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20 sept 2008
Webcam de Carla
4 sept 2008
Primeras experiencias sexuales
Era una nueva etapa en mi vida, empezaba el instituto, nuevos amigos, nuevo ambiente, nuevos profesores todo un desafío para una chica de 14 años.
Estaba muy ilusionada con todas las novedades que iban a acontecer en mi vida.
Los profesores parecían muy amables y respetuosos, los compañeros eran muy divertidos y todo era perfecto.
A las dos semanas de haber empezado las clases, nuestra profesora de gimnasia se puso enferma y llamaron a un sustituto.
Todos esperábamos en el gimnasio, cuando el apareció. Era un chico joven de unos 28 años, su pelo era negro como el azabache, tez morena, ojos color miel, cuerpo atlético y una cara de ángel...
Me quedé impactada, no sabía que me estaba pasando, pero mi cuerpo desprendía un calor, era como si de repente tuviera fiebre, pero no estaba enferma.
Su voz era cálida y muy agradable. Desde ese día no podía dejar de pensar en el, soñaba con él, deseaba que llegaran sus clases para poder verle.
Hablaba constantemente de él en mi diario, me imaginaba paseando a su lado, cogidos de la mano, imaginé mi primer beso disfrutando de sus labios.
Y un día no pude aguantar más, esperé al final de la clase a que todos se hubieran marchado para quedarme a solas con él.
Entramos en su despacho y me ofreció asiento.
No sabía cómo decirle que estaba loca por él, que mis sueños eran suyos.
Pero me armé de valor y se lo dije, el me miró con cara de asombro y me pidió que me callará, me dijo que no podía ser, que yo solo era una niña con demasiada imaginación.
Salí destrozada de allí, lloré días y días, porque no podía entender que lo que sentía era de verdad?
Porque él no podía quererme como yo le quería?
Hasta que un día en clase de gimnasia me pidió que me quedará para hablar con él. Volvimos a su despacho donde días antes me había roto el corazón.
Para mi sorpresa comenzó a decirme que sentía mucho lo que me había dicho días antes, pero que él debía tener cuidado con estas cosas, pues su carrera estaba en juego.
Me dijo que también estaba enamorado de mí, que se había fijado en mí desde el primer día.
No podía creerlo, mis sueños se estaban cumpliendo.
Se acercó a mi e intentó besarme, a mi me entró miedo, pero me explico que cuando dos personas se quieren hacen esas cosas.
Así que le seguí el juego, quería demostrarle cuanto le quería.
Durante una semana entera seguía visitándole a escondidas de todos en su despacho.
El me tumbaba en su mesa, y mientras me besaba y acariciaba mis pechos, me decía que todo era normal, que esto es lo que hacían las parejas.
Yo me sentía privilegiada, el me veía como una mujer adulta.
Un día me propuso quedar fuera del colegio, me recogió con su coche y fuimos hasta las afueras.
Tenía una sorpresa para mí, me había comprado un regalo.
Lo abrí y era un precioso reloj, era increíble todo lo que me estaba pasando y yo me sentía la más feliz del mundo.
Me dijo que sabía la forma en que le podía agradecer ese regalo, me pidió que me quitara las braguitas y aunque estaba nerviosa, lo hice, quería que el fuese feliz conmigo.
Comenzó a tocarme, suave al principio, sus dedos estaban fríos pero enseguida se calentaron.
Yo me sentía algo perdida, no sabía por qué esto le gustaba tanto, pero si así le hacía feliz...
Mientras seguía tocando mi entrepierna, se desabrochó el pantalón y sacó su pene, era muy grande comenzó a tocárselo con la otra mano, entonces me miró y me dijo que lo hiciera yo.
Me insistió en que si de verdad le quería tenía que hacerlo.
Lo cogí suavemente con la mano y empecé a acariciarlo como él me había pedido.
Debía gustarle mucho, porque no dejaba de besarme y susurrarme que siguiera, que no parará.
Me levantó la camisa y lamió mis pechos con ansía, sentí un dolor de repente, en mi vagina, el estaba introduciendo uno de sus dedos dentro de mí, le pedí que parara.
No lo hizo, me dijo que pronto se pasaría que solo ocurría la primera vez, que él me quería y así me lo demostraba.
Todo acabó cuando él se corrió encima de mí, me besó dulcemente y tras vestirnos me llevó a casa.
Una vez allí mis abuelos me interrogaron, de donde había salido aquel reloj, tenía que inventarme una buena excusa, lo nuestro era un secreto.
Esa misma noche, cuando todos dormían, comencé a tocarme tal y como lo hacia él, quería adquirir experiencia para él, no podía defraudarle o dejar que perdiera su interés por mí.
Me masturbé introduciendo mis dedos dentro, dolía y era algo incomodo, pero tenía razón el dolor dio paso a una sensación realmente agradable.
Estaba descubriendo mi sexualidad, y lo que era más fascinante, la estaba descubriendo a su lado.
Nuestras citas a escondidas eran cada vez más seguidas, me llenaba de regalos y yo a cambio dejaba que me demostrara su amor, en el asiento trasero de su coche.
Un día quiso ir a más, cuando sacó su pene, en vez de pedirme que lo acariciará como de costumbre, me pidió que me lo metiera en la boca.
Yo no quería hacerle daño y a la vez se me hacia algo un poco repugnante, pero volvió a explicarme que era algo normal entre las parejas, que todos lo hacían y que si yo no se lo hacía era porque no le quería tanto como le hacía creer.
No lo pensé más y me puse a lamerlo, con mucho cuidado y siguiendo sus indicaciones, me gustaba ver su cara de placer, y repetía sin parar que me quería, eso me motivaba más a seguir obedeciendo a sus peticiones.
Pero no todo podía ser de color de rosa, en mi habitación se amontonaban sus regalos y mis abuelos comenzaron a indagar, un día nos siguieron y cuando me disponía a volver a practicarle sexo oral, apareció mi abuela histérica, gritando y golpeando el coche, detrás de ella llegó mi abuelo con un palo, el cual descargo sobré el capó abollándolo.
Yo no entendía que pasaba, me puse a llorar desorientada, el gritaba que se apartaran del coche.
Me sacó a empujones y se marchó, mi abuela lloraba, mientras me abrazaba y mi pobre abuelo no cabía en sí de rabia.
Una vez en casa trataron de hacerme entender, pero yo no quería ver la verdad, para mi ellos se estaban entrometiendo en mi historia de amor.
La cosa no pudo acabar peor, le denunciaron. El abogado no me dejo declarar pues decía que yo no era consciente de lo que estaba pasando.
No supe más de él, no me dijeron que ocurrió. Sólo sabía que me habían arrebatado lo que más quería.
A día de hoy agradezco a mis abuelos que velaran por mí, que me sacarán de todo aquello, soy consciente de que era una niña y me deje llevar por una fantasía, que él nunca me quiso y que se aprovechó de mi inocencia.
Sólo guardo un recuerdo agradable de todo aquello, y es como me sentía con el primer amor, independientemente de quien fuera el.
25 ago 2008
CHICAS MESSENGER
27 jul 2008
Amor en la oscuridad
Una vez al mes, voy al campo de mis abuelos, para ayudarlos, tienen un terreno, con cultivos y unos pocos animales, cabritas y cerditos. Y como ya son mayores pues una ayuda de vez en cuando no les viene mal.
Además, aprovecho para ver al hijo de los vecinos, un chico de mí edad, alto y moreno, con unos profundos ojos negros y su tez tostada por el sol, tiene una sonrisa casi angelical, que te invita a soñar.
La granja de mis abuelos es un lugar precioso, todo rodeado de verde, incluso tienen una parcela de trigo donde de pequeña me gustaba jugar y donde acababa durmiéndome agotada, recuerdo las veces que mi abuelo me recogía en brazos y me llevaba a la cama, cuando despertaba en mí pelo aún quedaban espigas del trigo enredadas, que bellos recuerdos.
Pero aquel día todo iba a ser muy diferente de lo que yo había esperado, pero muy similar a lo que había imaginado, os explicaré por qué.
Como de costumbre cuando llegué mi abuela me esperaba para cenar, y me había preparado sus deliciosas galletas echas al horno, para el postre. Pero la sorpresa fue, que aquella noche teníamos un invitado más en la mesa. Era el hijo de los vecinos, por lo visto había estado todo el día ayudando a mí abuelo con los animales y en agradecimiento mi abuela lo invitó a cenar.
Comimos un guiso de carne y patatas, delicioso, mi abuela es una gran cocinera. Durante la cena todo fue muy bien, mis abuelos y el vecino me comentaban lo bien que había crecido el trigo estos meses, y que los animales estaban muy bien. Mi vecino me invito a ir al trigal después de la cena, a lo que acepté encantada.
Todo transcurrió sin contratiempos, y antes de irnos al trigal, mi abuela nos dio una cestita, con refrescos y las galletas aun calentitas. Salimos de la casa y nos encaminamos hacia el campo, una ligera brisa nos refrescaba. Él iba con una toalla en la mano, para no mancharnos la ropa con la hierba.
Llegamos y nos sentamos en medio del trigal. Cobijados por la profunda oscuridad que nos proporcionaba la noche sin luna, y maravillados por la cantidad de estrellas que se vislumbraban en el cielo, nos tumbamos sobre la toalla y comenzamos a recordar cuando éramos niños y jugábamos en aquel mismo campo.
Las carreras, cuando llevábamos a las cabras más pequeñas y corríamos tras de ellas para asustarlas, las miles de trastadas que hicimos siendo niños, mientras yo hablaba de aquella vez que me caí y me partí un diente y el me abrazaba para que no llorara, me di cuenta de que sus brillantes ojos se habían clavado en mí, y sus labios habían dejado de emitir sonido alguno.
Le miré sorprendida por el silencio que se había creado sin aviso y entonces él se acercó a mí lentamente, cuando cerró sus ojos, supe que me iba a besar y no hice nada por evitarlo. Sus labios tiernos y dulces, aún sabían a las galletas de mí abuela, le besé con intensidad y disfrute cada segundo que nuestros labios estuvieron unidos.
Su cuerpo fuerte y musculoso despertaba en mí el deseo de acariciar su torso y así lo hice, mis manos ansiosas se deslizaron por debajo de su camiseta, y con una inusual timidez dibuje el contorno de sus abdominales marcados, mientras mi lengua jugaba con la suya.
Él era un chico de pueblo y bastante tímido a pesar de que fue el quien comenzó el beso, sus manos rodeaban mi cintura, pero no se atrevía a ir más allá, le dije con sensualidad que me acariciara y muy despacio, liberó mi cintura para desabrocharme la camisa.
Sus manos temblaban y mis mejillas se sonrojaban cada vez más, me encantaba que lo hiciera con esa delicadeza, no había brusquedad en sus movimientos, todo era tan romántico, la noche cerrada, las estrellas, aquel trigal, los dos solos en aquella inmensidad. Nadie sabía lo que allí estaba ocurriendo.
Le ayude a desabotonar mi camisa, mientras aún besaba sus dulces labios, cuando mis senos quedaron al descubierto, él se quedó sin saber que hacer, yo comencé a reír y mis manos guiaron a las suyas hasta ellos. Dibujó con sus dedos los suaves encajes que formaban mi sostén, y besó mi cuello con cariño y dedicación.
La situación era tan excitante que mi deseo por él crecía por momentos, le empuje con cuidado hasta que se puso boca arriba y me senté sobre su cintura, inclinándome hasta que mis senos casi rozaban sus labios, invitándolo a besarlo y así lo hizo.
Podía notar en mí pubis, que su pene erecto luchaba por salir del pantalón, pero no quería romper su inocencia de esa forma, así que me limite a mover mi cintura suavemente sobre él. Sus manos rápidamente se acomodaron en mis nalgas, ayudándome con el contoneo que tanto le estaba excitando.
Yo misma me desabroche el sostén, y deje caer mis tersos senos sobre sus labios, él los recibió con ansia y los besó y lamió como si ya fuera todo un experto.
Yo gemía de placer cada vez que su tibia lengua tocaba mi piel. Si hubiera podido le habría hecho el amor allí mismo, pero cuando más excitada estaba, recordé que pronto mi abuelo vendría a buscarnos, y no sólo eso, no quería ser el primer amor de aquel chico de pueblo que no había conocido mujer hasta ese momento.
Me incline de nuevo y bese sus labios, le miré con cariño y le dije que debíamos irnos, el se negaba, pero insistí lo suficiente para que entendiera que no podía ocurrir lo que seguramente ocurriría si seguíamos allí.
Nos sentamos y me ayudo a ponerme el sostén y abrocharme la camisa, acto seguido nos abrazamos y nos tumbamos de nuevo a contemplar las estrellas, para tratar de calmar el deseo que a ambos nos consumía por dentro.
30 jun 2008
Suspenso en educación sexual
La falta de información multiplica los abortos entre adolescentes - Las inmigrantes usan menos anticonceptivos
Una educación sexual prácticamente inexistente, conocimientos de planificación familiar equivocados y un escaso uso de métodos anticonceptivos. Éstas son las causas que explican la disparada tasa de aborto entre las adolescentes que viven en España. Unas 14.000 menores abortaron en 2006, según los datos del Ministerio de Sanidad. Una encuesta entre 350 de ellas revela que la mayoría no sabe cómo evitar un embarazo no deseado. Preocupa especialmente la deficiente información entre las extranjeras, que ya suponen el 33% de los abortos, un porcentaje que triplica su peso en la población femenina.
Las adolescentes y jóvenes que viven en España abortan cada vez más y más temprano. Hoy las intervenciones de mujeres por debajo de 19 años suponen más del 14% del total (101.592 en 2006). El 52% llega a las clínicas sin siquiera conocer bien los métodos anticonceptivos, según una encuesta realizada por la Clínica Dator de Madrid, a la que ha tenido acceso EL PAÍS. Suspenden en salud sexual. Sobre todo las extranjeras.
El 21% de las adolescentes y jóvenes asegura que no utiliza habitualmente ningún método anticonceptivo, según el estudio de Dator. El informe, elaborado a partir de 350 entrevistas a jóvenes menores de 21 años que abortaron en esta clínica madrileña en 2006, muestra además que el 33% utiliza preservativo sólo "a veces". Sexo inseguro es igual a embarazo no deseado. Una ecuación que se suele dar por sabida pero que para muchas jóvenes aún no está interiorizada.
Más de la mitad de ellas tienen según los datos, siempre o con frecuencia, relaciones de riesgo. Y este porcentaje crece aún más cuando se trata de mujeres extranjeras: un 12,5% de las jóvenes españolas asegura no utilizar preservativo nunca, frente al 39% de las extranjeras. ¿Poca educación sexual? ¿Falta de acceso a métodos anticonceptivos? Muchos no comprenden por qué en una época en la que se habla de sexo abiertamente y en la que los anuncios de preservativos son frecuentes algunas personas sigan sin usarlos. "Lo que hay es un gran desconocimiento. Las chicas llegan a las clínicas muy despistadas, pero lo peor es que no son conscientes de ello. Creen que sí tienen toda la información", asegura Gaël Lévédere, coordinadora del informe.
Las palabras de Lévédere se ven reflejadas en las cifras del informe que, según sus autores, se puede extrapolar a las jóvenes de todas las comunidades. Un 83% de las chicas embarazadas piensa que tiene mucha o suficiente información sobre sexualidad y anticoncepción. Sólo un 17% cree no tenerla.
Esas carencias en educación sexual son mayores, si cabe, entre las jóvenes inmigrantes. "No es extraño. Están en un país que no es el suyo. Muchas acaban de llegar y no tienen toda la información. Al desarraigo se añade además ese desconocimiento", sostiene Lévédere. Frente al 52% de las jóvenes españolas que saben cuál es el método anticonceptivo más seguro sólo un 25% de extranjeras lo conocen. Lo mismo ocurre con la píldora postcoital. Un 63% de las españolas asegura no tener información sobre la píldora del día después, un porcentaje que se reduce al 14% entre las españolas.
Esperanza Alonso, psicóloga durante dos décadas en la clínica madrileña -conocida por ser una de las más antiguas de España- apunta un dato aún más alarmante: "Un porcentaje importante de chicas sigue sin utilizar los métodos adecuados para no quedarse embarazada después incluso de haber tenido un aborto. O no lo utiliza bien". El 20% de las jóvenes entrevistadas en el informe habían tenido ya interrupciones voluntarias de embarazo previas. El 26% de las extranjeras y el 16% de las españolas. Ante estos datos, expertos como Alonso reclaman una asignatura específica de educación sexual. Sin embargo esta materia sólo tiene un espacio en la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. Todo ello a pesar de que los datos de Sanidad son similares a los de Dator. Para 1.679 mujeres menores de 20 años el aborto al que se sometieron en 2006 no era el primero.
El estudio de Dator apunta una explicación para ese motivo: de cada cuatro chicas, tres no han ido a consulta de planificación familiar o ginecología en el año antes a su intervención. Para las jóvenes el acceso a planificación familiar no es tan fácil. En algunas comunidades, como Madrid, hay que esperar durante meses para lograr una cita en estos centros. Según la OMS debería existir un centro específico para gente de 10 a 24 años por cada 10.000 jóvenes. España no lo cumple. Para llegar a esa cifra tendría que duplicar su red de planificación familiar.
Para la coordinadora del estudio otro dato a destacar es la falta de confianza de las jóvenes con sus padres. El 59% de las chicas mayores de 18 años -momento en el que dejan de necesitar su autorización- no les informa de que va a someterse a un aborto.
24 jun 2008
Despiden a una profesora por recomendar "Sin tetas no hay paraíso"
Sin tetas no hay paraíso crea polémica allí donde va. El último caso ha sido el de una profesora colombiana, Angélica Peña, que perdió su empleo en el colegio católico donde impartía clases por recomendar el libro en que se basa la serie a sus alumnos como material didáctico.
Hace dos años, Peña decidió proponer esta lectura a los estudiantes, de entre trece y quince años, porque según ella refleja "la realidad de Colombia" al tocar temas que afectan al país como la prostitución o el narcotráfico.
La novela de Gustavo Bolívar, que se ha adaptado con éxito para la televisión en más de 50 países, cuenta la historia de Catalina, una adolescente de 14 años que se siente acomplejada por el tamaño reducido de sus pechos, contrarios al gusto de los nuevos ricos narcotraficantes.
"A los chicos les encantó el libro, decían que era un tema que veían en el colegio porque las niñas sufren porque no tienen tetas y las quieren grandes para que todos los hombres las miren", comentó Peña durante una entrevista.
Un padre no estaba de acuerdo
Sin embargo, la profesora explicó que no inició la lectura del libro "al azar" porque era consciente de que contenía escenas y palabras "muy fuertes".
Por este motivo, previamente consultó a los padres de los estudiantes, que asegura que estuvieron de acuerdo en leer el libro a la vez que sus hijos y en compatibilizarlo con un taller de sexualidad, con el que colaboraron la psicóloga y el profesor de Religión y Ética del centro.
Un argumento que no compartía el padre de una de las alumnas, que denunció el caso ante el Consejo Electoral y la Secretaría de Educación de Palmira y pidió al rector del colegio que investigara la conducta de Peña, "como persona y como docente", al considerar que con este texto "fomentaba la violencia, la prostitución y la drogadicción entre menores de edad".
