salía de su asombro, Montse ni se inmutó, simplemente me soltó con cuidado, se levantó y se fue a la ducha.
Yo hice lo propio, me levanté y tapé mi cuerpo desnudo y sudoroso, María quiso preguntarme, pero entendió que todo estaba muy claro, por suerte para todas, no fue algo que le resultara desagradable, simplemente no volvimos a mencionar el tema, y el resto de día continuaron como siempre.
Fue una experiencia que tardaré en olvidar, pues el resto del tiempo que pasamos allí, estaba cargado de miradas llenas de complicidad, que hicieron el viaje más ameno y divertido.
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16 sept 2008
En el crucero
6 sept 2008
Deliciosas vacaciones
Siento no haber escrito este tiempo, pero como ya os imaginaréis he estado de vacaciones. Claro esta tengo que dar gracias por tener una vida llena de situaciones tan deliciosas como la que os voy a contar.
Junto a un par de amigas, decidimos irnos de crucero este verano, una ruta por el mediterráneo, Roma, Grecia, Cerdeña, etc, etc. Pudimos ver las ruinas griegas, el coliseo romano y la torre inclinada, además estuvimos en Mónaco y en el vaticano. Lugares preciosos con una rica arquitectura. Hicimos miles de fotos que pronto colgaré en el blog.
Pero estos maravillosos paisajes no fue lo único increíble del viaje, lo mejor ocurrió en el barco.
Normalmente, las estancias en el barco las pasábamos entre la piscina, el jacuzzi y el buffet, pero aquel día me fui yo sola a la biblioteca, si tienen una, y escoger un par de libros para leer en el camarote. Mientras buscaba absorta fijándome en los títulos de los libros, no me di cuenta de que mi mano se cruzó con la de un desconocido. Nos miramos con sorpresa, era un chico joven algo menor que yo, pelo castaño y largo el cual le daba ese aspecto tan juvenil, con unos ojos verdes preciosos, como el mar al atardecer.
Me regaló una tímida sonrisa y yo le respondí de igual manera, al parecer nos habíamos fijado en el mismo libro, el siendo muy caballeroso me cedió el libro, pero a cambio me pidió una cita. Por un momento no quise aceptar, pero pensé que estábamos en un crucero, lleno de gente, que podía pasar...
Me cito a media noche, en la cubierta, en la piscina. Me moría de ganas de contárselo a las chicas, pero era mejor guardarlo en secreto hasta pasada la velada.
Me puse mi mejor traje de baño, un precioso bikini de color plateado que unía las dos piezas con una cadena sobre mí estómago, me tape la cintura con un pareo ya que hacia algo de fresco en alta mar.
Mientras las chicas se duchaban y preparaban para irse a la sala de fiesta, yo salí a escondidas del camarote y me fui hacia la piscina, aún no eran las 12 así que me senté en el borde de la piscina a esperar.
Mis pies tocaban la fresca agua y mi cuerpo empezó a temblar de frío, entonces sentí como una cálida y fina manta se posaba sobre mis hombros. Era el chico de la biblioteca que me abrigaba con ella.
Se sentó a mi lado y comenzamos a charlar, me contó que todos los años hacia un crucero el sólo, me pregunté por qué solo, siempre es mejor viajar en compañía, pero no me quiso contestar, siguió explicándome la cantidad de sitios que había visitado.
Mientras el me describía lo bello que es Florencia, la magia de Egipto y mil lugares más, yo miraba las estrellas. Era precioso, a pesar de las luces de cubierta el cielo se podía contemplar de maravilla el cielo estrellado.
De repente el dejo de hablar, yo le miré y con una sonrisa me invitó a meternos en la piscina. Aunque hacia algo de frío, me apetecía realmente darme un baño.
Él se metió primero y extendió su mano para ayudarme a entrar. El agua estaba realmente fría pero la compañía empezaba a resultar realmente agrádale.
Apoye mi espalda en el borde de la piscina y extendí mis piernas, el suavemente las sujeto para ayudarme a flotar. Sus ojos recorrieron mi cuerpo con lentitud y eso hizo ponerme la piel de gallina. Su mirada era profunda e intrigante y me excitaba la idea de que le gustara mi cuerpo.
Todo era muy excitante, solos en aquella enorme piscina con el manto estrellado de la noche cubriéndonos, la musica de la sala de fiesta llegaba suave a nuestros oídos, parecía la noche perfecta.
Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas, con mucha suavidad, se detuvo en mis rodillas, las separó lentamente y se metió en medio. Se acercó a mí y me hizo rodearle la cintura con ellas. Me miró fijamente y me regalo un delicioso abrazo.
Su cuerpo era cálido en comparación con el agua de la piscina que seguía muy fría. Sus fuertes brazos me rodeaban con una increíble suavidad, nuestros ojos se cruzaron, los suyos brillaban con el reflejo de la luna y no puede esperar más, mis labios se acercaron a los suyos, fundiéndose ambos en un largo beso.
Apreté su cintura contra mí, con mis piernas, y pude notar como su sexo erecto empujaba mi pubis, aquello me excitó más aún y nuestras lenguas comenzaron un masaje privado lleno de calidez y una humedecida pasión.
Sus manos apretaron mis muslos con firmeza, y sus labios besaron mi pecho, yo me aferraba a sus hombros mientras disfrutaba cuando su lengua se adentró en mis senos. Con una de sus manos me desato la parte de arriba del bikini dejando libres mis pechos.
Soltó mis muslos y agarró mis pechos con firmeza, su lengua resbaló sobre la piel humedecida por el agua y se detuvo en mis pezones, los mordió con cuidado, yo acariciaba su pelo rizado y mojado y arqueaba mi espalda de placer.
Se arrodilló quedando su cara frente a mi pubis, estábamos en las escaleras de la piscina. Con las manos acarició mi cintura y sus dedos jugaban con la tela del tanga del bikini, hundió su cabeza en el agua y me lo quitó con cuidado, beso tímidamente mi pubis desnudo bajo el agua.
Me preparaba para tener una de las mejores experiencias sexuales del verano, cuando unas voces familiares me llamaron la atención. Eran las chicas que me buscaban. Con prisas y las mejillas sonrojadas de la vergüenza, me puse de nuevo el bikini y disimulamos todo lo posible.
Las chicas llegaron entre risas hasta la piscina, y me riñeron por no haberlas avisado. Total que las chicas se metieron en la piscina con nosotros y no pudimos hacer nada más. Pasamos el resto de la velada entre juegos y risas.
Cuando llegó la hora de despedirnos, volví a quedar con aquel chico, pero esto os lo contaré en otra ocasión.
